Su denuncia es hoy. Bacalaureat (2016), de Cristian Mungiu

Juan Pablo Barbero 31 - Marzo - 2017 Textos

 

Es una historia generacional y no es menor que sea una historia rumana, es una historia que enfrenta a dos generaciones que tienen visiones diferentes sobre el futuro. El pasado, hundido en la propia dictadura, vencida por el pueblo, no desaparece nunca. Siempre presente de alguna manera sin tener que remitir directamente al hecho. Los rumanos aprendieron a desprenderse de la cosa y seguirla teniendo puesta. Las generaciones del pasado en el presente ven diferente la oportunidad del escape, de que el futuro está lejos de su casa, que Rumania está en progreso pero una oruga se convierte en mariposa directamente afuera, en cambio adentro tenés que sufrir el capullo, y ¿cómo no ver mariposas en los ojos de una hija? ¿Cómo no desear ver todo un futuro por delante? ¿Cómo no querer desear lo mejor sea lo que sea, pase lo que pase?

La vida del protagonista empieza a separarse poco a poco, primero se separa de su país, aun adentro, luego se separa de su moral y luego de su hija. Pero estas separaciones no son drásticas, ya que nada es drástico en este cine rumano. Las historias son sencillas y muestran lo duro en lo cotidiano, la mugre en la sopa de todos los días sin tener que exagerar, su absurdo es más absurdo cuando te das cuenta que todo es real. Mungiu, fiel a su estilo narrativo nos muestra quizás su película más feliz, a pesar de estar lejos de una comedia, sino que estamos frente a una historia hermosa, una historia de amor, una historia de esperanza, una historia de lucha, y todos estos son valores ya pisados y sólo el cine puede levantarlos hoy en día encendiendo la chispa que disipa la mosca en la sopa, tener la mosca dentro, muerta, amarga y aún así dar esperanza.

Mungiu ya narró de una forma cruda, como pocas veces mostró el cine, un aborto, había que golpear la puerta, pisotear el régimen de Ceausescu y así levantar la palma de oro, imponiendo al cine rumano en lo más alto de todo. Ahora vuelve a ganar en Cannes, esta vez como mejor director, contando una historia de un padre y una hija que debe rendir unos exámenes para poder ir a estudiar a Inglaterra. La hija piensa en que su futuro está en otro lado que lo que desea el padre, el padre dice lejos de Rumania, la hija dice cerca de sus seres queridos, no quiere abandonar a su novio, no quiere dejar de andar en motocicleta, no quiere irse porque no ve la necesidad de partir, ella no tiene en su mente la misma Rumania desbastada que ve su padre y a todo esto, un accidente que pone en quiebre la fortaleza de su hija y la perseverancia de su padre en la lucha por el futuro de su hija, lágrimas que deben ser superadas porque el futuro no espera. El choque de dos pensamientos, la piedra y el vidrio. El padre da todo por su hija y esa es la rotura constante.

Mungiu, uno de los mejores directores contemporáneos a mi parecer, siempre mantiene esa pizca de querer llegar al absurdo con lo cotidiano, porque en el absurdo está la protesta y esa lucha banalizada por dar vueltas en el carrusel del día a día, todos los días. Cuando alguien se separa de esto, se vuelve el héroe de la historia porque intenta combatir lo que para otros está ya asimilado, y todo muy sencillo, todo muy despacio, la muerte de Lazarescu es en una noche larga y movida, pero interminable, los rumanos respetan el tiempo porque es en el tiempo donde pueden encontrar su fuerza, la fuerza en el plano sin tener que llegar a extremos, Puiu, Porumboiu, Muntean. Lo interesante es agarrarlos a todos juntos, como un cine que está hablando colectivamente, como lo hacía la Nouvelle Vague y todos los demás. La historia del cine es hoy. Los rumanos respetan el ayer pero su denuncia es hoy.

Juan Pablo Barbero

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