“Sobre yo-yos y sexo que no es sexo”. People That Are Not Me (2016) de Hadas Ben Aroya

Rocio Molina Biasone 8 - Noviembre - 2017

 

“¿Es una película que habla nada más que de sexo libre?” le preguntó con jocoso desdén y altanería un espectador sexagenario a Hadas Ben Aroya, en el Q&A que le siguió a la proyección del primer largometraje de la directora israelí. Después de que dicho señor hubiera llamado superficial a su película, y de que parte del público lo hubiera aplaudido por esto, me sorprendió que Hadas se riera sin enojo alguno, y que respetuosamente le agradeciera por su honestidad. En medio de todo esto, yo pensaba en lo curioso de que un espectador que no había logrado leer entre líneas que no, precisamente no se trataba sobre sexo casual en lo absoluto, acusase de superficialidad a una película en la que él mismo no había podido profundizar.
¿Fenómeno generacional? Es probable. Y aún más curioso entonces, porque si de algo trata este film, es de características generacionales. El sexo no significó para la generación de los baby-boomers (nacidos entre 1946 y 1965), o siquiera para la Generación X (’60 - ’80), lo que significa para nosotros los milennials, o Generación Y, quienes hoy tenemos de 15 hasta 35 años. Lo que una vez fue tabú, y luego pasó a ser el medio de explorar la necesidad de una libertad, hoy se encuentra en un punto medio. El sexo ya no es tabú, pero tampoco es lo central y más buscado en cuanto fuente de placer. Tiene su discurso, su ciencia, sus espacios de discusión, pero la mayor parte de los jóvenes en la actualidad no se escandalizaría, perturbaría o siquiera incomodaría al ver una escena de sexo. Es para muchos de nosotros, algo más. Como ir al cine, o comer helado. Con o sin amor, casual o recurrente, más distante o más humano.
Esto podría explicar por qué aquel espectador, y tal vez muchos otros en el público, no pudieron ver más allá del sexo. Para ellos el sexo era, y es, un fin por sí mismo: sexo por descarga y excitación, o sexo reproductivo. Es algo especial, diferente de otra actividad, y por eso cualquier escena de sexo no les comunica otra cosa que… sexo. Mientras, otra parte del público, entendió. Una escena de sexo oral no nos habla solo de que a alguien le estén haciendo sexo oral. Una protagonista que, a falta de aquel con quien realmente quiere pasar la noche, busca a otra persona que no le atrae en serio, no se nos aparece como una mujer hambrienta de sexo. Un hombre que no consigue excitarse instantáneamente no nos produce risa, porque no consideramos que haya algo de lo cuál burlarse.
People that are not me nos habla de nuestra generación, de sensaciones y fenómenos que parecen ser los mismos así en Israel como en Argentina, y posiblemente en el resto del mundo. El título nos lo sugiere: somos una generación egocéntrica y narcisista por excelencia, y el mundo se divide entre Yo y el resto del mundo.
Pero el término narcisista se aplica hacia nosotros de una forma algo equivocada. En el mismo film, los personajes están inmersos en sí mismos, en lo que les pasa a ellos personalmente. Los diálogos y las actuaciones logran condensar en simples instantes características típicas de la juventud actual: frases-escudo ante la posibilidad de un compromiso que se repiten a cada nuevo vínculo sexoafectivo; conversaciones en estructura de yo-yo, donde una verdad introspectiva es respondida mediante otra verdad introspectiva; auto-percepción y autocrítica constante, verbalizada; miedo absoluto de perderse algo increíble por no estar en el lugar y tiempo indicado.
A la vez, todo lo que proyectamos, hacemos público, ponemos en redes sociales, lo que elegimos decir o no de nosotros mismos, son construcciones, no necesariamente mentiras, pero sí pensadas, re-pensadas, y soltadas a modo de estrategia para agradar, para caer bien, para aparentar ser aquello que creemos que todos quieren que seamos.
Hadas misma, al actuar como protagonista del film (decisión que tomó mucho después de empezar a desarrollar el film), al poner su cuerpo, exhibirse, animarse, cumple dos funciones que van en sentido algo contrario una de la otra: por un lado, como digna millennial, pone el foco sobre sí misma, encarna en su persona la representación de toda su generación, hablando de lo que le sucede a ella, así como a sus amistades, sus coetáneos; por otro lado, sin embargo, al llegar a ese tipo de exposición, tan auténtica, animándose a interpretar ella misma una faceta tan desesperada y poco amistosa de sí misma y de la Generación Y, termina yendo en contra de aquel “quedar bien”, aquel instinto de agradar al resto con acciones o dichos, que es la regla número uno para ser “alguien” en el mundo juvenil de 2016.

Rocio Molina Biasone

rociomolinabiasone@caligari.com.ar

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