Un amor singular. Carol (2015) de Todd Haynes

Carla Leonardi 4- Febrero - 2016 Textos

 

La belleza de la imagen:

“Carol” (2015),  es un melodrama del director estadounidense Todd Haynes, que narra la historia de amor entre dos mujeres en los años 50. Es una película que encuentro muy interesante para pensar cuestiones relativas al amor y a las diferentes posiciones femeninas. 

Retratar el amor entre dos mujeres, no es una novedad, y de hecho, la película de este estilo más resonante y controvertida de los últimos tiempos, fue la francesa “La vida de Adele” (de Abdellatif  Kechice, 2013). Allí el foco estaba puesto en la carne, en la faceta visceral de esa relación; destacando con planos detalles la boca de Adele, a la vez que las largas escenas de sexo llegaban al punto de volverse tediosas; al no haber un corte que pusiera límite a lo ilimitado del goce femenino en juego.

En contraposición a esa película, aquí el director Todd Haynes maneja los tiempos, los planos, la fotografía y la música  con una sutileza y exquisitez cercanas a lo sublime, que resulta imposible no quedar cautivados por ella.

En los planos urbanos en cafeterías, o en habitaciones de hotel en la ruta; Haynes se tomará su tiempo y manejará la paleta de colores y la iluminación, capturando esa atmosfera de tristeza, aislamiento y soledad que embarga a las protagonistas y que evoca a las pinturas del pintor estadounidense Edward Hopper.

El uso de la música jazz, (se destaca el tema “Easy living” de Teddy Wilson y Billie Holliday) y de los silencios, acompañando las imágenes, marcará suavemente la temporalidad del deseo y la complicidad que se irán desarrollando en la pareja en cuestión. Por eso, en la manera como Haynes nos cuenta la historia,  se acerca más a “Con ánimo de amar” (Wong Kar Wai, 2000), que a la francesa ya mencionada.

La reconstrucción escenográfica, de vestuario, y de costumbres de la época, señala con acierto el contexto opresivo y contenido en el que se desarrollará la historia; pues de haber elegido el camino de situar la novela de Patricia Highsmith que tomó de base (El precio de la sal, 1951) en la época actual; el efecto no habría sido el mismo. Hoy habría una apariencia de mayor libertad en el modo como se vive la sexualidad, y especialmente la homosexualidad femenina; pero al ambientar la historia en la época en que fue concebida la novela, Haynes permite que desde el pasado nos interroguemos cuánto de aquellos prejuicios continúan hoy vigentes, así como qué de aquellos valores, sería interesante recuperar para el presente.  


La mirada indiscreta:

La película inicia con una reja, y el nombre de Cate Blanchett impreso encima, dato que anticipa lo que vendrá. Y es que la dificultad para vivir libremente su sexualidad, será la nota característica de Carol, el personaje que  encarna Cate Blanchett de manera magistral.

La narración es clásica, comienza por una escena  donde dos mujeres conversan en una suntuosa confitería. Desde la subjetiva de Jack, un ex compañero de trabajo que reconocerá a Therese (Rooney Mara en una excelente actuación); irrumpiremos de manera inoportuna en esa conversación, cuyo contenido desconoceremos hasta el final.  Jack  invitará a Therese a sumarse a los amigos a quienes espera para ir a la fiesta de Phil, y Carol anunciará que irá a hacer unas llamadas.

En esta escena, ambos mujeres llevarán colores, sobrios y apagados (Carol vestirá de gris, y Therese de negro) reflejando la tristeza y la nostalgia, que luego entenderemos como vinculada a un amor que en otro momento no pudo ser.

Luego veremos a Therese desde dentro de un auto, que ve a Carol afuera; y mientras llueve, elemento melodramático por excelencia, que da lugar a la nostalgia. Y ahí entonces, mediante el recurso al flashback, recorreremos la historia que llevó a esas dos mujeres a darse cita en ese lugar.


Mujer soltera busca:

Therese Belivet es una joven, que se encuentra buscando su lugar como mujer. Vive sola, trabaja en la sección de juguetería de una gran tienda, pero le gusta la fotografía, a la cual se dedica como aficionada, retratando principalmente paisajes u objetos. Por otro lado se encuentra de novia con Richard, quien trabaja en la misma tienda. Richard quiere realizar un viaje a Europa con Therese, y casarse con ella, proyectos en los cuales Therese no se mostrará entusiasmada.  Este cuadro en los años 50, ya  pinta a Therese como una mujer con otros intereses que el clásico lugar de la esposa que desde la sumisión y complacencia sostiene  a su hombre. Y será en medio de esta coyuntura, en los días previos a la Navidad, que su mirada se encontrará con la de Carol Aird, mientras esta última mire el tren de juguete, que tanto le gusta a Therese.  

El falo para el psicoanálisis no es el órgano peniano, sino una función simbólica. Y cualquier objeto que entre en esa función cobrará entonces valor fálico, por ejemplo: un auto, el dinero, una mujer, un hijo, etc.  Y aquí lo que media al comienzo entre las dos mujeres: el tren, es un objeto con valor fálico. Y la mirada de Therese  se desplazará de ese objeto con valor fálico a Carol.

Carol con su sombrero y pañuelo rojos y su piel; se presentará desde la subjetiva de Therese, como una mujer madura, segura de sí misma en cuanto a sus deseos; que encarna para ella el misterio de lo femenino. Therese intentará encontrar a través de su relación con Carol, una respuesta a la pregunta por enigma de la feminidad, por el goce femenino, ese Otro goce deslocalizado e innombrable, que está más allá del goce ordenado por el Falo, que es contable y acotado.

