“Todos nos contamos cuentos”. Once upon a time in Anatolia (Bir Zamanlar Anadolu’da, 2011) de Nuri Bilge Ceylan

Rocio Molina Biasone 12 - Julio - 2016 Textos

 

Si tuviera que identificar el hilo argumental que atraviesa el largo de la trama de este film, así como su atmósfera, no me referiría a un crimen, ni a una serie de dilemas morales, sino esa desesperada predilección humana por las fantasías y el misterio.

El título mismo nos hace pensar en el comienzo de una fábula, pero lo fabuloso en este relato no se encuentra en elementos sobrenaturales; más sí en las particularidades de ese desértico paisaje de Anatolia, la famosa región turca, en características semi-ocultas de cada personaje, en sucesos que se rodean de un clima místico y, sobre todo, en las intensas penumbras de aquella noche.

Gece (noche)
La película de Nuri Bilge Ceylan transcurre mitad de noche, y mitad de día. Lo primero que llamó mi atención fue la forma en que el director logra transmitir una perturbadora sensación de misterio, mientras que narra el lado más burocrático y monótono de un crimen. El argumento en sí es una búsqueda un tanto absurda de un “algo”, que al principio no se menciona, pero que el espectador inevitablemente asocia a un cadáver. Tres vehículos llevan a dos sospechosos de un homicidio a buscar el cuerpo que han enterrado. Buscar, eso es, porque ni ellos parecen acordarse de dónde fue que lo dejaron.

Creo que puedo afirmar que es la primera vez que veo una película sobre un homicidio, en la cual éste no sólo ya ocurrió sin que nada se nos muestre del momento de su concreción, sino que directamente la trama no se basa en nada más que en la búsqueda a regañadientes de ese cuerpo y, posteriormente, su autopsia. Ceylan supo hacer que eso sea más que suficiente.

No es sólo una noche tormentosa en medio de la nada lo que nos hace sentir impotentes, ignorantes, y temerosos ante tan poca visión. La verdad es que tampoco sabemos ni entendemos demasiado de las acciones que se desarrollan. El director se vale de múltiples escenas y planos en los que escuchamos más de dos o tres voces con claridad, pero sin ver quiénes las emiten, ya sea porque estamos demasiado lejos de los personajes, porque éstos nos dan la espalda, o porque se encuentran fuera del encuadre. Pero incluso luego de superar estos obstáculos, seguimos encontrándonos perdidos en esos diálogos que, como suele ser el caso de conversaciones auténticamente realistas, no transmiten más que pedazos dispersos de información.

Cada uno de esos hombres está ahí cumpliendo su función: el asesino, el cómplice, el policía, el fiscal, los soldados, los choferes y el doctor. Un número de personas que parece excesivo se adentran en un misterio, pero que para ellos es pura molestia, horas extra de trabajo.

Lejos de que todo se vaya esclareciendo durante el desarrollo de la trama, lo único que se nos aclara es lo mucho que ignoramos: respecto al asesinato, a su causa, a su sospechoso, a esos hombres, a su cultura, a sus pasados, a cómo funciona el mundo y si realmente existe sólo lo que puede verse y tocarse.

El doctor es, entre todos, el personaje que va ganando mayor protagonismo, aunque no se puede decir que la película tenga un punto de vista. Más aún, el punto de vista podría decirse “divino”, porque podemos estar observando desde muy alto pero escuchando las voces a la perfección, y luego encontrarnos a pocos centímetros del rostro del supuesto asesino sin escuchar nada de lo que se habla a centímetros de él. Narrador cinematográfico completamente omnisciente, si los hay. No hay nada que escape a su percepción. Lo que sí puede suceder, es que elija no compartirlo.

¿Será que los humanos somos demasiado débiles para la verdad?

La noche que pasan en la casa del alcalde trae a cuenta las escenas de mayor fantasía de la trama. Fantasía psicológica, claro está, porque se adentra en la perspectiva de cada hombre, sus reacciones ante el apagón, y ante la mujer misteriosa que llega en un aura de velas para darles algo de luz, y algo de té. En ese silencio fantasmal, el doctor queda maravillado con esa presencia, mientras el supuesto asesino ve a su amigo muerto, y el fiscal parece atormentado de tristeza por la posibilidad de que un suceso trágico en su pasado tenga, después de todo, una explicación racional.

Gün (día)
El día llega para romper con la belleza de ese misterio nocturno. Llega para tratar de esclarecer, pero termina por encontrar a personajes que se resisten a hacerlo. Descubrir el cadáver es terminar con una búsqueda que finalmente no encuentran ánimos para concluir. Se deja más en evidencia todavía la burocracia y aquellos detalles que el film noir siempre mostró como inmanentes a una escena del crimen, sin cuestionarlos: que un cadáver atrae animales; que un cadáver necesita ponerse en una bolsa, y lo que pasa si esa bolsa quedó olvidada y no está; que atar un cuerpo de esa forma parece inhumano, pero que fue una implementación por fines prácticos, ya que no es cosa fácil hacer caber un cuerpo en un auto.

Como ya dije, son personajes a los que se les muestra todo pero que eligen no ver nada. O, a su vez, eligen no mostrar nada al resto, mantener una fantasía.

El policía desde un inicio habla sin parar sobre el carácter bestial del asesino. No puede ver como humano a alguien que hizo algo fuera de su comprensión. El fiscal se embrolla más en la posibilidad de que una mujer que le era cercana no haya muerto por un acto sobrenatural e inexplicable, sino por suicidio. El supuesto asesino calla al otro sospechoso cuando éste quiere confesarse culpable, confesión que, extrañamente, nadie parece escuchar. Ellos ya tienen su relato, ¿para qué cambiarlo?

Repito, el día trae la luz, pero eso no implica que sepamos más. Todas esas conversaciones nocturnas no fueron más que especulaciones, y la misma culpabilidad del asesino parece construida sobre un gran hueco.

El doctor es la única figura que se presenta como un escéptico, como alguien que hasta los momentos finales contrasta con sus compañeros: tratando al asesino como a un hombre más, o tirando bajo la fantasía sobrenatural del fiscal. Es un personaje que deja en evidencia cuánto de fantasía tiene detrás la burocracia, cuánto de imaginario  y de oscuridad necesita cualquier mecanismo de deshumanización para sostenerse.

Sobre su pasado también se nos dan indicios, fotografías, intimidad, breves intuiciones de una vida llevada, de un amor perdido, de una infancia remota. Indicios son casi todo lo que tenemos en este film. Simples indicios son todo lo que terminamos teniendo en nuestra humana existencia si nos conformamos, si no nos adentramos en los misterios, si no cuestionamos los grandes relatos que son nuestra herencia, ya sea para preservar nuestra tranquilidad, para evitar la culpa, o para ignorar el mal.

El doctor mismo cede, al final. Se convierte en titiritero de esa investigación al darse cuenta de que ahí nadie quiere verdades: ni el asesino, ni el fiscal, ni el policía, ni la esposa de la víctima. Ellos ya tienen su relato. Destruirlo, iluminarlo, trae angustia, como se la trajo al fiscal.
Entonces él decide contarles un cuento, antes de dormir.
Para dormir.

Rocio Molina Biasone

rociomolinabiasone@caligari.com.ar

Bir zamanlar Anadolu'da