Un triángulo de cabeza. Bronce (2013), de Claudio Perrin

Juan Pablo Barbero 28 - Enero - 2017 - Foco: Ciclo de Cine provincial en San Javier, provincia de Santa fe

 

Cuando una historia funciona como un triángulo al revés, se la denomina mayoritariamente como un embudo, ya que nunca damos vuelta un triángulo y siempre lo vemos con un vértice arriba y los otros dos como base, un embudo filtra, Bronce no filtra nada, todo lo contrario, por eso me gusta mucho la idea de un triángulo de cabeza para hablar de esta película santafesina que abre este ciclo (Ciclo de Cine provincial en San Javier, provincia de Santa fe). Un triángulo de cabeza va de lo grande a lo pequeño, parecido a un aplauso, algo abierto, que se cierra en el choque. Un triángulo de cabeza primero grita para después susurrar, escupe para después llorar. Un cementerio gigante, con miles de nombres en placas de bronce para luego encerrarnos en una pequeña casa con los recuerdos de infancia de quienes añoran lo que fue y no va a volver a ser. Dos personajes que llevan más muertos dentro que todo el cementerio.
La película cuenta el día de dos hermanastros profanadores de nombres que necesitan del dinero para volver a empezar, o quizás terminar, como sus fantasías quisieron porque Bronce no es una película de dos ladrones, sino una película de profanadores ya profanados, quitados de sus presentes y ubicados en su pasado, una casa que no tiene hoy sino todo ayer. No se trata de esquivar el conflicto, sino que el conflicto está en otro lado, lo que parece el conflicto (los dos vértices superiores del triángulo de cabeza) se va como un barco en el agua que los personajes ven pasar por su ventana durante su estadía juntos, lo ven pasar como todo lo que pudieron ser y no fueron, y lo que queda… lo que queda son los fantasmas, los fantasmas de esos miles de muertos en el cementerio aplastados en un aplauso que se convierten en recuerdos familiares, en lágrimas y discusiones, en nostalgia no pulida por eso el bronce no brilla. Un triángulo de cabeza en vez de contarte la historia de dos ladrones se centra en los detalles, prefiere la lágrima al disparo, el tiempo a la acción, la espera que todo lo destruye porque todo lo trae. De eso trata la historia de estos dos ladrones: de todo lo que trae el tiempo mientras esperan cobrar el dinero; y ahí te das cuenta que no son ladrones, sino simples víctimas del reloj.
Un triángulo de cabeza primero te dice y después se calla: pero en la sutileza del silencio, en lo silencioso de la verdad, en lo verdadero de una historia, lo que importa no es lo que brilla sino lo que se conserva en el tiempo, por eso hablar de cementerios, no es hablar de muertos, sino de lágrimas. Hablar del bronce no es hablar del brillo, sino de su duración. Hablar de hoy es hablar de ayer.

Juan Pablo Barbero

juampabarbero@caligari.com.ar

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