La idea del “ser argentino”. Carne propia (2016), de Alberto Romero

Juan Aguirre 13 - Julio - 2017 -Textos

 


¿ES POSIBLE IMAGINAR UN MUNDO DONDE EL OJO DEL AMO NO ENGORDE EL GANADO? 

Carne Propia, es un documental dirigido por Alberto Romero, que cuenta la historia de la carne y los frigoríficos en Argentina con una peculiaridad: la historia se narra desde la perspectiva de un toro campeón de Palermo, al que le pone la voz Arnaldo André y cuyo discurso satiriza y parodia a la perfección el discurso de los que podrían ser sus dueños: gente bien, de buena familia, adinerados, hijos o nietos de los “fundadores” de este país.

El eje narrativo esta puesto en los modelos de relación entre patrones y empleados, y en cómo los primeros le pusieron un alambrado al concepto de argentinidad que deja afuera a los segundos. Lo que hay en disputa va mas allá de la jornada de 8 horas, el aguinaldo y las vacaciones. Se pelean por el ser nacional, por dónde termina el corral de “nosotros” y empieza el potrero de “los otros”. El slogan de la Sociedad Rural Argentina reza “Cultivar el suelo es servir a la Patria”. Como si ser un obrero o empleado fuera servirse nada mas que a sí mismo, como si además de la ganancia que pudiera corresponderle a aquellos que se dedican a lo agropecuario, merecieran todo nuestro agradecimiento. Si alguien dijera que vender pochoclos en la peatonal, fabricar bulones en un galpón, militar en un partido político o limpiar vidrios en un semáforo también es servir a la patria, sonaría ridículo y pretencioso. Con una frase así, los ganaderos se apropian en gran medida de la idea del “ser argentino” y a la vez cierran filas con otras clases sociales. El toro elitista ve en el peón de campo al héroe de la Pampa, lo define como un digno hombre mal pago, como si se pareciera más a un patrón de estancia que a un matarife. En este slogan puede leerse  también un guiño de los oligarcas tradicionalmente ganaderos a los pequeños productores y chacareros, los que cultivan la tierra. Esos inmigrantes que con un poco más de esfuerzo (¿o suerte?) que los otros (la chusma que trabaja en los frigoríficos) pudieron llegar a comprar o arrendar algunas hectáreas para sembrarlas. Como si les dijeran a esos chacareros: “no participan de nuestras ganancias, pero pueden participar de nuestro prestigio, de nuestra condición de patriotas. Aunque lo que le vayan a dejar a sus hijos se parezca mas a la herencia de un obrero que a la de un ganadero, ustedes son como nosotros, Argentinos con mayúscula, también acreedores de la admiración y agradecimiento de los cabecitas negras.” El relato toma como muestra tres casos, tres formas distintas en que patrones y obreros se han relacionado alrededor del trabajo en frigoríficos.  El de Pueblo Liebig, donde funcionó en su momento la fábrica de carne enlatada más grande del mundo, en torno la cual se montó un pueblo entero, ligado a un modelo bien paternalista en el cual el patrón provee todo. Da trabajo, pero también vivienda, salud, catecismo, construye escuelas y monumentos a la carne enlatada en las plazas. Un modelo que sirve de argumento a aquellos que creen que la lucha por la causa obrera y los sindicatos no son necesarios cuando el patrón es bueno. Pero la voz del toro nos recuerda lo que ellos olvidan. En algún momento mueren los padres y quienes llegan a reemplazarlos no siempre están tan preocupados por el bienestar de los trabajadores. Los habitantes de Liebig dan testimonio de esta verdad y cuentan que la única posibilidad económica que les queda después que el frigorífico fuera desguazado es el turismo.

La segunda historia, da cuenta de otro modelo, el de los patrones concediendo derechos a los trabajadores obligados por el Estado. El toro rememora el 17 de octubre de 1945, como esa fecha aciaga en que la plebe pudo remojar las patas en nuestras fuentes francesas. Toma como ejemplo a la ciudad de Berisso, uno de los epicentros de la lealtad de los obreros a Perón cuando fue encarcelado . Entre los personajes que se entrevistan está la hija de María Roldán, quien fuera la primer delegada sindical mujer de Latinoamérica. El tercer capítulo retrata a los trabajadores de SUBPGA, que tomaron un frigorífico a punto de quebrar y funcionan desde el año 2006 como una cooperativa, que de ninguna manera es ajena a los conflictos. Romero se guarda lo mas jugoso para el final y nos permite espiar una asamblea en la que los trabajadores discuten acaloradamente cuestiones como la necesidad de subir sueldos y las posibilidades de la cooperativa de hacerlo, la inflación y el reparto de tareas entre otras cosas.

Analizados estos tres modelos, el toro, emprende su camino hacia el matadero. Por un momento parece cerrar la grieta de la nacionalidad, se pregunta por el destino final de esa chusma patriótica del 17 de octubre, y le hace este reconocimiento: “yo creo que amaban a mi Argentina tanto como yo. Pobrecitos, a su manera. A su salvaje y desgraciada manera amaban a esta patria”.

Juan Aguirre

juanaguirre@caligari.com.ar

 

Carne propia