“El fantasma Dior”. Dior and I (2014), de Frédéric Tcheng

Rocio Molina Biasone 12 - Abril - 2016 Textos

 

No hace falta formar parte, o siquiera interesarse por el mundo de la moda, para conocer el nombre de Christian Dior. Pero más allá del nombre, yo misma siempre supe poco al respecto. No soy de las personas que estén observando atentamente qué vistió quién en tal o cual ceremonia, ni en distinguir un tipo de vestido de otro, o formular mucha opinión al respecto. Pero sí tenía una imagen formada del tipo de vestidos característicos de los diseños de Dior: vestidos que destacan las curvas del cuerpo femenino, pero prefiriendo figuras menudas, y aspirando a formas acampanadas e incluso, a veces, monumentales en la parte inferior. Están ya en nuestro imaginario las fotografías de mujeres icónicas usándolos, desde Grace Kelly, Marlene Dietrich, Ava Gardner, e incluso Eva Perón, hasta celebridades contemporáneas como Marion Cotillard, Jennifer Lawrence y Natalie Portman.

En su forma y cinematografía, “Dior and I” es simple y clásico. Su fotografía no difiere de aquella de la mayoría de los documentales, y su estructura es básica. En estos sentidos casi se asemeja a un reality sobre moda, como Project Runway: la relación entre los empleados, los conflictos en la producción, los choques con el nuevo jefe, el apuro por cumplir con una fecha límite.

Pero el guión consigue atraer al espectador al establecer tanto paralelismos u oposiciones entre dos figuras, dos épocas y dos visiones: por un lado, el célebre fundador de la compañía, Christian Dior (Francia, 1905 - Italia, 1957) y la de Raf Simons (Bélgica, 1968), quien ejerció como director creativo entre 2012 y 2015.

Mientras una voz, mediante las palabras del mismo Christian, nos va relatando el proceso creativo de su primera colección, presentada en 1947, el documental sigue el proceso de Raf diseñando y produciendo su propia colección debut en Dior, a lo largo de 2012. ¿Cómo respetar una tradición como la de Dior, y al mismo tiempo aportar un cambio personal? Esta es una pregunta fundamental para alguien como Simons, cuyo estilo se caracteriza por su contemporaneidad, y por su relación estrecha con el arte callejero y abstracto del nuevo milenio. ¿Cómo volver a ese famoso y determinante New Look* de Christian, pero adecuándolo al nuevo milenio?

“Le gustan mucho los bolsillos” dicen algunas de sus trabajadoras, haciendo énfasis en esta novedad que para ellas trae Raf a la Maison Dior: una “feminidad” como la concebida por el fundador, sólo que práctica, no cargada, adaptada a una mujer occidental moderna en un mundo por el cual se desplaza de forma activa, y en el cual ya no sería más una persona pensada como de decoración o contemplación.

Sin embargo, con el fantasma de Dior presente tanto en la Maison como en los pensamientos de aquellas trabajadoras y costureras que trabajaron allí toda su vida, Raf no puede hacer otra cosa que honrarlo, inundar las paredes de flores; flores como las que la madre de Christian tanto cuidaba y quería, las flores que tanto lo influenciaron. Por allí caminarán sus modelos usando el choque entre 1947 y 2012, entre flores y graffitis, entre Christian y Raf.

Rocio Molina Biasone

rociomolinabiasone@caligari.com.ar

 

* New Look es como fue llamado el nuevo estilo de ropa femenina que Christian Dior concibió en la posguerra (1947), y que lo convirtió en la celebridad que fue y es. Un retorno a las formas, colores y motivos que se relacionaron siempre con la “feminidad” antes de la Segunda Guerra Mundial, y de que la moda tomara los tonos oscuros y opacos, y las formas rectilíneas del uniforme que caracterizaban los vestuarios de ese período. Pasteles, flores, y glamour fue la fórmula de Christian Dior para un giro inesperado en la moda femenina; giro que, en el ámbito de la indumentaria, significó un antes y un después.

Dior and I