“No nos une el amor, sino el espanto...” El ciudadano ilustre (2016) de Mariano Cohn y Gastón Duprat

Mary Putrueli Jueves 8 - Septiembre - 2016 Textos

“No nos une el amor, sino el espanto, será por eso que la quiero tanto” profesaba el notable escritor argentino sobre la ciudad de Buenos Aires. Y mucho de ello, sino bastante, se refleja en el último film de la dupla Mariano Cohn y Gastón Duprat.
Aquí, el escritor Ricardo Mantovani, interpretado magistralmente por Oscar Martínez (quien ya este año se lució en “Kóblic” e “inseparables”), es reconocido con el premio nobel de literatura (el único argentino en recibirlo), justamente Mantovani menciona que tal honor le ha sido negado al talentoso Borges.
El film inicia con la entrega de dicho premio, en donde el autor despliega un discurso dejando claro que este es el principio del fin de su carrera, como si el nobel lo categorizara en un autor que no tiene nada más que decir; queda claro la continua contradicción con la que le lidia el personaje, ya que si bien desmitifica la gloria otorgada, no se retira del escenario hasta que llegue el aplauso unísono que su ego tanto necesita.
Con una especia de epifanía literata cumplida, Mantovani pasa los próximos cinco años sin escribir ni una sola palabra, y a través de una carta que llega de su pueblo natal, Salas, su vida dará un giro dramático y revelador.
El intendente (Manuel Vicente) lo invita a volver a su pueblo (lugar del que se ha marchado hace más de 40 años para nunca volver) para recibir el destaque de “ciudadano ilustre” y si bien la idea es desechada como la decenas de invitaciones que su agente de prensa le comenta, al pensarlo mejor, decidirá emprender este viaje en busca de algo más que su pasado.
A partir de allí, los directores de “El hombre de al lado” nos adentran en una historia que va y viene entre el humor, el sarcasmo, la ironía y aquellas verdades miserables que exponen no sólo las falencias de una sociedad argentina, sino también, del ser humano en el éxito y en el fracaso, o lo que puede reconocerse como tal.
El pueblo de Salas pareciera un compendio de personajes detenidos en el tiempo, olvidado en algún rincón de la provincia de Buenos Aires, y si bien se abusa demasiado en la construcción de algunos estereotipos de la gente pueblerina, cada interrelación entre el pseudo intelectual, exiliado por voluntad propia, y la simpleza e ignorancia de aquellos que se han quedado conformes en sus vidas sin mayores objetivos, deja diversos temas para seguir analizando, como el amor odio hacia el ídolo, el falso patriotismo, la soledad que puede producir triunfar, el rol del artista en la sociedad, y el mundo interior que lo demoniza.
El film, dividido como un libro, con un prólogo y cinco capítulos (“La invitación”, “Salas”, “Irene”, “El volcán” y “La cacería”) retrata entre el absurdo y el grotesco el recorrido del escritor por esta vuelta a sus orígenes, el reencuentro con un viejo amigo (Dady Brieva) y alguna vieja rivalidad, una ex novia (Andrea Frigerio) y toda clase de personajes danzantes, propios de lo que podría ser un circo rural.
Los puntos bajos, aparte de la estereotipación mencionada, tienen que ver con algunos lugares y frases comunes, el escritor joven que atiende el hotel donde se hospeda el protagonista, la groupie que desencadenará el conflicto clásico, la política fraudulenta, los intereses propios que la acompañan, le dan al film una chatura que podría haberse evitado.
Al iniciar Daniel Mantovani, mencionaba en su discurso que el premio podría significar su muerte literaria, y es su decisión de volver a su pueblo, lugar de fuente inagotable para la creación de sus libros, lo que pueda convertirse en su propio funeral, o no. Será cuestión de saber ver bien la delgada línea, a veces invisible, entre ficción y realidad.
El guión es de Andrés Duprat, y tiene la particularidad de editarse el libro en paralelo a la película (el libro puede conseguirse en las librerías, escrito por un ghost writter, que al momento no ha sido develado, fue editado por Random House, dentro de la colección de premios nobel.
Aplaudida y venerada en el Festival Internacional de Venecia, “El ciudadano ilustre” es un film que se disfruta en pantalla, pero aún más en las reflexiones posteriores que devienen en un análisis profundo que el arte conlleva.

Mary Putrueli

maryputrueli@caligari.com.ar

El ciudadano ilustre