No es otro amor de verano. Llámame por tu nombre (Call Me by Your Name) (2017), de Luca Guadagnino

Lucía Roitbarg 26 - Febrero - 2018 Textos

 

Elio es un adolescente de 17 años más que atractivo: es simpático, estudia música clásica, toca varios instrumentos, compone, tiene vida social,  y hay chicas que gustan de él.  Por otro lado, sus padres lo adoran y, sobre todo, lo “dejan hacer”. Ese laissez faire  es el aire que Elio respira en su hogar. Esto y la intelectualidad académica, que atraviesa muchos de los diálogos del film, son su mundo habitual. Pasa todos los veranos en una acogedora casa de campo en el norte de Italia donde, en esa época, el padre siempre invita a un estudiante a pasar esos meses para trabajar con él.  Pero el estudiante americano de 1985, Oliver, no será un invitado más para nadie, y especialmente para Elio.


Son casi premonitorias las primeras palabras de Elio apenas iniciada la película. Mientras mira por la ventana de su cuarto la llegada de Oliver le comenta algo ofendido a su amiga: “ahí viene el usurpador”, refiriéndose a que él, cada vez que llega un estudiante, debe ceder su cuarto a los invitados de su padre.   Cuando Elio y Oliver  se conocen no parece haber motivación alguna por parte del segundo y, sin embargo, sí hay una fuerte intención de mirar y saber más por parte del primero, aunque bien disimulada. “Call me by your name” es una película de miradas, de roces, de sensualidad. El tiempo que importa a la narración transcurre cuando ellos dos se encuentran.  Y allí empiezan las transformaciones necesarias a cualquier relato.
Elio, varios años menor a Oliver, trata de ganarse la admiración de aquel, mientras que Oliver lo trata desde la seguridad y la confianza, muchas veces hasta pidiéndole cosas en tono algo imperativo. Y de a poco, lentamente, los roles empiezan a ser menos claros. Oliver tiene algo de Elio y viceversa. Algo de eso transmite el sugerente título del film. En ese ir y venir de seducciones casi imperceptibles, incluso para ellos, es que comienza la historia.
Sin la necesidad de profundizar demasiado, el director muestra que esa libertad que se respira en la familia de Elio también tiene un límite: para ninguno de los dos asumir que se atraen es algo simple. Todos sus encuentros serán a escondidas, donde nadie los pueda encontrar.  Pero lo cierto es que el director no necesita hablar de los prejuicios o la condena social a la homosexualidad,  o generar un drama con la diferencia de edad, sino que encuentra en ese ocultamiento una película. Es allí cuando nacen las mejores escenas: en la intimidad, en el secreto, en la confesión de sus miedos, en los nervios de ambos cuando están solos con una mezcla de placer, temor y felicidad.  Es en esos momentos donde juegan a intercambiarse sus nombres, en una escena de gran carga emotiva y erótica donde se dice todo y no se muestra nada.

Seguramente que la película tiene imágenes  más que reconocibles cuando se trata de contar un romance entre dos personas, donde la vida cobra color, la felicidad parece estar al alcance de todos y los personajes adquieren rasgos por momentos infantiles.  Algo de esto se puede percibir en “ Call me by your name” y no es algo fuera de lugar y hasta parece natural aquí. Pero, en este tipo de “historias de amor” hay  directores que saben cómo mostrar lo particular en lo universal, y en esta película ese particular tiene mucho que ver con la literatura y con la música. En una escena, la madre de Elio les lee a él y a su padre una novela del siglo XVI donde el príncipe debe decidir entre ”hablar o morir”. Luego Oliver habla con Elio sobre la novela y la indecisión del príncipe, como si algo de eso los interpelase a ambos.  En otro momento, Elio toca Bach en el piano y Oliver lo escucha casi anonadado, como si la música tocada por Elio lo fuese todo para él.  Todos estos relatos literarios o musicales construyen el universo y el simbolismo de muchísimas escenas. Esa suerte de cápsula estética rodea todo el erotismo contenido en el film y lo convierte en un relato de gran elocuencia, logrando así, de a poco, que también el cine resignifique el romance

Lucía Roitbarg

luciaroitbarg@caligari.com.ar

Call Me by Your Name