Reconstruir. El color del camaleón (2017), de Andrés Lübbert

Juan Aguirre 31 - Julio - 2017 -FIDBA 2017 - Festival Internacional de Cine Documental de Buenos Aires

 


Si hay algo que puede aportarnos Andrés Lübbert con este documental es un vistazo a su propia intimidad. En principio, la película busca reconstruir un momento de la vida del camarógrafo y corresponsal de guerra chileno Jorge Lübbert, quien es el padre del realizador. Aunque en realidad no es la película, sino el propio Andrés el que busca reconstruir ese pasado. Durante los años de la dictadura de Pinochet, Jorge fue reclutado y obligado a participar en un experimento de los servicios secretos chilenos. En el mismo fue sometido a un proceso de deshumanización en el que buscaban adiestrarlo para hacer tareas de inteligencia y convertirlo en un asesino al servicio del régimen.
“Cuando era niño sentía que él no era como otros papás. Sufría insomnio, adicciones, era reportero de guerra. Estuvo filmando los conflictos más graves de los últimos treinta años. Salvador, Nicaragua, Afganistán, Irak, la guerra balcánica, las guerras en África.”
El conflicto más palpable de la narración es la presión de Andrés y la resistencia de Jorge a recordar. Resistencia que es evidenciada por el montaje en varias oportunidades y que nos pone frente al interrogante de si el director de un documental debe lealtad a sus personajes o a su película. Sin aportar dispositivos extravagantes, sin experimentar con las formas y valiéndose de recursos elementales, como entrevistas a cámara, voz en off y recorridas por los lugares en los que estuvo su padre, Lübbert ignora la dicotomía que nos impone esta pregunta para proponer una respuesta diferente: el director debe lealtad a sí mismo, a lo que quiere contar e incluso a lo que quiere averiguar.


El Color del camaleón retrata más la necesidad de un hijo de conocer y entender a su padre, que los tormentos padecidos por ese padre. “No entendía por qué arriesgaba su vida si tenía dos hijos y una mujer. Me di cuenta de que todo tenía que ver con su pasado. Que algo le había pasado, un gran trauma.”
Jorge fue adiestrado para perder su sensibilidad ante la muerte, para ver un cadáver y no sentir nada, para sostener los testículos mutilados de un cuerpo y aguantar el asco, la angustia y la desesperación. Fue seleccionado por el hermano de un vecino que era militar y durante el experimento, demostró tolerancia y “fortaleza mental”. Sus superiores lo habían amenazado con matar a su familia. Jorge aguantó y demostró tolerancia al horror hasta que logró escapar a Alemania, donde los servicios de inteligencia creían que era un agente secreto del gobierno chileno. Después se fue a vivir a Bélgica, se convirtió en camarógrafo y formó su familia.

 Ese trauma, esos padecimientos, esa historia, son parcialmente revelados, pero el verdadero sentido de la película es la experiencia catártica de su director, que concluye los doce años que llevo el proceso de realización con estas palabras:

“Aprendí español, me convertí en cineasta, me volví chileno. Creo que no solo encontré una nueva conexión con mi padre sino también conmigo mismo.”

Juan Aguirre

juanaguirre@caligari.com.ar

 

El color del camaleÓn