La voz de la soledad. Chavela (2017) de Catherine Gund y Daresha Kyi

Rocio Molina Biasone 8 - Junio - 2018 Textos

 

 

≪Y volver volver volver
a tus brazos otra vez;
Llegaré hasta donde estés;
Yo sé perder, yo sé perder;
Quiero volver, volver, volver.≫


Volver, volver, compuesta por Fernando Z.

Maldonado; interpretada por Chavela Vargas.

 

Hacer documentales no es tarea fácil. Menos aún cuando se intenta retratar la vida de una persona, de alguien excepcional, pero a la vez, real y tangible. Se está constantemente en riesgo de que la estructura no resulte atrapante, de que la trama se vuelva repetitiva, o de que el único atractivo del filme sea la relevancia de la retratada, y que la forma se convierta en informativa en vez de artística.
Pero las directoras de este documental, Gund y Kyi, construyeron su película de forma que al espectador no le quede opción alguna más que entregarse a eso que Chavela Vargas hacía mejor que nadie: la seducción. Una mujer de un carisma único y brutal, de un vestir y un cantar subversivo, mujer alejada de lo ‘femenino’, mujer que gozaba junto y amaba a otras mujeres. Son muchas las historias de mujeres así, extraordinarias, históricas, talentosas, que están llegando a la pequeña y a la gran pantalla. Hay quienes sospechan una “moda”. Pero yo prefiero pensar que detrás de ola de personajes femeninos y/o disidentes en el séptimo arte, hay una especie de deuda: personas a las que el tiempo y la historia, escrita desde una perspectiva que poco tiene de objetiva, han borrado, ignorado, o utilizado según más les convenía.


En esta película, Chavela no es solo el objeto en cuestión. Ella es la pantalla entera. Su presencia, como su voz y sus canciones, inunda la atmósfera, y no queda nada más allá de su sentir, su tristeza, y la catársis que le fuerza a hacer a unx. Tristeza, dije, porque como suele ser el caso de muchas grandes personalidades del arte y la cultura, de allí viene Chavela. La absoluta falta de amor paternal y maternal hacia su hija ‘rara’ —falta de amor que se transformaba en rechazo, en vergüenza, en aparentar la no existencia de esa criatura única— sería el mal que la marcaría por el resto de su vida, de sus relaciones, de su carrera, de su enfermedad. Sola, siempre sola.
El documental es sobre Chavela, pero a través de ella atravesamos todo el mundo artístico de su época, así como sus vínculos románticos varios, lo controvertido de éstos, las diferentes perspectivas, la imposibilidad de conciliar a una resentida Chavela con la visión de la mujer que amó, quien no pudo lidiar hasta el final con el mayor defecto de la “señora”, su peor enemigo, el alcoholismo. Esta enfermedad fue el cáncer que causó su aislamiento de décadas, y la remisión, dejar la botella de tequila, le permitió llevar a cabo su victorioso regreso. Y así, el mundo le estuvo por siempre agradecido por haber dejado, por algunos años más, de buscar el espíritu líquido, para poder dar todo su alma en el escenario.

Rocio Molina Biasone

rociomolinabiasone@caligari.com.ar

Chavela