Mientras florecen los cerezos. An (2015) de Naomi Kawase

Francisco Caparros 16 - Mayo - 2016 Textos

 

La palabra Kintsugi puede quizás no sonarnos demasiado pero es para la cultura japonesa un arte milenario que simboliza en cierta forma la filosofía del pueblo oriental. Pacientemente los maestros de esta técnica rellenan con hilos de oro las grietas que se generan al romperse un objeto. En lugar de deshacerse de él o disimular sus daños los finos trazos de oro tiene la propiedad de realzarlos. Al destacar la belleza de lo imperfecto lo que se manifiestan son las fortalezas mas que las debilidades y el resultado en general es mucho mas resistente que su original.

Bajo un mar de cerezos en flor una anciana camina por las calles de una ciudad cualquiera de Japón. Le cuesta moverse pero por una extraña razón se acerca a un puesto de Dorayaki, unos pasteles rellenos de una pasta de porotos dulce, en donde piden un asistente. Tokue es anciana, le cuesta moverse y tiene problemas en sus manos, lo que dista de convertirla en la candidata ideal para el trabajo. Pero además es perseverante y pese a llevarse un no de entrada se presenta con un relleno de dorayaki artesanal y al empleado (Sentaro) no le queda alternativa que terminar contratándola.

De inmediato Tokue le enseña que para conseguir ciertas cosas el trabajo es arduo y lento. La cocina, como la gran mayoría de las artes japonesas implica una innumerable serie de pasos y leyes a seguir. El relleno ideal contiene cientos de secretos y Sentaro se deja llevar por el ceremonial arte que propone Tokue. Mientras asistimos a la elaboración de estos dulces vemos como poco a poco ambos se relajan y empiezan a mostrarse como un equipo. Alumno y profesora se refugian en la cocina para reconstruir el alma de los dorayaki ideales.

 

Esta pastelería de Tokio se convierte en un cuento sobre dos personajes simples al que la vida los ha golpeado demasiado pero que siguen levantándose dispuestos a dar pelea. Como dice Tokue "todos tenemos nuestros problemas, solo tenemos que seguir adelante". Ambos son seres solitarios y tristes que buscan desesperadamente una segunda oportunidad. Sentaro no lo dice pero odia su trabajo. Se siente atrapado por ciertos errores del pasado en una labor mecánica y monótona y la llegada de Tokue le permite explorar sus propias capacidades y talentos. Mientras que para ella es la posibilidad de cumplir un viejo sueño y ser parte de una sociedad que la ha excluido.

Porque también la película habla del miedo a lo extraño. Como la sociedad construye muros invisibles que nos separan de lo que no conocemos. La ignorancia, la discriminación y la exclusión aparecen cuando se descubre el secreto de las manos de Tokue y como la sociedad japonesa reacciono en el pasado. "Intentamos vivir pero nos chocamos con la ignorancia del mundo y debemos utilizar nuestro ingenio para sobrevivir" escribe la directora en un momento del guion mostrando con simpleza la forma positiva que tiene Tokue de relatar sus experiencias pasadas. En un mundo con cada vez mas barreras la directora da vuelta a la ecuación y propone acercarnos mas a nuestros vecinos para poder comprenderlos en lugar de alejarnos por precaución.

 

Cualquier director sin confianza en si mismo hubiera utilizado ciertos elementos para disparar un terrible melodrama pero Kawase escapa de esa posibilidad. Sin caer en la denuncia social ni en el golpe bajo, Kawase relata los puntos oscuros del pasado japonés. Para ella el cine es una mezcla constante de ficción y realidad y los elementos de la practica documental también están presentes para darle contexto a la historia. Su cine esta basado en la creación de atmósferas y donde todos los detalles construyen la historia central. Las flores de los cerezos, el paso de las estaciones, los planos detalles de los ingredientes intentan transportarnos a ese pequeño mundo de la pastelería. Kawase cuenta la historia con pocos elementos y de manera pausada, sin ninguna prisa. Como Tokue que une como en el Kintsugi pacientemente los pedazos de sus vidas desechas. De manera lenta y casi imperceptible mientras cocina el relleno de los dorayaki vuelve a pegar y recubrir con oro las grietas de su pasado y el de Sentoro. Sabiendo también que el resultado final no será quizás mas bello ni mas perfecto pero si mucho mas resistente.

Francisco Caparros

francaparros@caligari.com.ar

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