Retrato de familia. El clan (2015), de Pablo Trapero

Carla Leonardi 28 - Octubre - 2015 Textos

 

El pasado lunes 3 de Agosto se realizó en el Hoyts Abasto la avant-premiere y la conferencia de prensa de “El Clan” la última película de Pablo Trapero. Su filmografía siempre tuvo como eje situar a sus personajes como efecto del contexto socio-económico que los rodea.


En esta ocasión lleva a la ficción la historia de lo que en la década del 80 se conoció como “El clan Puccio”.  Contextualizada históricamente con el discurso de Galtieri sobre la derrota de la guerra de Malvinas, que marca el fin de la dictadura, y el discurso de asunción del Presidente Ricardo Alfonsín, que inaugura el retorno a la democracia, la película muestra los efectos sintomáticos de una época de transición donde la “mano de obra” desocupada de los grupos de tareas paramilitares, se inicia en el  negocio de secuestros extorsivos. Si esto era posible, se debía a que  se sentían impunes  bajo un Estado que aún los amparaba. 


Arquímedes Puccio era un contador que se identificaba ideológicamente al grupo Tacuara (organización de ultraderecha argentina de corte católico, nacionalista y fascista) y habría tenido participación en la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina). Como manifestó Trapero: “La principal amenaza de Arquímedes es el cambio de época”, por eso la contextualización histórica con esos discursos y la música ominosa (así  vivía Arquímedes el retorno de la democracia) que acompaña a las palabras del discurso del entonces Presidente Ricardo Alfonsín.


La película recorta los años que van desde 1982 hasta 1985, año en que los integrantes de la banda fueron detenidos. En esos años Arquímedes lideraba junto a Guillermo Fernández Laborde, Roberto Oscar Díaz, su hijo Alejandro y su hijo Daniel “Maguila”, una banda de secuestros extorsivos que tenía como mira a empresarios de clase alta a cuyas familias pedía como rescate importantes sumas de dinero. Pero la suerte de los secuestrados, ya estaba jugada de entrada, pues a pesar de cobrar el rescate eran asesinados, porque al pertenecer a su entorno de allegados (principalmente amigos de Alejandro Puccio, quien era un destacado jugador de rugby en el Club CASI y en Los Pumas.) podían identificar a sus captores.


Contó el director que comenzó a pensar en el proyecto mientras filmaba su película “Leonera” (2008) y que como no había material digitalizado, se basó para hacer la película en la investigación a la antigua  que realizó durante varios años entrevistando a las víctimas, a allegados de la familia, a amigos del club de Alejandro y a los jueces y fiscales que intervinieron en la causa y en el expediente judicial.  Si bien el eje de la película es transmitir la intimidad de esa familia particular a partir de la mirada de sus dos protagonistas que son Arquímedes Puccio (Guillermo Francella) y su hijo Alejandro (Peter Lanzani); del lado de la familia Puccio no se puedo extraer ningún testimonio, puesto que se negaron a hablar. Por lo tanto, la historia es una reconstrucción a partir de estos testimonios, llegando hasta donde se pudo llegar. Sobre este punto quiero destacar que un acierto del director es contar la historia de un modo posmoderno, alternando mediante el montaje la temporalidad lineal de los acontecimientos, fragmentación que nos remite al trabajo de investigación, a las piezas que se fueron encontrando y a los huecos de lo desconocido de la historia; sin llegar conformar una totalidad transparente y cerrada.


Contó Trapero que se utilizaron tres locaciones diferentes para recrear la casa de San Isidro donde los Puccio vivían  y mantenían cautivas a sus víctimas; y que tuvo utilizar unos lentes anamórficos para filmar con la estética de los años 80.


La labor de Francella interpretando a Arquímedes Puccio es destacable y convincente, logrando transmitir el cinismo y la frialdad de ese personaje, que podemos situar como una posición perversa. Francella comentó el desafío que significó para él interpretar a un personaje “tan en las antípodas de lo que soy yo”, que no permite punto de identificación posible; y para el cual “tuve que despojarme de los recursos actorales que suelo utilizar”, creándolo desde el vacío, apoyándose en la investigación que le aportó el director y  en los índices que pudo captar en la presencia de Arquímedes en las fotos.  También dejó transcender que su cuenta pendiente en un futuro seria incursionar en la dirección.


Peter Lanzani, en el papel de Alejandro, por ser su primer protagónico en cine, encarna muy bien al conflictuado hijo mayor. Por su parte, dijo que era un “sueño cumplido” y que “fue un gran aprendizaje” haber podido trabajar con dos grandes de la talla de Guillermo Francella y Pablo Trapero.

