“Viajando a dedo en la oscuridad”. Arriba quemando el sol (2015), de Roberto Bernasconi y Luisina Anderson

Rocio Molina Biasone 22 - Mayo - 2016 Textos

 

Cuando fui para la pampa
Llevaba mi corazón
Contento como un chirigue
Pero allá se me murió;
Primero perdí las plumas
Y luego perdí la voz
Y arriba quemando el sol.
Violeta Parra, “Arriba quemando el sol” (1960-63)

 

Se podría decir que el primer plano de Arriba quemando el sol es un indicio, un resumen simbólico, del film entero: paisaje de yunga, neblina cegadora, la protagonista poco a poco entrando a cuadro y acercándose a la cámara, pero no logramos verla del todo, no vemos su rostro, y por ende, su identidad permanece un enigma. Por supuesto que, a lo largo de la narración, vemos su rostro y escuchamos su voz, pero el misterio que es su historia, su motivación, su pensamiento, su misma persona, persiste.

No es esta, sin embargo, una preocupación que se nos genere desde un inicio. La película, durante toda su primera parte, parece ser simplemente el viaje de Juana, una mochilera que vemos caminar de paisaje en paisaje, sola, y formando parte de encuadres ordenados, encuadres hasta pictóricos. Por momentos, Juana parece un personaje pintado en movimiento por un John Constable* resucitado que se pasea por el noroeste argentino.

Los motivos detrás de su aventura son sugeridos con cautela y sin apuro. Más aún, diría que ni siquiera son sus motivos en sí los que se sugieren, sino el mero hecho de que existen. Fotos que marcan sus destinos, pero que nunca vemos de cerca. Fotos en blanco y negro, fotos con lugares, fotos con gente. Miles de preguntas se nos ocurrirán y ninguna será respondida. ¿A quién busca? ¿Por qué lo/a busca? ¿Está yendo hacia algo, o  más bien huyendo de ello?

La introducción de estas pistas sobre la historia de Juana, sobre su identidad, se acompaña de un progresivo pero notorio cambio en la fotografía y el montaje. La abundancia de planos generales de lo sublime del paisaje norteño que teníamos en un inicio, son poco a poco reemplazados por cámara en mano, por primeros planos de Juana, por imágenes confusas de cuevas que aluden a una mente aturdida, perturbada con algo innombrable. Cada personaje que encuentra en su trayecto va develando algo, o al menos va dándonos la sensación de que algo de lo que dice se relaciona con los problemas de Juana.

Pero la verdad es que poco y nada sabemos, sólo podemos observar cómo esa soledad que inicialmente parecía serle tan natural y voluntaria, se transforma gradualmente en lo que parece una condena, un estado de incomodidad. Una soledad que empuja a Juana hacia una búsqueda absurda y destinada a quedar irresuelta, pero no sin devorársela antes.

Rocio Molina Biasone

rociomolinabiasone@caligari.com.ar

 

*John Constable (11 de junio de 1776 — 31 de marzo de 1837, Reino Unido) fue un pintor inglés de paisajes, cuya obra y estilo se inscribe dentro del Romanticismo de su país.

 

Arriba quemando el sol