Planteamiento universal. C'est arrivé près de chez vous (1992), de Rémy Belvaux, André Bonzel y Benoît Poelvoorde

Ian Quintana 8 - Febrero - 2018 Textos - Foco: VIII festival online MyFrenchFilmFestival

 

En su Filosofía de la Composición, Edgar A. Poe, plantea que para lograr una obra perfecta es necesario que el autor conozca ante todo el desenlace de la historia que va a narrar, así como también el efecto o la impresión que espera surja en el receptor de la obra. Conociendo estos dos ejes desde la concepción de la idea, el autor podrá encontrar la forma perfecta  e ideal para la historia o temática que quiere trabajar. Si bien Poe sólo hace referencia a la creación literaria o poética, esos dos ejes pueden funcionar para cualquier creación artística. En nuestro caso la película francesa dirigida a seis manos, Ocurrió cerca de su casa (1992), logra trabajar uno de los ejes de manera sumamente original y propia, mientras que el otro eje pierde fuerza durante el transcurso del metraje. La forma de la película es de lo más emblemático y genuino, así como también el tema que aborda: registra el día a día de un carismático asesino en serie que es registrado, a su vez, por un grupo de tres jóvenes reporteros. Éstos filman los asesinatos, los robos, las torturas y violaciones que ejecuta deshumanizadamente Benôit Poelvoorde, personaje y actor, a quien acabarán ayudando y asistiendo cuando él lo necesite. Los directores de la película (dos jóvenes reporteros y Benôit) parecieran conocer muy bien el efecto que buscaban generar en el espectador con su obra. A través del falso registro documental, cuyo tratamiento visual completamente crudo y seco se aproxima al cinema verité, los autores posicionan al espectador en un lugar incómodo y molesto en el cual lo humorístico y lo repulsivo cruzan delgadas líneas éticas. Porque rápidamente quedan claros los lugares, personajes y situaciones que nos quieren plantear: el personaje que interpreta Benôit Poelvoorde, no es cualquier asesino; es un intelectual, un poeta, un teórico del asesinato. Benôit consigue una realista y original interpretación de su personaje quien logra empatía con el espectador a través de sus hilarantes chistes, de sus improvisados poemas o del cariño y la confianza con que trata a los reporteros que lo acompañan. Si no fuera porque sus chistes son contados mientras arroja cuerpos muertos al agua, o porque sus poesías son recitadas frente a las vísceras de una mujer inocente, hasta podríamos llegar a quererlo. Pero todo ese humor ácido y crítico, si bien logra construir el impecable universo del film y sumergirnos en una sociedad absurda donde el asesinato no es horroroso,  pierde fuerza a medida que avanza el metraje y con ello, nuestro afecto al protagonista. Benôit está más cerca del orgullo y la presunción de Mickey Knox (Natural Born Killers, 1994) que de la víctima social en que se convierte Alex DeLarge (Clockwork Orange, 1971) y por lo tanto su simpatía se transforma lentamente en repulsión. Esta dicotomía se hace presente en toda la película y por ello estamos frente a una obra de difícil clasificación: vemos un documental que no es documental; un equipo de reporteros que en realidad son los directores del film que estamos viendo; un personaje en extremo simpático pero que puede asesinar a cualquier persona cuando menos lo esperamos; oímos chistes, escuchamos poesías pero vemos sangre, muerte y vísceras. Es ésta la parte más interesante del film. En dónde los autores logran exponer en su película  una clara crítica social. Asistimos a un universo en que nada es lo que parece y en el cual las personas son indiferentes, apáticas y frías. Una sociedad deshumanizada e insensible que ve el asesinato como una profesión o un arte y que a través de los medios justifica el horror y el miedo constante producto de la vida en sociedad. Una clara crítica a la difusión mediática, al respaldo periodístico y al espectáculo de la violencia como alimento de las masas, cuyo último cómplice es el espectador, que observa la película e impasible espera a completar los noventa minutos de cinta.
De esta manera la historia se abre paso y entendemos sus códigos y lenguaje. Los directores se permiten ciertos juegos técnicos de cámara y micrófono que son notables. Se gesta paralelamente una historia de cine dentro del cine. Los técnicos pasaran delante de cámara para convertirse en personajes de la historia y revelarán muy pronto sus miedos frente a todo lo que observan así como también su lado oscuro y siniestro, alcanzando el lugar de cómplices de los asesinatos y hasta de actantes. El tratamiento blanco y negro, con una imagen sucia y sórdida; la cámara en constante movimiento, vertiginosa y acelerada, funcionarán en conjunto con el guión hasta el tercer cuarto de película. Luego de ello veremos cómo los personajes, los diálogos y el guión se estancan lentamente. Luego de haber conocido a Benôit, y a sus reporteros amigos; luego de que vivimos con ellos tres, cinco, ocho asesinatos; luego de escuchar cómo se mata, a quién y por qué, cómo se esconden los cuerpos y se limpia la sangre; luego de todo ello volveremos a vivir las mismas situaciones con otros cuerpos, en otros lugares, con otros métodos, una y otra vez hasta el cierre de la película. Se genera así una monotonía en el relato, repeticiones que no hacen avanzar a una trama ya conocida y a personajes y situaciones que se tornan predecibles. Encontramos aquí el eje disfuncional para construir la obra del cual Poe no estaría orgulloso. Porque en esta película la idea embrionaria y la forma con la que se creó esa idea mantienen una originalidad única y exclusiva pero los autores no supieron cómo mantener a flote la historia y sus personajes y llevar todo ello a buen puerto. Son, sin embargo, más sus virtudes que sus defectos y la originalidad de la obra sobrepasa su monotonía final.
Una película que con los años se ha convertido en una obra de culto y cuyos directores no volvieron a aparecer en escena. Una película que a nadie dejará indiferente y cuya historia, si bien absurda y grotesca, permite un planteamiento universal que afecta directamente nuestro interior. Una película para sentarse a observar los límites del cine y de la representación documental así como también nuestros propios límites éticos y morales.

Ian Quintana

ianquintana@caligari.com.ar

C'est arrivé près de chez vous