 

Una aproximación psicoanalítica:

Retomando la idea de pensar al personaje de Arquímedes Puccio como una posición subjetiva perversa,  quiero apoyarme  en dos frases que dijo Pablo Trapero: “Las primeras víctimas de Arquímedes fueron sus hijos” y “La situación no podía haberse sostenido sin la complicidad de la madre (Epifanía)”


Respecto de esta última frase; dado que el padre es siempre incierto, el lugar de padre es otorgado por la madre. Es la madre la que instituye a un hombre en el rol de padre de sus hijos.  En este sentido, es Epifanía quien sostiene a Arquímedes  en tanto padre de sus hijos y en tanto padre al que se le debe lealtad y respeto. Así es que cuando Alejandro  comienza a titubear de participar en el clan porque piensa en casarse, su madre le dice: “Tu padre te necesita, sin vos no tiene en quien confiar.”


Arquímedes es un padre que, sostenido con la complicidad de la madre, más que operar  para sus hijos en tanto agente  de la ley, es decir, en tanto representante de la interdicción del goce todo, induciendo la castración; se presenta como un padre que empuja a sus hijos hacia el goce sin límites, al interpelarlos a ser partícipes de El Clan. Esto se ve en la secuencia en la cual luego de uno de los secuestros, Arquímedes conversa con su hijo Alejandro (que es el mayor de los hermanos), lo felicita por su buena participación y le da como “premio” una parte importante de la plata del rescate.


Es un padre que no habilita una salida exogámica, (que para Alejandro podría ser desarrollar su carrera de jugador de rugby y casarse con su novia) sino que pregona la lealtad a la familia y a la patria; de modo que el que se va es considerado un “traidor”. Salir de la familia, implica el precio de perder el amor del padre, y de un corte total y absoluto del lazo familiar. Es el caso de Guillermo, el hijo menor de la familia que al comenzar a entender lo que sucedía en la casa y no poder soportar más la presión, toma decisión ética de irse de la casa, sin que hasta el día de la fecha se sepa de su paradero.


El perverso apunto a demostrar que el Goce del Otro existe, es decir, que es posible un campo  simbólico de saber consistente, sin falla y que lo simbólico puede asir todo el Goce, esto es, que existe el goce absoluto, cuando es un imposible por estructura en tanto seres parlantes.  Su estrategia para esto es posicionarse en el fantasma como objeto instrumento (lo que Lacan llama plus de goce) al servicio de complementar y sostener el Goce del Otro, a la vez que ubica al partenaire, no como objeto de maltrato o padecimiento (esto es lo explícito en la escena, pero no en el fantasma) sino como sujeto dividido, desgarrado en su posición, cuestionado en su ética, apuntando a su angustia.


De la posición del perverso como instrumento al servicio del Goce del Otro, da cuenta  el personaje de Arquímedes cuando al ser detenido por los crímenes cometidos, sostiene su inocencia basándose en que: “Fui obligado.”,  que nos recuerda  a los dichos de los generales del nazismo o los torturadores de la dictadura en tanto engranajes del aparato que sólo “cumplían órdenes”. El actúa en sus secuestros y asesinatos como instrumento al servicio de un orden superior,  como empleado que da consistencia a la ideología de extrema derecha.


Alejandro es el personaje que en toda la película vemos dividido por la posición perversa de su padre entre la lealtad a la familia (o la patria), y la exogamia (o la libertad). Pero la ambición puede más en Alejandro y acepta el dinero que cobra su padre de los rescates y accede a asociarse a su padre en los secuestros. Es así que ya ambos en la cárcel, Arquímedes le pide a su hijo que le pegue para decir que sufrió apremios ilegales de la policía y ser liberado. Alejandro vacila, pero él le dice: “Si yo me hundo, nos hundimos todos. Vos sos tan responsable como yo, lo hiciste por plata.”, frase que desencadena su furia, y lo lleva a realizar lo que le pedía su padre.


En un orden simbólico de hierro que no deja lugar a la excepción posible, el pasaje al acto suicida es un modo de intentar cavar un agujero en lo simbólico. Será así que en el camino a declarar ante el juez, Alejandro se arrojará desde el 5to piso del Palacio de tribunales.

Que sus hijos hayan sido “las primeras víctimas de Arquímedes” (lo cual es cierto), no los exime de responsabilidad, puesto que muchos de ellos eran mayores de edad al sucederse los secuestros. Es decisión del sujeto como trata lo insoportable que lo habita. Como dice Lacan en su escrito “La Ciencia y la verdad”: “De nuestra posición de sujeto, siempre somos responsables.

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

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