El artista ¿héroe nacional?. Detrás del mito (2015) de Marcelo Rabuñal.

Manuela Rímoli 9 - Agosto - 2016 Textos

 

La mente del espectador (que muchas veces no puede disociarse del corazón) tiende a creerle ciegamente -¡qué paradoja!- al artista creador. Cuando observamos una fotografía de una figura humana sabemos que ese sujeto estuvo frente a la cámara y por ende, existió. Ahora bien, al ver a Napoleón montando su caballo en el célebre retrato realizado por David 1 no cuestionamos la existencia del emperador francés como tampoco la apariencia con la que se nos presenta en dicha pintura. Hasta hace pocos años, durante lo que algunos pensadores del arte denominaron “la era del Arte”2 (el cambio se produce con las vanguardias en Europa, incipientes en el último tramo del siglo XIX –por ejemplo, el Impresionismo- e intensas en los albores del XX –Futurismo, Dadaísmo, para mencionar sólo dos ), las obras pictóricas debían ser como “ventanas”, el marco del óleo era análogo a un marco de ventana; es decir, aquello que se representaba en la pintura era tan realista que el espectador podía pensar que estaba admirando un paisaje (o retrato) verdadero. Entonces, podríamos hallar en este paradigma la razón (o una de las razones) por la cual solemos creerle a las imágenes. Sin embargo (¡atención!), no a cualquier tipo de imagen. Esto sucede, particularmente, con las obras pictóricas previas al invento del daguerrotipo y la fotografía. Creemos en esa imagen como creemos en la foto que tenemos de algún ser querido.
Pero ¿qué ocurriría si descubrimos que en el óleo “Batalla de Caseros al final del combate” pintado por el pintor uruguayo Juan Manuel Blanes entre 1856 y 1857 en el que se representa a Urquiza en combate, hay dos (sí, dos) Urquizas? ¿Y qué si sabemos que esto fue aprobado por el mismo Urquiza? El pintor tiene en sus manos la Verdad, es casi un dios, y como tal crea.
Y como los humanos estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, según se dice, muchas veces, nos permitimos también crear. Y una de las creaciones que adoramos hacer es la de la figura heroica, el Mito, ese héroe que crece sin detenerse a lo largo de los años de existencia de una comunidad.
El mito es entonces una creación de la sociedad, pero una creación que suele generarse por conveniencias. Que existe sin embargo para ordenar el mundo simbólicamente. Es decir, los mitos son necesarios para el crecimiento de una comunidad, para su sustento e identidad. Y si bien los mitos viven en el inconsciente son muchas veces los artistas los que tienen la tarea de plasmarlos para que, cuando no se tiene suficiente imaginación o cuando la vida arremete y el mito tiende a desdibujarse, se los recuerde con nitidez. En otras palabras, para que tengan un rostro.


Con este dilema se encuentra el pintor Juan Manuel Blanes (1830-1901) cuando se le encarga el retrato de José Artigas (1764-1850), el héroe uruguayo por excelencia. De dicho héroe sólo se conservaba un dibujo en el que aparece de perfil y ya en sus últimos años de vida. Blanes se ve obligado a reconstruir ese rostro (e incluso el cuerpo entero) a partir de ese anciano perfil pero rejuveneciéndolo. Deberá representarlo en sus años de héroe revolucionario activo ya que se le pide que represente, justamente, a “un héroe nacional” y no a un anciano. Es en este instante cuando la creación del mito comienza a cobrar una identidad más allá de las mentes (uruguayas en este caso). Ahora tendrá un rostro y así podrá figurar su imagen en los libros escolares de historia y en las oficinas municipales del país.
A partir de aquí, el film “Detrás del Mito” de Marcelo Rabuñal (re)construye con dinamismo y de manera certera “el romance” de la sociedad uruguaya con Artigas y, paralelamente, el proceso de creación de toda figura mítica. Y si bien todo se sustenta con información histórica, el foco está puesto en este proceso de producción a partir de la mano creadora del artista (uno de los artistas que reflexiona sobre Artigas afirma que el prócer es la Marilyn Pop3 de Uruguay).

Que en el film se le dé a los niños en etapa escolar, a J. M. Blanes y a Stephen Mancusi (artista forense estadounidense clave para este mito uruguayo) la misma importancia que a la figura de Artigas, deja en claro el carácter colectivo del mito; cada integrante de ese colectivo será una pieza fundamental en la configuración de dicha identidad mítica. “Detrás del Mito” además de ser una interesante y profunda (sin dejar de ser fresca y ágil) reflexión sobre cómo el arte dialoga con la sociedad y logra convertirse en la fibra fundamental que sostiene la identidad de un grupo social, también puede “leerse” como un mensaje sutil para los artistas contemporáneos, que tienen en sus manos el futuro mitológico de la humanidad y que, a veces pareciera, no son conscientes de su importancia.

Manuela Rimoli

manuelarimoli@caligari.com.ar

 

1 “Napoleón cruzando los Alpes” 1801, óleo sobre lienzo, 227 x 230 cm. Jacques-Louis David (1748-1825) Actualmente en el Museo del Louvre en París.

2 Danto, Arthur C. (2012) “Capítulo 1: Introducción: moderno, posmoderno y contemporáneo” en “Después del fin del arte. El arte contemporáneo y el linde de la historia” Bs As, Argentina, Ed. Paidós.

3 Se está haciendo alusión a la famosa obra de Andy Warhol (1928- 1987) “Las cuatro Marilyn” (1962), serigrafiado sobre lienzo, 73,6 x 60,9 cm (Colección Sonnabend)

 

Detrás del mito