De la futilidad de los objetos. El colchón (2016), de María Eugenia Verón

Rosario Iniesta 14 - Mayo - 2016 Textos- 3º FCCH, Festival de Cine de Chascomús.

 

Un colchón, una ruptura, un olvido, una puerta abierta al futuro. Esto nos plantea María Eugenia Verón en su ópera prima. Se trata de una comedia coral, en blanco y negro, que nos acerca una historia con una potente estética, una impecable dirección de actores y un realismo en sus diálogos que nos sumerge en un relato sencillo, donde destaca lo contemplativo y lo cómico.

El colchón es aquello de lo que Piki (Maximiliano Gallo) desea desprenderse porque le recuerda a Fede, su pareja durante dos años, quien lo abandona dejando, entre otras cosas, este objeto tan íntimo a la par que voluminoso, visualmente ineludible, una molestia que recuerda el fracaso de la relación. Piki decide deshacerse del colchón bajándolo a la calle para que alguien se lo lleve. Su amiga Sara (Natalia Pardal) llega con la noticia que le acaban de robar y necesita plata. El resto de amigos caen para festejar el cumpleaños número 30 de Piki y él no quiere saber nada y se los hace saber, pero ellos se quedan y toman decisiones respecto al festejo.

La riqueza y complejidad de estos personajes se va desgranando a medida que avanza el relato.Constanza (Nadia Budini) es la autoproclamada líder del grupo, quien lleva la voz cantante y el supuesto sentido de la justicia frente a los demás, tomando las decisiones que más adecuadas le parecen. Claudia (Daniela Enet) es la rebelde que confía en que va a triunfar con su banda. Los demás no confían demasiado en esto. Sara y Santi (Agustín Betbeder) son los amigos incondicionales de Piki. Santi quizá sea el que mejor lo comprenda y empatice con el dolor de su pérdida. Es quien impulsa con humor a levantar el ánimo del grupo.

En este grupo, cada uno tiene su postura frente al colchón: Claudia lo quiere para tapizar las paredes y ensayar con su banda. Sara, para venderlo y tener algo más de plata. Constanza, para donarlo a una fundación. Mientras tanto, el colchón danza entre la casa de Piki y la calle. La realidad es que no puede desprenderse de él porque eso implica avanzar y no está preparado.

La película recuerda en su estética a Control, de Anton Corbijn y en un punto argumental a la inoxidable Esperando la carroza por algunos rasgos costumbristas, con matices de Un día de suerte, de Sandra Gugliotta.

La hora de la comida es el momento de las confesiones, en la que cada uno opina sobre la situación sentimental de Piki, en el que se produce el punto de ruptura más álgido y pasamos a una instancia en la que los personajes deciden unirse y soltar, dejando entrever una nueva etapa en la vida de Piki.

El relato está repleto de sutiles detalles, guiños y diálogos que hacen que esta comedia sea impecable. El colchón demuestra magistralmente la difícil travesía de hacer comedia con adorables pero complejos personajes que nos van llevando de la mano hacia donde ellos quieren.

Rosario Iniesta

rosarioiniesta@caligari.com.ar

El colchón