“¿Qué hay entra la oscuridad (y el agua)?”. El auge del humano (2016), de Teddy Williams

Rodrigo Zimerman 3 - Agosto - 2017 -Textos

 

“Vivimos en una sociedad exquisitamente dependiente de las ciencias y la tecnología, en la cual prácticamente nadie sabe nada acerca de la ciencia o la tecnología.”

Carl Sagan.


“Una montaña podía ser la palabra del dios, o un río o el imperio o la configuración de los astros. Pero en el curso de los siglos las montañas se allanan y el camino de un río suele desviarse y los imperios conocen mutaciones y estragos y la figura de los astros varía. En el firmamento hay mudanza. La montaña y la estrella son individuos, y los individuos caducan. Busqué algo más tenaz, más invulnerable. Pensé en las generaciones de los cereales, de los pastos, de los pájaros, de los hombres. Quizá en mi cara estuviera escrita la magia, quizá yo mismo fuera el fin de mi busca. En ese afán estaba cuando recordé que el jaguar era uno de los atributos del dios.” Escribe Borges en su texto “La escritura del Dios”.
¿Qué es lo que genera “El auge del humano”? Sería una, de las tantas,  preguntas, para traer a colisión a las frases anteriores.
Oscuridad. Eso es el comienzo. Bien no sabemos que es lo que estamos viendo (sentimiento que se nos presentará a lo largo de la historia) Sin embargo escuchamos. Pasos. Agua. Podemos divisar una figura humana. Su espalda está desnuda. Ahora ya no. Una puerta no se abre. Ahora sí. No la vemos, pero, desde el sonido, aparece (otra vez) agua. Más pasos. Otra puerta. Algunos objetos caen sobre el piso. Sonido metálico. La figura humana parece buscar algo. Busca. Primero el celular. Después agarra las llaves. In crescendo el sonido del agua empieza a subir. El humano, con su bicicleta, abre la puerta y la inundación, más una lluvia torrencial, vemos en el exterior.
La película, de Eduardo Williams, se podría definir (¿pero es esto posible?) como un híbrido de documental y de ficción, de 3 historias, de 3 de jóvenes, de 3 naciones del mundo, que tienen ciertos puntos en común. Una historia lleva a otra. De Argentina a Mozambique, y de Mozambique a Filipinas. (Y a la vez, un registro lleva a otro, del celuloide al digital)
Los 3 personajes tienen edades similares, aproximadamente 25 años, una edad de búsqueda (o no-búsqueda) del cuerpo humano. Los 3 personajes vagabundean (podría decir Deleuze) por sus hábitats naturales, ya sea buscando un celular, trabajo, algo de dinero, droga, un amigo, otro trabajo, comida, una pareja, una computadora, señal, wi-fi, o lo que sea que quiera un joven a cierta edad. Porque bien no lo sabemos. No sabemos si lo que experimentan los personajes es comodidad o incomodidad. Nosotros mismos, vemos la película y no sabemos cómo sentirnos, por momentos cómodos, y por otros en un sueño, por momentos incómodos (buscando la comodidad en la butaca) y por otros alucinados. Porque bien, seamos honestos, es difícil de definir “El auge del humano”. Porque bien es una experimentación, y esto, más lo dicho anteriormente, está bien que lo sean.  Vale detenerse en la palabra “experimentación” tanto como para la película, como para los jóvenes.
A primera vista podemos encontrarnos con un director joven que parece no tener del todo claro para donde se dirige, si las direcciones, o atajos, que toma son correctos o no. Sin embargo, viendo alguno de sus cortometrajes como “Tan atentos” (2011) o “Pude ver un puma” (2011) anteriores sabemos que la visión de Williams no es (entonces) del todo experimental, sino que recurre a puntos en común. Lo documental y la ficción; la búsqueda (o no-búsqueda) de los personajes jóvenes; la sensación incómoda; el extrañamiento sobre el mundo cotidiano; los lugares llenos de agua; la tecnología; los planos secuencia y el personaje que se adelante a la cámara, mientras que el sonido no se separa de él; los planos, y secuencias, con poca luz que buscan que nuestros ojos (a lo largo de la película) hagan el esfuerzo, de entender, o tal vez no, pero sí de preguntarnos “¿Qué es lo que estamos viendo…?”, ¿La tecnología?, ¿Las manchas de un tigre?, ¿Un puma? Si y, a la vez, no. “El auge del humano”.

 

Rodrigo Peto Zimerman

rodrigozimerman@caligari.com.ar

El auge del humano