Cicatrices, apuntes sobre empoderamiento. Arreta (2016), de Raquel Marques y María Zafra, e Inadaptados (2015), de Kikol Grau

Ayelén Irigoyen 14 - Diciembre - 2016- Foco: VI festival online Márgenes

 

El paso del tiempo y sus marcas visibles en el tronco de un árbol, en un cuerpo amputado son señales de una transformación que es difícil ocultar o negar. En Arreta (definición de atención, consciencia en euskera) el cuerpo de Ainoha es materia que se ha de empoderar en un proceso de curación y un órgano tecnoviviente, campo de implantación técnica que necesita ser resignificado. El tatuaje, el cual se elabora a lo largo del film, plasma en la piel lo orgánico y lo inorgánico que se fusionan para producir un cuerpo y una subjetividad. Pero ese cuerpo, esa persona siempre atravesada por discursos, una vez enferma se la trata como cosa, que ya no tiene voz propia, que pasa a ser la enfermedad en sí y se convierte en otro objeto más dentro del paisaje artificioso de las salas de quimioterapia. En una cultura donde está sano-dicho por la Organización Mundial de la Salud-quien haya logrado bienestar físico, mental y social, que además posea la capacidad óptima de rendimiento en su papel y su actividad en la sociedad, el que no se adapta está enfermo. Si no cumplís con lo que se espera de vos, dejas de tener autonomía, y como manifiesta Ainoha, te terminas convirtiendo en dependendiente de otros que supuestamente harán todo el trabajo por vos, te “salvaran la vida” y por eso mismo no hay derecho a objetarles nada. Mediante su experiencia con el cáncer de mama y así también con el modelo medico hegemónico que ella padeció, pareciera que la salud en cambio, es la lucha por resolver un conflicto antagónico que quiere evitar que alcancemos el óptimo vital para vivir en la construcción de nuestra felicidad. En resumidas palabras, es conflicto en lucha, no es ni adaptación ni desadaptación. Entonces, enfermo es el que no lucha. El ser mujer y trans hace doblemente más dificultosa la tarea, en un mundo donde no es ni aceptado ni respetado ser marimacho cancerosa y mujer no reproductora. Es en esa lucha necesaria donde mediante la concientización es posible-como dice la citada Audre Lorde-encontrar el significado de la enfermedad, que desembocará en fortalezas útiles para el cambio.

Está también la marca que porta el diferente, el marginado que desde su exclusión se reivindica como escoria de una sociedad putrefacta, carente de sensatez y disfrazada de normalidad. Cicatriz fue una banda punk vazca, surgida como grupo terapéutico en un centro de rehabilitación y que finaliza con la muerte de cada uno de sus integrantes por consumo de heroína. Mediante una entrevista realizada a su líder y cantante Natxo Etxebarrieta, el documental recorre la historia de la banda y la historia personal de Natxo, de la que se vislumbra una vida sin un marco estable de contención, hasta que la música surge como espacio de expresión contestataria a un estado represivo y rechazo a toda ley y norma moral o social (“Somos zombies mutantes/inadaptados/automarginados seres/en un mundo de retrasados/Yo mismo me siento feliz de ser un puto subnormal/con delirios de grandeza/mientras me hago un chute y privo cerveza”).


Ambos films, dialogan sin saberlo, sobre el empoderamiento en una aparto de control socio-cultural y político normado del que se diferencian y disienten, con las consecuencias que acarrea tal posición política.

Ayelén Irigoyen

ayelenirigoyen@caligari.com.ar

Arreta

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