“Ojos de Iphone”. Divines (2016), de Houda Benyamina

Rodrigo Zimerman 19 - Julio - 2017 -Textos

 

"¿Qué es el vértigo?
¿El miedo a la caída?
¿Pero por qué también tenemos vértigo mirador provisto de una valla segura?
El vértigo es algo diferente a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados"

La insoportable levedad del ser - Milan Kundera


“Siempre sueño lo mismo.” Dice Dounia, la joven protagonista que vive en uno de los suburbios de Francia, y prosigue, “Sueño que caigo. Intento despertar…pero no puedo. Sigo cayendo. Cuanto más caigo más me duele. Y al final, ya no me duele, ya no tengo miedo. Solo quiero estrellarme para que pare. Pero no para nunca.”


La diferencia que hay entre la relación de la frase de Kundera y el sueño de Dounia, es que, la joven, no cuenta con una valla del todo segura. Sino que se para, en frente, de una de aquellas vallas gastadas, frágiles y que la palabra que menos aporta sería “seguridad”. Las maderas que están a punto de quebrarse de la valla son, el lugar en donde vive Dounia, su trabajo en un cabaret, el ser una “bastarda” y la relación con su madre, la marginalidad y el rechazo social que corre por sus venas y la visión, que seduce a acercarse al abismo, de que su única salida para triunfar es seguir los pasos de Rebecca, una traficante. Pese a dichas contras, la valla sigue siendo valla. Sobre todo porque la valla de Dounia tiene la presencia del islamismo, que por momentos intenta ser la voz de su conciencia (pese a no escuchar sus oraciones), cuenta, también, con el sostén de su amiga Maimouna (pese a que esta le acompaña en todas sus peripecias, mientras trata de que su familia musulmán y su padre Imam no se enteren) y, finalmente, de un joven bailarín que intentará generar un cable a Tierra para Dounia.


El camino de Dounia es uno de los tantos caminos marginales, de la historia del cine, que buscan el progreso pero mediante el camino más rápido, el cual suele ser también, el más peligroso. Aceptamos que en el personaje de Dounia vemos el ideal de una chica fuerte que lucha por lo que quiere conseguir, pero, sin embargo, el problema está en que la visión no es de una mujer, sino de una chica. Una chica que divaga sueños. Una chica que mira el mundo a través de  una pantalla de Iphone. Dicha distorsión de la visión es aquella que se demuestra en un hermoso, simple y efectivo plano secuencia en donde ella y Maimouna comienzan a “andar” en una Ferrari. Dicha distorsión de la visión es la que nos propone la directora (Houda Benyamina) del film (ganador de la Caméra d'or en Cannes), atravesando el lente de la cámara por diferentes texturas, provocando un pastiche donde se encuentra la visión cinematográfica en cuanto a la narrativa, la tecnológica de los celulares y una mirada más poética sobre la danza y el teatro. La visión, que es la suma de todas las anteriores, frente a un abismo, frente a una valla, frente a una vida por delante, de una joven marginal, Douina.
Párrafo aparte acerca del aspecto sociológico de “Divines”: Vale remarcar a favor, para la mirada de la directora de la película, su postura sociológica frente a un Estado que esta “presente” dentro la historia y “actúa” según las reglas frente a las andanzas de los marginales franceses. Podemos ver como se relacionan los roles sociales desde cómo viven, con quien y donde trabajan Dounia y su madre; como Djigui, guardia del supermercado, es un marginado más que aprendió a bailar en el barrio pero quiere su progreso también; o como los bomberos deciden “actuar” según las reglas cuando lo sensato, en ese instante, es que hagan de lado su burocracia y su rencor frente a un pedido de auxilio, para poder hacer así un Estado, un poco, más presente. Tal vez esta idea (que contacta mucho con la realidad actual) no sería realista (o verosímil) para la directora.

Rodrigo Peto Zimerman

rodrigozimerman@caligari.com.ar

 

Divines