Arte cinematográfico. Dupa dealuri (Beyond the Hills) (2012), de Cristian Mungiu

Maximiliano Berrino 10 - Enero - 2016- Textos

 

Desde que el cine llego a las vidas de los seres humanos y se presentó como un dispositivo mágico e inigualable, ha sido utilizado no solo como un elemento de divertimento, sino, fundamentalmente como un medio para exteriorizar y plantear aquellos interrogantes que carcomen la mente y el alma humana desde tiempos ancestrales. Podríamos identificar a la religión como aquel fetiche que ha nutrido e inspirado a todas las artes en su totalidad hace millones de años. Desde aquel hombre que tuvo la necesidad estructural de creer en algo superior para explicar determinados acontecimientos que la lógica humana no logra abarcar, hasta la actualidad, donde la religión está presente y condiciona cada accionar y pensamiento humano. No es casual que haya sido la temática por excelencia elegida por el cine (luego del amor y el desamor) para ser desarrollada hasta el hartazgo y desde todas las perspectivas posibles que pueden existir. Personalmente creo que la religión es una temática fascinante, poseedora de un misticismo atrapante. Alimentada por una fe enigmáticamente profunda y oscura tanto como aquellos pecados que solo alguien sobrenatural puede perdonar y que su perdón nos dará la pureza necesaria para compartir su reino celestial. Creo firmemente que La/s biblia/s o todo libro sagrado religioso, son los mejores guiones escritos en toda la historia de la humanidad y que todo guionista debería tener en cuenta a la hora de escribir. “Más allá de las colinas” es una película Rumana del año 2012 dirigida por Cristian Mungiu, considerado el reinventor del cine Rumano y un autor de excelencia dentro de la industria Europea y mundial. En dicho film dos antiguas compañeras de orfanato, Voichita y Alina se reencuentran años más tarde en un remoto monasterio ortodoxo, donde la primera se ha entregado por completo a la causa religiosa. Alina, por su parte, ha regresado de Alemania, no quiere verse confinada entre aquellos muros y ansía recuperar la pasión recíproca que ambas sentían en aquellos tiempos de angustiosa soledad. Su obsesión, cada vez más enfermiza, es volver a Alemania en compañía de su amiga de la infancia.


Sería extremadamente mezquino e insuficiente reducir el film a un simple drama religioso. “Más allá de las colinas” utiliza a la religión y a toda su compleja burocracia y estamentos celestiales, como una excusa para narrarnos sobre la compleja disyuntiva de la fe y la esperanza, presente tanto entre una vida abocada a la causa religiosa y otra que desea escapar de toda atadura ortodoxa y entregarse al amor. Mangiu nos tira sobre el rostro este dilema que alimenta durante unos necesarios 150 minutos, a base de una narrativa profunda y precisa, donde cada palabra dicha y cada mirada construyen mensajes que penetran en el espectador, más allá de lo que se muestra explícitamente. La película funciona como una sutil y delicada excavadora de sentimientos que segundo a segundo incomoda a nuestra pasividad como espectadores, creando una atmosfera absorbente e intrigante que es nutrida no solo por aquellas situaciones, extremadamente tremendistas por momentos, sino, por aquel día a día de ese quehacer cotidiano riguroso dentro de ese convento, habitado por aquellas mujeres de negro profundo ( ¿tanto como sus angustias y pecados? ) entregadas a la fe como único remedio contra todos los males de sus vidas y del mundo.
Queda claro que Mangiu es un artesano de la narrativa donde moldea y manipula a gusto y piacere el sentir de sus personajes, encarnados en cuerpo y alma por estas actrices que no necesitan siquiera hablar para trasmitirnos lo que deben. La dirección de actores es de una organicidad superlativa, donde aún en los momentos de gran “desorden” coral, los cuales están milimétricamente coreografiados, nos llega con una fluidez y veracidad digna del neorrealismo. Mangiu no teme al plano abierto en los momentos dramáticos y esto es algo que rompe con muchos paradigmas del cine y lo que es mejor aún, funciona y muy bien. Personalmente creo que cuanto más nos podamos alejar de las facilidades técnicas que nos presenta el cine como dispositivo de manipulación y nos obliguemos a generar imágenes genuinas, donde la carga emotiva no se encuentre en la utilización de la técnica cinematográfica, sino, en la palabra, los silencios y los cuerpos que realmente los que expresan mucho más que un tamaño de plano o una cámara de alta definición.


Estamos ante una película que no es para cualquier tipo de espectador y no solo me refiero a los componentes exclusivamente técnicos y estructurales del arte cinematográfico, sino, que es necesario un espectador que soporte la no respuesta por parte del realizador, a los dilemas que el mismo plantea. Mangiu no responde y no opina, se retira airoso y triunfante dejándonos con dudas existenciales planteadas y dispuestas a perdurar en nuestro inconsciente. Las respuestas de Mangiu, si es que existen, se encuentran en cada una de sus imágenes que nos expone con total impunidad e intencionalidad.
No existen alter egos palpables en este film, o por lo menos no a los que estamos acostumbrados. Se representan en todo aquello fuera de los muros del aquel monasterio rural alejado de toda comodidad del siglo XXI pero que parece ser un oasis onírico de fe y esperanza contra la vorágine diaria que nos plantea la vida moderna. Todo aquello externos que ingresa en el monasterio irrumpe para traer desgracias y romper ese ensueño irreal de las mujeres de negro y su santo padre que las guía cual rebaño. La realidad es dura para todos, pero golpea más duro cuando tu fe ciega es un filtro negador y demagógico, que no te permite percibir a aquellas inmundicias que indefectiblemente forman parte de la realidad de la mayoría de los habitantes del mundo y que si tu misión en este mundo es combatir contra ello, debes saber que existe y que si por negligencia personal ingresan en tu vida, sepas enfrentarlas de igual a igual, porque como Mangiu nos lo advierte al final de su película, “el mal está en todos lados”.

Maximiliano Berrino

maxiberrino@caligari.com.ar

Dupa dealuri