Un círculo es una cárpula con muchos payásulos. Días de circo (2018), de Ariel Soto

Agustina Osorio 12 - Septiembre - 2018 TextosFoco: FIDBA 2018 - Festival internacional de cine documental de Buenos Aires.

 

Nigua, un hombre joven boliviano, viaja por la ruta en su moto-taxi. Nos cuenta que está bien, trabajando y animando cumpleaños de vez en cuando.
La cámara corta y comienza el conteo: día 1. Vemos a varios hombres armando la famosa carpa circular que será escenario y hogar de la familia circense. Los días pasan y, de a poco, el predio se va llenando de viejas lonas, banquetas, gradas y trapecios caseros. Nigua, el dueño del circo, se pinta la cara junto a sus compañeros payasos para salir a recorrer el pequeño poblado rural, promocionando el espectáculo.
El Circo de Nigua presenta dos espectáculos en uno: circo y teatro, teatro y circo. Acérquese familia!, promociona uno de los payasos a través del megáfono en el auto.
El documental de producción argentina-boliviana, nos lleva con Nigua y su circo, durante el mes de temporada, mientras él y su familia comparten con nosotrxs el sentido de la vida en el circo.

Familia circense:
Uno de los aspectos que se repite a lo largo del relato, es este concepto amplio y diverso de la familia. En una clara elección deliberada, en ningún momento, se nos aclara qué parentezco tienen lxs miembrxs del circo. Solo sabemos sus nombres, edades y especialidad en el espectáculo; es decir si son payasxs, trapecistas, bailarinxs, etc. Así como tantas veces hemos escuchado hablar de las familias circenses que conviven y viajan juntos durante años, esta historia es fiel a la tradición.
Los testimonios de quienes participan de esta vida de espectáculo coinciden en dos aspectos que se relacionan. Por una parte, en esa idea de familia amplia en la que se pueden mezclar amigxs, colegas y lazos cosanguíneos. Por otra, en que esa vida tan particular, solo es comprendida por quienes la comparten, lo que convierte al circo no solo en una familia, sino casi en un micro-mundo un poco endogámico, con sus propias reglas, códigos y un gusto especial por moverse de un lugar a otro “haciendo reír a la gente”.
Una chica de 15 años, cuenta que su padre estaba en contra de que ella y su madre se unieran a un circo y que incluso intentó quitarle la tenencia, a pesar de no haber estado presente durante su niñez. Nigua encuentra sentido en disfrazarse y hacer reír como payaso o vestido de mujer; lo que le ayuda también a dejar atrás una infancia poco feliz, sin sus padres. Su cara pintada de blanco y rojo se pone seria en la oscuridad de la carpa. El relato en off sigue mientras gira, agarrado de un trapecio, lo que logra un efecto de alternancia en su cara, casi como las máscaras de teatro.
La tristeza y la alegría conviven en un mismo espacio redondo...

Los días de circo en un poblado rural de Bolivia están lejos del “Cirque du Soleil”. El piso es de tierra, las lonas son de diferentes colores, tiene agujeros y se nota el paso del tiempo. Las gradas son tablones precarios y las torres están hechas con postes que apenas sobreviven a un temporal. Así todo, la familia de Nigua, se prepara cada noche para recibir a lxs espectadorxs. Allí, nuevamente, se vuelve a ampliar la noción de familia, mientras Nigua deja pasar a una madre con muchxs hijxs, con tan solo dos boletos.
La mezcla de roles hace que Nigua pierda plata ya que, sus empleadxs, son además amigxs y hermanxs, por lo que le da pena cobrarles las “multas”, cuando cometen un error o se olvidan de hacer parte del espectáculo. Él es dueño pero también payaso. Es líder pero también reconoce que está aprendiendo. No sabemos si es un padre biológico, pero lo vemos presentando a una quinceañera en su fiesta.
Aquí, las líneas que definen y separan los roles y funciones, están borroneadas.

Un sueño redondo:
Nigua habla de esfuerzos, planes, superación de obstáculos pero, sobre todo, de sueños y ambición. Una ambición que tiene que ver con comprar una carpa nueva y salir de gira. Un sueño que busca llenar un anfiteatro gigante. Mirá si se hiciera realidad mi sueño, dice incrédulo.
La cámara no se mueve del centro del circo ni de al lado de Nigua. Todo lo vemos desde su perspectiva, sin llegar a saber si estos sueños son demasiado grandes para su circo. Este protagonista quiere llegar a las grandes ciudades, habiendo ya recorrido poblados. Quiere jugar en las grandes ligas. Pero el documental no muestra cuál es esa liga en Bolivia. Si bien hay diferentes testimonios, todos se dan en este pequeño mundo circular que, como tal, tiende a mirar hacia adentro.
La carpa, por su parte, cobra un protagonismo especial, al ser el cobijo de esta comunidad. Es retratada de manera tal que se destacan sus efectos de luces y sombras, que hablan de su contención y precariedad simultáneas.
Esa circularidad particular del circo y la carpa se repite en la narración del documental ya que, hacia el final, vuelve aquella moto-taxi para cerrar la rueda de esta historia. Al menos hasta ahora...
Días de circo nos invita a observar el tras-bambalinas de ese mundo totalmente ajeno para muchxs de nosotrxs, acercándonos a su cotidianeidad con escenas cálidas, por momentos pintorescas, pero que claramente fueron trabajadas con esmero y amor, como el mismo “Circo de Nigua”.

 

Agustina Osorio

agustinaosorio@caligari.com.ar

Días de circo