Una metáfora rumana. Comoara(2015), de Corneliu Porumboiu

Juan Pablo Barbero 7 - Junio - 2016 Textos

 

Después de Policía-Adjetivo, una película que narra una persecución lenta y constante, donde no accionar se vuelve político en un contexto que está en transición, Corneliu Porumboiu deja caer la noche en su filmografía y realiza un trabajo sumamente experimental, donde sus memorias se relatan en un partido de fútbol y la única intervención como director es su voz sobre imágenes que no le pertenecen. Llega con “El tesoro” y vuelve a retomar la ficción en este último trabajo donde parece sellar el cemento de aquel castillo rumano que se afirma en la cinematografía mundial. Sus contemporáneos están haciendo lo mismo: Cristi Puiu, Radu Muntean, Cristian Mungiu; no hay que olvidar que el cine rumano estuvo mucho tiempo callado y estas nuevas voces gritan sutilmente “revolución”. La revolución nos lleva a un régimen anterior y aquel cine que parecía no encontrar forma, ahora ya está consolidando y con grandes exponentes. En el último  festival de Cannes se presentó “Sieranevada” y “Bacalaureat” esta última obteniendo el premio a mejor director, y entonces hay que pensar que Rumania ganó otro premio y eso consolida más esta idea de un cine en conjunto, porque es inevitable pensar el diálogo entre todas estas películas que en fondo y forma siempre están unidas.

 

Una historia como siempre minimalista, sutil y con pocas ansias de ser un film hollywoodense, “El tesoro” se encuentra en una línea narrativa que va siempre hacia delante, no le es necesario elementos ajenos al presente, porque el ayer formó el hoy, pero el hoy es lo que importa para encontrar la unidad cinematográfica. Nunca un flashback narrativo. Los recuerdos son a través del habla cuando se remite al pasado como forma de testimonios como en la increíble “12:08 Bucarest” del mismo Porumboiu. Pero en “El tesoro” parece ni siquiera necesitar eso, porque hay que comprender a las películas como una pieza de un todo que es la filmografía y esto ya deja huellas a las que no hay que volver a pisar y seguir caminando hacia delante. Por eso acá no necesita ni siquiera remitir a la alegoría, ni tampoco a los clichés para dar a entender la fuerza de lo político, sino que a través de una pequeña historia de una búsqueda del tesoro, ya parece remitirse a un juego de relaciones sociales de producción, para ponerlo en términos marxistas.

Los personajes, silenciosos, buscan cambiar su presente, una búsqueda insólita donde tiene capas del absurdo, su duración sobre todo es lo que siempre dejó en claro Porumboiu, que las cosas tienen que durar para que encuentren su forma, el sonido del detector de metales nunca estuvo tan presente en la historia del cine y en una película que se llama El tesoro, la búsqueda es lo importante, como lo fue en todas sus películas anteriores, pero en esta parece de alguna forma metaforizar su cinematografía sin acudir a metáforas. Porque si sus anteriores películas se trataban de un policía que debía encontrar pistas para encarcelar a unos jóvenes; o una búsqueda de testimonios del pasado. La búsqueda para encontrar el tesoro es encontrar la forma que lo vuelve singular y es este silencio, esta perseverancia, esta sutileza al narrar lo que le permite a Corneliu Porumboiu hacer de su cine un lenguaje propio que le da voz a una cinematografía que está en su apogeo de gritar tras tanto tiempo estar callada.

 

Juan Pablo Barbero

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Comoara