Disección de un paranoico. Él (1953) de Luis Buñuel

Carla Leonardi 9 - Marzo - 2016 Textos

 

Introducción:


En su película “Él” (1952) Luis Buñuel procede como un entomólogo que disecciona con precisión a un paranoico. Y es que se trata de un retrato tan minucioso y acertado de la paranoia, al punto tal que Jacques Lacan  recomendaba la película a sus alumnos en su seminario.

La referencia que tenemos a esta película de Buñuel en la obra de Lacan es en su escrito: “Kant con Sade” (1966) que fue pensado como comentario a la edición del “La filosofía del tocador” de  famoso Marqués. Allí dice Lacan:

“De lo que le falta aquí a Sade no hemos prohibido decir palabra. Deberá sentírselo en la gradación de La filosofía en que sea la aguja curva, cara a los héroes de Buñuel, la que esté llamada finalmente a resolver en la hija un penisneid (envidia del pene) que se plantea un poco allí.” (pág. 769/700)

Frase criptica y enigmática a la que volveremos más adelante.

Por otro lado, veamos qué dice Buñuel sobre los paranoicos: “Nacen así. Interpretan siempre la realidad en el sentido de su obsesión, a la cual se adapta todo. Supongamos que la mujer de un paranoico toca una melodía al piano. Su marido pensará al instante de que su trata de una señal intercambiada con su amante, escondido en la calle.”

La película comienza con el fondo de un campanario y en letras blancas los nombres de sus protagonistas (Arturo de Córdova como Francisco y Delia Garcés como Gloria) y el título; todo acompañado por música que alterna entre lo dulce y lo ominoso.

Tanto la elección del campanario como fondo, por la altura y el aislamiento que conllevan, y la música, nos indican que nos adentraremos en una historia inquietante. El campanario será el escenario de la escena clave de la película tras la cual se operará un cambio, sin vuelta atrás en Gloria, y a la vez nos remite directamente a “Vértigo” (1958) de Hitchcock, (fue en esta escena que Hitchcock se inspiró para su película) y al “Hombre de la Arena” de Hoffmann.

 

Primera parte: El fetiche y un amor de carácter epifánico.


La primera parte está contada desde el punto de vista de Francisco.
La escena siguiente nos sitúa en la misa de jueves Santo, en el momento de la ceremonia del lavado de los pies. Primer momento: la mirada de Francisco sobre el Padre Velasco besando el pie de un niño. Segundo momento: desplazamiento de la mirada de Francisco hacia los zapatos de Gloria, a quien luego vemos en rostro y cuerpo.

Primera cuestión: El padre Velasco besa el pie del niño de un modo libidinoso, entonces; irrupción de una excitación sexual de índole homosexual. Referencia  a Freud en “Sobre un caso de paranoia descripto autobiográficamente” (1911), Freud sostiene la hipótesis de un punto de fijación en el estadio del narcisismo en la paranoia. El estadio del narcisismo es aquel en el cual se constituye el yo por la identificación a la imagen de un semejante. Freud plantea en ese texto que la paranoia se desencadena por la irrupción de una excitación libidinal de índole homosexual, que sexualiza el vínculo narcisista.

Segunda cuestión: desplazamiento hacia los zapatos de Gloria. Se trata de un zapato fino, con taco, a diferencia de los otros zapatos en los cuales no se detiene y se fija su mirada. El fetiche del zapato como condición de elección de objeto. El fetiche supone el recorte de una parte del cuerpo de la mujer desde el fantasma masculino, cobrando dicho rasgo del cuerpo valor fálico y apareciendo como aquello que completaría o colmaría la falta del hombre. Se trata de una modalidad fetichista de elección de objeto característica del hombre. Esta modalidad de amor constituye un tipo, una clase en la que pueden entrar varias mujeres a condición de portar dicho rasgo. Se elige desde la clase, no desde la singularidad a una mujer.

 

En el perverso el fetiche funciona como velo y a la vez como sustituto del falo de la madre que no hay, es un modo de renegar de la castración, recortando, congelando la última imagen antes de constatar la castración en la madre y elevándola al estatuto de un significante o rasgo simbólico.

Tercera cuestión: Francisco es un buen cristiano, nunca ha tenido relación con una mujer, por lo que nos enteraremos más adelante. La ficción simbólica que brinda la religión católica, sus prohibiciones en cuanto a la sexualidad que consideran pecado tanto la práctica masturbatoria como el comercio con una mujer previo o fuera del matrimonio; pueden haber servido como elementos que mantenían a Francisco compensado en una psicosis no desencadenada.

