La vida es sueño. Café Society (2016), de Woody Allen.

Carla Leonardi Jueves 1 - Septiembre - 2016 Textos

 

En “Café Society” (2016), su última película, el director estadounidense Woody Allen vuelve a abordar el tema de los infortunios del amor. En su estructura narrativa se trata de una película que combina el melodrama, con la comedia y el género de gangsters.

La película abre con un travelling lateral de una fiesta en una mansión de Hollywood en los años 30. Allí entre celebridades y productores de la industria, brilla Phil Stern (Steve Carrell), un exitoso agente de estrellas de los grandes estudios de la época. Desde Nueva York a Hollywood se desplazará un joven Robert Dorfman (Jesse Eisenberg), abandonando el trabajo en la joyería de su padre, para ir en busca de sus sueños, con la esperanza de obtener un trabajo en la agencia del tío Phil. El tío Phil se hará rogar hasta concederle una entrevista, pero el joven logrará comenzar a trabajar realizando algunos encargos para su tío.

La historia estará contada por una voz en off (del propio director), que cual narrador omnisciente, contextuará la situación, situará el paso del tiempo e introducirá a algún nuevo personaje en la historia contándonos alguna anécdota de su pasado.  Su protagonista, el personaje de Bobby Dorfman, es un claro alter-ego del propio Woody Allen: un muchacho desgarbado, tímido, enamoradizo e ingenuo.

Al ser Bobby nuevo en la ciudad, el tío Phil, le encomendará a su secretaria Vonnie (Kristen Steward), con la cual mantiene un romance secreto, que pase tiempo con su sobrino y le muestre el vecindario de grandes mansiones de las estrellas de la industria. Vonnie es una joven que también llegó a Hollywood encandilada por las luces de los grandes estudios. Vonnie y Bobby coincidirán en su decepción por la vida lujuriosa pero vacía que llevan las grandes estrellas y entre ellos surgirá el amor.

Vonnie se verá tironeada entre la decisión de Phil de separarse de su esposa para casarse con ella y el amor jovial de Bobby, quien también querrá casarse con ella y le propondrá probar suerte juntos en Nueva York. Pero Vonnie finalmente elegirá al hombre que sabe que puede asegurarle un futuro de buen pasar económico y Bobby volverá solo a Nueva York, junto a su familia.

La familia de Bobby, es la típica familia judía que tantas veces retratara Woody Allen a lo largo de su filmografía. La familia de Robert estará formada por la madre judía (Jeannie Berlin),  quien será la que haga la ley en esa familia, descalificando permanentemente a su esposo (Ken Sott), y sus hermanos: Ben (Corey Stoll), un gánster que regentea un club nocturno, y Evelyn (Sari Lennick), una maestra casada con un intelectual comunista y nihilista. La familia de Bobby, será la que dará pie a Allen para despacharse con sus clásicos chistes sobre la religión judía, para introducir la problemática de la intolerancia entre vecinos, para dar rienda suelta a su humor negro con referencia al crimen organizado y la muerte, e intercalar también sus observaciones filosóficas nihilistas sobre la realidad.  

Nuestro desdichado Bobby encontrará refugio administrando el club nocturno de su hermano Ben y entretanto se casará con otra mujer llamada Verónica (Blake Lively). Bobby encontrará en el club algo parecido a aquellos sueños que perseguía cuando viajó a Hollywood, pues llegará a ser tan exitoso, que por su club desfilarán celebridades, políticos y gánsters devenidos en personalidades famosas. Tras la muerte de su hermano, Bobby fundará el “Café Society”, cuya fama llegará hasta la Costa Oeste, atrayendo el regreso del pasado.

El título en cuestión de la película, ese espacio donde se encontraban las figuras más importantes e influyentes de la industria cinematográfica, refiere entonces a la nostalgia de Allen por la época dorada del Hollywood de los grandes estudios. En este punto, la reconstrucción de  época a nivel de los escenarios pomposos, la fotografía, el vestuario y la música jazz resulta impecable y bella. Y lo interesante es que Allen no le da un tratamiento meramente solemne a esa época, sino que se permite en ciertos momentos parodiarla.

Vonnie y Bobby mantendrán algunos encuentros en Nueva York, pero decidirán dejar de verse. Vonnie le dirá: “Te veo y empiezo a soñar”, y los sueños, sueños son. La ética que propone la película, es una ética del deseo. El deseo es aquello que funciona como límite al goce. Como típicos neuróticos, en vez de consumar su amor, Vonnie y Bobby optarán por sostener el deseo en tanto imposible, en tanto ese amor idealizado de juventud. De este modo, se traicionan a sí mismos porque actúan movidos por determinaciones o convenciones sociales.

La superposición de planos que iguala a Vonnie y Bobby en la fiesta de fin de año, y el paneo que termina tomando a Bobby de espaldas mirando hacia el vacío del lugar de la banda de jazz, son dignas de destacar. Ambos quedan conectados en el soñar despiertos con el objeto de deseo imposible y en la profunda soledad de su existencia, a pesar de estar en pareja, rodeados de gente y hacer alcanzado el ascenso social. En este punto muestra Allen su faceta melancólica y nihilista en lo que hace a los asuntos del amor.

A sus 80 años, Allen nos entrega una película nostálgica, de personajes conservadores, y que tiene todos los trazos y clishés que permiten identificarla como una película típica del universo “alleniano”. Y si bien hay cierta ligereza en el tratamiento que Allen le da a los distintos temas que aborda y uno podría decir que no está la altura de sus grandes realizaciones, “Café Society” es una producción digna dentro de lo que uno puede encontrar hoy en cartelera, por la belleza de sus planos, la adecuada interpretación actoral y ese uso del humor tan especial. Y ante todo, porque Allen sabe que de ficciones también vive el hombre y nos confirma que sigue siendo un gran narrador de historias. 

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

Cafe society