El espacio vacío. El año del León (2018), de Mercedes Laborde

Mercedes Orden 7 - Septiembre - 2018 -Textos

 


Flavia se enfrenta a una nueva etapa: la vida sin León, su compañero. Habiendo fallecido el hombre recientemente, ella se encuentra en la penosa tarea de amigarse con la soledad, volver a la rutina y resignificar los momentos y espacios dentro de su hogar: la cama, la bicicleta, las comidas pero también el lugar de Lucía, la hija del primer matrimonio de él. Hecho que no resulta menor, al contrario.
La preadolescente se niega a abandonar el espacio que alguna vez ocupó en la casa aunque ya no esté su padre, como también a dejar atrás la relación con la mujer y aceptar el aquí y ahora al que debe hacer frente. Hecho que boicotea el deseo de Flavia de deshacerse de su pasado, aceptando la nueva realidad para recomenzar su vida desde cero.
La ópera prima de Mercedes Laborde plantea la transición en la vida de una mujer a partir de hacer eje en las posibilidades e imposibilidades de su protagonista. El estatismo que invade a la trama es acompañado por una cuantiosa cantidad de planos fijos que cooperan en la creación de una atmósfera donde la confusión se instala frente a este personaje atado a sus propios temores y padecimientos.


A partir del avance de las distintas estaciones, El año del León va mostrando el transcurrir de las etapas frente a ese proceso. Desde el hecho de darle un nuevo sentido a una casa que alguna vez fue de tres hasta el reencontrarse con su sexualidad; desde el descubrir otros cuerpos, lugares y situaciones y, a la vez, redescubrirse en un papel que aún no conoce, ella va mutando mientras busca respuestas para su presente. A la par, nuevas preguntas se exponen, como por ejemplo las que implican su deseo de ser madre.
En medio de tal confusión, la soledad cobra allí el lugar central junto al duelo. Una soledad que ella percibe incluso estando entre los ruidos de las canciones que oye Lucía o el bullicio de una reunión de amigos. Una que la aborda de modo constante, la inmoviliza y la interpela en cada rincón, sin dejar de agobiarla ni permitirle detenerse a pensar cómo salir de ese lugar de vacío donde los fantasmas la invaden.
La película de Laborde se pregunta acerca de lo que queda cuando alguien muere como así también cuando algo muere. ¿Qué pasa con los espacios y los objetos abandonados? ¿Qué hacen todos los presentes cuando el lazo que los unía ya no está? ¿Muere todo con quien muere? ¿Qué ocurre con las relaciones entre sus seres queridos? De esto nos habla El año del León mientras expone distintos modos de atravesar una misma muerte.
El resultado es una ópera prima prolija tanto a nivel técnico como en el guión, donde el duelo se plantea como algo de lo que hay que hablar, incluso aunque no se muestren de forma metódica y clara cada una de sus etapas. El duelo seguido a una muerte de la que no se habla tanto pero donde la ausencia deja una herida que tarda en cicatrizar.

Mercedes Orden

mercedesorden@caligari.com.ar

El año del León