Seguidamente, se interpondrá a un posible encuentro de Francisco con Gloria, su madre y el Padre Velasco, que quiere presentarlo a cierta gente. Ella se va en un auto, él intentará alcanzarla. El objeto de deseo aparece como aquello que siempre se escapa para el hombre, como aquello que no se dejará domesticar y apresar por el significante falo.

Otro punto es el encuentro con el abogado, quien le plantea que va a ser difícil ganar el juicio porque la parte contraria no está dispuesta a perder y los documentos que él tiene para probar que esos edificios le pertenecen son muy antiguos. Signos de una personalidad querellante y reivindicativa, intento de hacerse de una herencia material, a falta de una herencia simbólica, de que como efecto de la salida del Complejo de Edipo haya pasado de una posición de ser el falo que colmaría a la madre a tener el falo en calidad de significante con el cual abordar a una mujer.  Signo de suspicacia con el abogado de haberse vendido a la otra parte.

En la iglesia él se coloca detrás de ella, a sus espaldas, lo cual ya la sitúa en el lugar de la víctima. Y luego se da una típica escena de melodrama a la salida de la iglesia, donde comienzan a aparecer razones que impiden el encuentro entre los amantes. Ella tiene una posición histérica pues va a la Iglesia sabiendo que lo va a encontrar y se detiene a esperarlo en la puerta antes de irse, pero a la vez le dice: “Yo mismo no sé por qué lo he hecho, no debería. Por favor no me pregunte más” Lo provoca pero a la vez se sustrae, apunta a causar el deseo de Francisco pero no se implica en aquello que genera. Sostiene una posición de bella indiferencia.

Desde el marco de una ventana descubrirá que Gloria es la novia de su amigo el ingeniero Raúl Conde y luego se las ingeniará para que éste acepte una invitación a cenar en su casa junto a su novia y la madre de esta. Ahí nos enteramos que Gloria ha vivido muchos años en argentina y hace poco tiempo ha regresado allí. El secreto sobre esos años y la extranjería como signos de la mujer como lo Otro, lo radicalmente diferente, desconocido y extraño para un hombre.

Al llegar a la casa de Francisco se habla de lo excéntrico de la construcción de la casa, la cual fue construida por el Padre de Francisco. Se habla de que fue construida no desde la razón sino desde el sentimiento, la emoción, y el instinto, y de que debió ser alguien muy original y caprichoso.  El Padre no queda situado del lado de la ley que ordena el goce, sino del lado del exceso. Se pone en cuestión que haya inscripción simbólica del significante del Nombre del Padre en la estructura psíquica de Francisco y se refuerza la hipótesis de la religión y la Figura del Padre Velasco como suplencia imaginaria del padre simbólico no inscripto.

En la cena la concepción de Francisco del amor: “No creo en el amor preparado, en ese que nace del trato, el amor surge de improviso, bruscamente. Cuando un hombre y una mujer se encuentran comprenden que ya no podrán separarse. Ese tipo de amor se está formando desde la infancia. Un hombre pasa al lado de mil mujeres y de pronto encuentra una que su instinto le dice que es la única. Esa mujer cristaliza sus sueños, sus ilusiones, los deseos de la vida anterior de ese hombre”

Se trata de una idea del amor como amor a primera vista, no como una construcción, y con un carácter de revelación, de epifanía. Hay certeza de que se trata de esa mujer y no de otra, no hay duda ni vacilación en los sentimientos. Hay relación sexual, hay complementariedad en los goces masculino y femenino, es la mujer que realiza sus sueños  y encaja como la llave en la cerradura, cuando por estructura hay una disimetría radical entre ambos goces, porque el Goce femenino es Otro, está fuera de posibilidad de ser alcanzado por el significante falo, soporte del goce del hombre.

Otro punto es que sitúa a la mujer como la “única”, se trata de que “La mujer existe”. Es decir que habría una que sería el prototipo ideal, la mujer toda que como excepción armaría el conjunto de todas las mujeres posibles, cuando en realidad no hay una mujer que podría ser la excepción que sostenga al conjunto de todas las mujeres. A lo que se puede aspirar es a relacionarse con “una” mujer, en tanto singular, y en tanto posicionada como no-toda, no totalmente sumida en el goce fálico y teniendo relación al goce femenino, a algo del orden de lo diferente, y enigmático para el hombre.