Carol irá deviniendo para Therese la causa de su exaltación amorosa. Es esa mujer a quien se le dedican canciones en el piano (“Easy living”, que habla de que es fácil vivir cuando estás enamorada) y que encenderá su mirada en la fotografía. Y así las fotos de Therese capturando a Carol, cobran el valor de una sublimación, de elevar esas imágenes a la dignidad de atisbar   aquello que está más allá de lo que se pueda expresar con palabras.


La esposa encerrada:

Carol Aird, es una mujer que se encuentra casada con Harge, con quien tiene un buen pasar económico y una niña de 4 años. Cuando Carol conoce a Therese, su matrimonio con Harge está en crisis y se encuentran realizando los trámites de divorcio. Carol, como mencioné a propósito de los títulos de la película, se siente encerrada en un matrimonio sin amor, teniendo que cumplir con el papel de la burguesa: ama de casa que cuida de su hija y  acompaña a su marido a los eventos de trabajo y fiestas familiares; rol que le disgusta enormemente. Su verdadero interés lo encuentra entregándose al goce en relaciones que mantiene con otras mujeres; pero estas pasiones no puede desplegarlas libremente debido a los condicionamientos de la época.


El dominio del macho:

Harge, en tanto hombre, se relaciona con Carol, haciendo de ella un objeto que colma su falta y porta los atributos fálicos de belleza; dignos de exhibir en sus fiestas en sociedad. Se trata de la mujer como una objeto del dominio de su tener; ´y la posibilidad de perderla definitivamente a  partir de la relación de Carol con Therese, desencadenará en él la angustia del propietario o amenaza de castración. Es desde esta angustia, que hará intentos desesperados por recuperarla y al no poder, jugará una última carta aludiendo a una “cláusula de moralidad” para quitarle la tenencia de su hija. Se trata de una lógica masculina  que al no poder sostener a esa mujer desde el amor, apela a tenerla en tanto objeto de su dominio y que se enunciaría de esta manera “Si no puedo tenerla, entonces que ella no tenga a la niña.” Se trata de un chantaje, en el cual utiliza a la niña como representante de un valor fálico que ponga límite al goce femenino de Carol. Pero que resultará infructuosa. El amor por un hombre o el deseo de hijo, no son cuestiones que se demanden por pedido u obligación; o bien están o no están.


El viaje de Carol y Therese:

Debido a la claúsula de moralidad y no poder tener contacto con su hija hasta la audiencia, Carol decidirá emprender un viaje hacia el Oeste al que invitará a Therese. La película ingresará entonces al género de la road movie y este viaje significará un viraje en la vida de cada una de las dos protagonistas.

En medio del viaje, el affaire de Carol con Therese será descubierto por un detective contratado por Harge. Y viendo peligrar su situación legal, Carol se despedirá de Therese, en una carta donde deja entrever la posibilidad en un futuro de un perpetuo amanecer juntas, pero mientras tanto interrumpiendo todo contacto.

Haberse abandonado al goce con Therese,  a sabiendas de la cláusula de moralidad, es un punto que sitúa a Carol encarnando el goce femenino sin amarre al falo; pues entregándose al goce, descuida a su pequeña hija. El cambio de posición de Carol, se expresará en la audiencia de mediación y pasará dejar de fingir el papel de  esposa para mantener cerca a su hija  y  por sincerar su posición homosexual. Dejará de vivir ocultando sus propios deseos y asumirá que lo mejor para su hija será que esté con su padre y que ella la visite regularmente; para así poder entregarse a sus pasiones con libertad.

En cuanto a Therese; ella dejará a su novio, cuya posición se centraba en hacerla “su mujer”, (más que apoyarse en la palabra de amor.) y  emprenderá el viaje con Carol. En este viaje Therese descubrirá la cima del placer, pero también caerá en el dolor de la pérdida del amor.  El encuentro con Carol, marcará la vida de Therese. Por un lado, Carol incentivará su interés por la fotografía y la moverá a dejar su puesto junto a las muñecas, para insertarse laboralmente como fotógrafa del New York Times. Y por otro lado, encontrará su lugar por la vía del amor. Será nombrada en el amor por Carol como “Mi angel, caído del espacio”.


Una palabra de amor:

Hacia el final, entraremos en la conversación que Carol y Therese mantenían al comienzo en la confitería. Y entenderemos que se trata de un reencuentro después de cierto tiempo. Carol le contará que se separó definitivamente de Harge, y que encontró un departamento y un trabajo. Le propondrá que vaya a vivir con ella, pero Therese en principio no aceptará la propuesta. Carol insistirá invitándola a cenar a otro lugar, pero el silencio de Therese delatará que no irá. De la boca de Carol, surgirá un “Te amo.” y será justo tras ese instante, que Jack interrumpirá la conversación.

Therese irá a la fiesta de Phil, pero finalmente se presentará en el restaurant ante Carol, en un encuentro de miradas como cuando se conocieron. Que Carol le haya dicho a Therese “Te amo”, no es un detalle menor, sino que será por eso irá a buscarla al restaurante. Y es que se trata justamente de la palabra de amor que, más allá de las cualidades y atributos que Therese pueda tener, la nombra en tanto una mujer elegida en su singularidad y logra tocar algo de lo femenino en ella.

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

Carol