La crisis como segunda oportunidad. Aurore (50 primaveras) (2017), de Blandine Lenoir

Carla Leonardi 13 - Octubre - 2017 Textos

 


“50 primaveras” (Aurore, 2017) es el segundo largometraje de la actriz y directora francesa Blandine Lenoir, donde retoma cuestiones ligadas a la sexualidad femenina que ya había abordado en la anterior “Zouzou” (2014). Lo que une a ambas es la dificultad de las jóvenes hijas de la madre de mediana edad de imaginarla en los brazos de un hombre. 
En este caso, la directora se propone trabajar desde la comedia romántica, la crisis que le ocurre a una mujer cuando le acontece la menopausia que marca el fin de su época reproductiva conllevando  toda una serie de cambios corporales y psicológicos.
Aurora (Agnès Jaoui) es una mujer en su mediana edad que se encuentra recientemente separada de su esposo, que está atravesando el proceso de la menopausia y que en su trabajo como camarera en un restaurant debe afrontar a su nuevo jefe.
En un mundo donde mayormente lo que domina todos los vínculos, ya sean laborales o sentimentales, está teñido por la impronta del discurso capitalista y una mirada de lo femenino sesgada por el machismo, una mujer en edad menopaúsica deja de ser vista por la sociedad como productiva y deseable, y comienza a ser relegada. Esto lo ilustra la directora en la escena donde el nuevo jefe de Aurora, le cambiara su nombre por Samantha para hacerlo más juvenil y la relegará al lugar detrás de la barra donde esté menos visible. También lo muestra en la escena donde Mano (Pascale Arbillot), la mejor amiga de Aurora, arme un escándalo en plena vía pública a un hombre maduro que tenga como pareja a una mujer mucho más joven.
A partir de esta crisis, la directora irá llevándonos por fragmentos de la vida de Aurora a lo largo de ese año de su vida. Aurora renunciará a su trabajo, se enterará de que su hija mayor está embarazada, emprenderá la penosa búsqueda de un nuevo trabajo, y también recibirá la noticia de que su hija menor se mudará a Barcelona junto a su novio, todo esto en medio de los avergonzantes calores menopaúsicos. Por otra parte, de casualidad reencontrará con Totoche (Thibault de Montalembert), su amor de juventud, ahora devenido en  técnico ecógrafo,  a quien abandonó cuando éste pasó un año en Alemania. La llama del amor se encenderá nuevamente entre ellos, pero Totoche como buen obsesivo, entrará en pánico ante la presencia de Aurora. Totoche no querrá volver a sufrir, y decidirá mantenerse en la tranquilidad de su vida de soltero.  Aurora estará triste, pasará por momentos de llanto, que se reflejan en el uso de los colores azules o negros en su vestimenta.
Aurora añorará los momentos felices  de la juventud, que la directora trabaja mediante flashbacks estilizados donde incorpora música incidental. Así irrumpirá el tema “Aint got no, I got life” de Nina Simone, que Aurore en bata de color roja y floreada baile en el living junto a sus pequeñas hijas. El tema musical es preciso, porque marca exactamente el momento en que se encuentra Aurora. Ella no tiene nada, pero tiene su vida y su libertad. Y este punto significará un giro en la actitud de Aurora.

Interesante es la escena donde en el trabajo temporario de realizar limpieza en un hotel, Aurora tenga una conversación con una compañera de trabajo de origen africano, que le señalará cierto aburguesamiento de su pesar por no poder incluirse en el mercado laboral diciéndole: “La mujer blanca conoce la discriminación recién en la mediana edad.” Hay mujeres que por ser de origen árabe, africano, por ser pobres o padecer alguna enfermedad sufren un relegamiento social que las deja mucho más tempranamente por fuera de una oportunidad laboral no precarizada en un mercado que valora solamente cuerpos jóvenes y bellos, siguiendo el estereotipo ideal de la raza blanca.
La directora al abordar los avatares laborales y amorosos de una mujer menopaúsica apunta con esta película a salir del clishé cinematográfico de tomar como protagonista a la mujer joven, bonita y exitosa, pero no logra salir del chishé al colocar como protagonista a una mujer bella y artista consagrada como lo es Agnés Jaoui.
Si tomamos el título en español (“50 primaveras”), haciendo eco en las “15 primaveras” que celebran la menarca en tanto cambio hacia un cuerpo de mujer en edad de reproducirse y ser deseable,  acentúa en la cifra 50 el declive del cuerpo femenino. Más acertado es el título original en francés a las intenciones que tiene la directora en este film. “Aurore” es el nombre de la protagonista, pero también nos remite a la aurora en tanto momento previo al amanecer. De ahí que la directora ofrezca una mirada esperanzadora de la mujer de mediana edad, haciendo de esta etapa de cambios la ocasión de una segunda oportunidad para retomar esos amores que no fueron  o de un renacimiento de la  sexualidad encarada ahora con mayor libertad.
La película de Lenoir se sostiene principalmente por el magnetismo de Jaoui, que se pone al hombro la película con su interpretación de Aurora y logra que las escenas funcionen desde el humor. Es una pena que abordando una temática de lo femenino poco transitada en las realizaciones cinematográficas, el género de comedia romántica la vuelva previsible en su trama y la lleve a cierta banalización en la resolución del conflicto que supone afrontar el envejecimiento y la soledad.

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

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