Segunda parte: El desencadenamiento

 


La segunda parte desde el punto de vista de Gloria, quien tendrá un encuentro fortuito con Raúl y le contará en el camino a su casa como va su matrimonio con Francisco. Cuenta que los primeros signos los tuvo en la noche de boda cuando la interroga por en quién pensaba y sospecha de Raúl que fue su novio anterior y en los otros que pasaron por ella en el pasado y la insta a que le cuente todo como si fuera su confesor. Se trata de una paranoia de tipo celotípico. En el texto de Freud ya mencionado, Freud deriva las distintas variedades de la paranoia a partir de cuatro formas de negar la frase gramatical: “Yo lo amo.” En este caso se trataría de negar el sujeto, de modo que la frase queda transformada en “Yo no lo amo, es ella quien lo ama” y sospecha de todos los hombres que él está tentado de amar.

El yo, se constituye por identificación a la imagen del semejante, esa imagen perfecta y completa que aparece en el espejo, que podemos llamar el Yo ideal, en relación a la incompletud e incoordinación del yo, siempre en falta. En la psicosis paranoica, por irrupción de una excitación sexual, la libido regresa al punto de fijación en la fase del narcisismo y se da una resexualización del estadio del espejo. Claramente Raúl y Ricardo funcionan como el Yo ideal de Francisco. Son aquellos hombres que representan lo que él quisiera ser, hombres de características viriles, con recursos simbólicos para seducir a una mujer.

En términos lacanianos podríamos decir que el encuentro con una mujer, implica poder responder con el significante del Nombre del Padre o el significante Falo, y al no contar con la inscripción de ese significante, el psicótico responde con un agujero en lo simbólico, lo cual produce el desencadenamiento. Este momento implicará una regresión tópica al estadio del espejo, sin mediación u ordenamiento por un elemento simbólico o referencia a la ley que apacigue la agresividad imaginaria,  en tanto se trata de un único lugar para dos. La disolución de lo simbólico acarreará una disolución en cascada del registro imaginario.

Raúl, Ricardo, y el abogado no funcionan como imagen especular, punto de identificación sino como el doble, el doppelanger o doble andante, esa imagen en el espejo que cobra vida y persigue, se burla, comenta acciones, o le habla al sujeto. Nótese el parecido físico, la manera de vestirse similar y el uso del bigote, en aquellos de quienes sospechará.

Se trata de un Otro que lo goza, y el  hecho de llegar a golpear a Ricardo, podemos entenderlo como un pasaje al acto como intento de crear un agujero, una falta en ese Otro consistente y completo. Pero en el intento dañar al Otro en realidad, se daña a sí mismo, porque ese otro, es su yo ideal, yo es otro; tal como plantea Lacan en su tesis de psiquiatría “De la psicosis paranoica en sus relaciones con su personalidad” (1932)

Partiendo de la premisa fundamental: “Ella lo ama”, cualquier elemento de la realidad, como decía Buñuel, será interpretado desde la lógica del delirio. La celotipia de Francisco irá increscendo y no pudiendo frenar su delirio por una vía simbólica; intervendrá en acto. Desesperado, aislará a Gloria de su madre,  la golpeará, y le disparará una bala de salva. Ella tan dulce, complaciente y resignada y temerosa sostendrá el lugar de la burguesa al lado de su héroe, lo perdonará cada vez que Francisco se arrepienta de lo que ha hecho, y continuará a su lado hasta el siguiente episodio de violencia.

Se dará entonces la escena del Campanario, que representará un punto de inflexión para Gloria. Allí Francisco mostrará su megalomanía comparándose con Dios desde las alturas, situará a los hombres como gusanos que se arrastran abajo y expresará su desprecio hacia ellos y sus ganas de aplastarlos. En el punto máximo de su delirio, querrá ahorcarla en el campanario. Gloria huirá, y es allí que se encontrará con Raúl. Raúl le aconsejará que busque un buen médico y un abogado que le diga sus derechos frente a un enfermo mental. Gloria regresará a la casa dispuesta a ponerle un límite a Francisco.

 

Tercera parte: El delirio como intento de curación


La tercera parte, está narrada de manera objetiva. En un último acto de desesperación, Francisco intentará coserle la vagina para asegurarse que le será fiel. Gloria escapará y dejará a Francisco. Y aquí el episodio de la aguja aparece la conexión con la cita menciona del escrito de Lacan de “Kant con Sade”.

