Entre dos amores. Dolores (2016), de Juan Dickinson

Carla Leonardi 31 - Julio - 2016 Textos

 

Fui a ver “Dolores” (2016) del director argentino Juan Dickinson, sin demasiadas expectativas ni referencias.  Sólo sabía de ella que actuaban Emilia Attias y Guillermo Pfening. Al ver el afiche con la leyenda “Una mujer, dos amores” rápidamente imaginé que se trataba de un melodrama. Ante esto, sólo esperaba que la película no cayera en el típico culebrón de telenovela. 

La película inicia con un prólogo, donde un joven llamado Harry ingresa en la habitación de su infancia, y sentado en la cama abre  y hojea un álbum de fotos, que fue construyendo a lo largo de los años. Seguidamente Dolores (Emilia Attias) viaja en tren hacia el campo del interior de la provincia de Buenos Aires, y abre una maleta de mano apreciando una foto familiar situada en el ingreso a la Estancia Los Ombúes. Este prólogo ya  une a estos dos personajes, y  nos sitúa a nosotros como espectadores, en la línea del recuerdo, la nostalgia y el retorno al pasado. En rigor, la protagonista de la historia es Dolores, pero el punto de vista de la misma será la mirada de Harry. La mirada de Harry hacia el pasado abre la ficción y será la que el director retome para cerrar el final.

El título de la película coloca a Dolores como  protagonista en una doble faceta: por un lado, en el rol de la heroína y por el otro, como una mujer sufriente.

En cuanto a su estructura narrativa, “Dolores” es un melodrama clásico, que hurga en la conflictiva íntima de sus personajes. La historia en cuestión se narra siguiendo una  temporalidad lineal a partir del regreso de Dolores desde Edimburgo (Escocia) a la estancia Los ombúes, luego de la muerte de su hermana Helen. El contexto histórico es el año 1939, en los comienzos de la Segunda Guerra Mundial.  

Que la acción se sitúe en los campos de  las afueras de la Capital, ancla la ficción en un escenario local, pero pone como protagonistas a los descendientes de inmigrantes de las distintas colectividades de origen europeo que poblaron el país y sentaron las bases del estado moderno. Se trata de esa población inmigrante, que configura la oligarquía terrateniente, que aún no se arraigó totalmente en el país y que continúa manteniendo fuertes lazos, y una mirada de referencia y nostalgia con sus países de origen.  Y es algo de esta mirada hacia el exterior europeo, lo que se traduce en las formas cinematográficas que utiliza el director, emulando el clasicismo del cine inglés.

El regreso de Dolores tras la muerte de su hermana, no será simplemente para acompañar y dar cobijo a su sobrino Harry (Felipe y Mateo Flossdorf) de 8 años; sino que significará un retorno al amor inconcluso con su cuñado Jack (Guillermo Pfening).

Jack es el amor de la adolescencia de Dolores, un amor que en ese entonces fue imposible debido a su corta edad. Para cuando Dolores regrese lo encontrará sumido en el dolor de la pérdida, encerrado en su cuarto y perdido en el alcohol.

Dolores es una mujer de mundo, que viajó a Edimburgo para estudiar contabilidad. Es una fuerza que no añora, que vive en el presente y que regresa para despertar el deseo de esa casa que encuentra en el abandono como se encuentra Jack.  Es una mujer consciente de los efectos de su belleza en los hombres.

Jack es el típico hombre que sólo puede amar a una mujer en tanto ésta sea imposible.  La devoción por la esposa muerta  es la encarnación absoluta  de la imposibilidad del lazo amoroso. Pero también encontrará en las prohibiciones y convenciones sociales de la época, las excusas para retroceder ante el deseo decidido de Dolores.

Como corresponde a las convenciones del género, aparecerá un rival. Será un vecino terrateniente descendiente de alemanes; Octavio Brand (el actor brasileño Roberto Birindelli). La disputa entre los dos hombres por la mujer, será redoblada por el combate entre Inglaterra y Alemania en plena Guerra Mundial.

Por su parte, Octavio encarna al hombre decidido, que hará de Dolores un objeto del conjunto de sus bienes de propietario. Él le dará su dinero para que pueda salvar la estancia del remate, porque teme perderla, teme perder su falo; si Dolores llega a perder la estancia.

Y Dolores está ahí, en el entre dos; tironeada, sufriendo. Entre el amor idealizado e imposible del hombre temeroso, y el amor posible del hombre que evoca a la figura paterna y que quiere hacer de ella a la madre de su hijo. Ni uno ni otro funcionan para Dolores en tanto hombre como relevo para que ella pueda conectarse con lo femenino, con la Otredad que hay en ella misma.

La belleza clásica de Emilia Attias, realzada por el delicado vestuario de época, calza justo en ese tipo de belleza de las épocas del cine clásico, pero le falta fuerza actoral para lograr mayor dramatismo a su conflicto interno y situarse en esta historia realmente como una heroína. Es más bien esa belleza lánguida al estilo Gwyneth Paltrow, que nos deja con sabor a poco.

Habrá también otro modelo de mujer, Florry (Mara Bestelli), la hermana de Jack. La primera vez que vemos a Florry es dentro de la casa, limpiando alhajeros de distintos tamaños que descansan como adornos juntos a portarretratos con fotos de la familia sobre el piano de cola. Florry encarna a la mujer típica mujer de la época, dedicada a la casa y los suyos. Florry es la que cuida de Jack, dirige a los empleados de la casa y oficia de institutriz para Harry ocupándose de su educación. Su pelo siempre recogido y su vestimenta recatada señalan la contención del cuerpo y de la sexualidad que contrastará con la soltura de las ropas y del pelo de Dolores. La rivalidad que se dé entre las dos mujeres por conservar el amor de Jack y del pequeño, serán sumamente interesantes, gracias a la convicción y solidez que Mara Bestelli aporta en su rol.

La recreación de la época en el vestuario, la escenografía, así como los modismos de clase alta están bien logrados y acompañados por música  como tango o jazz que nos transportan al pasado. Lo que queda forzado y suena extraño son los momentos de interacción entre clases, especialmente en las líneas de diálogo donde interviene el casero Virtuoso. (Acaso pueda deberse a que se trate de un actor brasileño, habida cuenta de que la película es una co-producción con Brasil)

“Dolores” es una película que cumple con las convenciones esperables del género del melodrama. Es armónica en su guión, pero algo despareja en cuanto a lo actoral.  Lo que en ella sobrevuela en primer plano es la nostalgia. Nostalgia por el amor perdido. Nostalgia por otra época, aquella donde el padre era un ordenador social y la prohibición engendraba el deseo, y aquella también de la etapa dorada del cine de los años 50, al cual el director busca acercarse en su propuesta estética.

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

Dolores