Efectivamente en el perverso, si bien está inscripto el significante el Nombre del padre en la estructura, en tanto encarnando la Ley que prohíbe el goce todo, se reniega de la castración. En su posición se encuentra identificado a “Ser el Falo” que colma a la madre, sosteniendo a la Madre Fálica. No hay intervención del Padre real, aquel que desaloje al niño del lugar del falo de la madre. De ahí que el sádico, en apariencia sujeto activo, en verdad se haga el objeto que le restituiría al Otro el goce absoluto. En la Filosofía del tocador, Dolmancé humilla y ultraja a Eugenia, prestándose en esa iniciación violenta como objeto al servicio del Goce del Otro, el Ser supremo en Maldad.  Introducir a Eugenia en el terreno del sadismo, está dedicado a la madre de ella, está al servicio de resolver la envidia del pene de Eugenia respecto de su madre. Es una provocación a la madre. Esta madre que sigue permaneciendo como intocada, que permanece como un límite, pues en vez de matarla, se le hace tener relaciones con un  hombre con sífilis y se le cose la vagina y el ano para que el virus (aquí en el lugar de la cosa, o el goce ilimitado de lo femenino que puede fugarse) no vaya a escaparse; para asegurarse que no pueda coger con ningún otro.

En ambos casos la aguja curva es el sustituto en lo real del falo simbólico, que permitiría acceder al cuerpo de una mujer y sostener un lazo a ella.

Tras la huida de Gloria, Francisco la buscará donde su madre, donde el ingeniero, pero no la encontrará. Alucinará verla con un hombre entrando a la iglesia, y que los feligreses se ríen de él, incluso el padre Velasco a quien verá haciendo señas de que está loco. Francisco se abalanzará sobre el cura y allí su locura se hará evidente.

Hacia el final, Francisco parece estar bien y lleva una vida monástica. Pero luego de la visita de Gloria y Raúl con su hijo Francisco, le dirá al Padre Prior a propósito de esta visita: “Vio Padre como yo no estaba tan perturbado, el tiempo se encargó de darme la razón. Aquí encontré la verdadera paz.” Pero el final no será precisamente tranquilizador, pues Francisco caminará por un sendero de manera errática, en zigzag, como hiciera en otros momentos de su delirio; y en el fondo del sendero veremos el agujero negro de un túnel.  Y aquí el  agujero negro,  nos remite a “el continente negro” como Freud se refiere a la mujer, en tanto aquello extraño, oscuro, e incognoscible para el hombre. La caminata en zigzag después de la visita de Gloria es signo de que se encuentra compensado, pero no estabilizado. Se trata de una estabilización precaria vía la figura imaginaria del Padre Prior, (como antes de conocer a Gloria, lo era el Padre Velasco) y vía el aparato simbólico que le brinda la religión; pero que puede vacilar ante un nuevo encuentro con una mujer. Se trata de una compensación, pero no de una suplencia. (Una suplencia implicaría una solución mucho más duradera, que evitaría el desencadenamiento, como en el caso del escritor James Joyce, cuya suplencia del Padre era la escritura y nunca se manifestó clínicamente su psicosis)


Conclusión:


No hay relación sexual, es decir, que hay disimetría y discordia entre el goce fálico y el goce femenino, porque este no puede ser representado por un significante. A nivel de los goces no tenemos un significante falo que se correspondería con un significante del goce femenino; sino una significante y un agujero.

Para que haya relación entre un hombre y una mujer, lo que media es el Síntoma, que puede ser tomado tanto en su cara padecimiento y sentido, como en su cara de funcionamiento de un modo de gozar.

En este caso particular, por el lado de Gloria, podemos preguntarnos porqué permaneció tanto tiempo con Francisco. Esto puede entenderse por el lado de los condicionamientos sociales de los años 50, por el lado de la educación religiosa donde la abnegación y el sufrimiento son valores, y por el lado de su posición subjetiva en tanto histérica sosteniendo en ese sacrificio y resignación hacia el hombre un modo de goce. No sabemos nada de la historia de Gloria, pero desde esta última perspectiva, podemos hipotetizar que Francisco es para Gloria un medio de goce, un instrumento a través del cual repetir una y otra vez un goce de índole masoquista fijado en la abnegación y el maltrato.

Desde el lado de Francisco, entre el hombre y la mujer, está el delirio de celos con el cual intenta  hacer existir la relación sexual que no hay por estructura. El partaneire-sintoma de Francisco es Dios. El nombre mismo de Francisco nos remite a San francisco de Asís, quien de ser hijo de un rico comerciante de la ciudad en su juventud, pasó a vivir bajo la más estricta pobreza y observancia de los evangelios (nótese que Francisco ha perdido la herencia familiar y vive dedicado a Dios) Por otro lado, Gloria es un nombre místico, es una invocación a Señor, y a la vez “La gloria de Dios” significa lo sublime, la grandeza del señor. Así es entonces que el Delirio de Celos, virará luego hacia un delirio de tipo místico, permitiéndole una estabilización, precaria pero estabilización al fin.

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

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