El hombre que no desespera. Amando a Carolina (2018), de Martin Viaggio

Agustina Osorio 26 - Marzo - 2018 Textos

 

João amava Teresa que amava Raimundo
que amava Maria que amava Joaquim que amava Lili

que não amava ninguém.
João foi para os Estados Unidos, Teresa para o convento,
Raimundo morreu de desastre, Maria ficou para tia,
Joaquim suicidou-se e Lili casou com J. Pinto Fernandes
que não tinha entrado na história

“Quadrilha” Carlos Drummond de Andrade

 

Nunca me había puesto a pensar en que la palabra “desesperanza” tiene su antónimo en una tan parecida: “desesperación”. La primera está ligada al un estado de ánimo en el que se ha desvanecido la esperanza y nos invita a imaginar una sensación ligada al desencanto; mientras la segunda remite a un estado alterado, colérico, en el cual la persona saca todas sus fuerzas para conseguir lo que desea o o necesita a pesar de no haber esperanzas.
Diego (Guillermo Pfening) es un joven escritor que relata la historia de un amor no correspondido hacia una hermosa mujer brasilera, llamada Carolina (Bella Carrijo). Ella, por su parte, le relata a él su historia de encuentros y desencuentros con el hombre que ama, llamado Daniel (Daniel Alvim). Un artista brasilero que viaja por el mundo.
La película comienza con la música de un piano que nos presenta al protagonista, Diego, escribiendo, sentado en su escritorio. Las teclas del piano se van confundiendo con las del teclado de la computadora, dándonos la pauta que será una historia contada a través de un relato que juega con la prosa y la poesía.
Al entenderlo de esta forma, “Amando a Carolina”, puede disfrutarse, si dejamos de lado las reglas de la verosimilitud de los diálogos y monólogos. Como cuando uno de los protagonistas relata el poema de Drummond de Andrade, resumiendo así, la trama principal.
La novela que Diego escribe se mezcla con el guión de esta película y nos va llevando a la par de los muchos lectores que siguen aquel libro que habrá de convertirse en un best seller. Con este recurso, el verdadero escritor y director, Martín Viaggio, nos lleva por una historia en la que no podremos comprobar si le sucedió de verdad o no al protagonista; quien refuerza la idea sobre si importa o no conocer eso.
Diego ama a Carolina, pero ella ama a Daniel, quien no sabe qué hacer con ese amor. Ella huye, él la sigue, ella sigue al otro y éste quiere huir pero no puede. Si esta historia fuera relatada por un millenial no diría que es sobre un amor no correspondido, sino simplemente que, nuestro querido protagonista, Diego, ha caído en la friendzone (zona de amistad) con la hermosa brasilera. Ella lo llama un buen amigo, usando su hombro para llorar y él la ama en silencio, esperando.
En una escena, se hace mención a una obra llamada “El hombre que espera”. Diego espera pero no se desespera. El tiempo transcurre mientras en su soliloquio se escucha un lamento con tono melancólico y desencantado.
La desesperación lo llevaría a quemar por dentro y por fuera para conseguir lo que desea o romper con lo que  no puede tener. Pero no... él espera sin desesperarse.
Por su parte, Carolina inunda la pantalla con su belleza sin ser despampanpanante, acompañada por una puesta en escena  y estética cuidada con un estilo vintage o “Amelie” que por su trascendencia ya es un ícono. Los eventos suceden en el exterior, lo que nos lleva a través de diversas locaciones en plazas, pequeñas calles de adoquines, iglesias, playas y cafés. Las fotos abundan no solo como objetos sino en los cuadros que forman casi todas las escenas. Todo esto es parte de la historia que se relata como un guión semi poético.
La palabra “fin” no se concreta en esta narración. Como en toda historia de amor (correspondido o no), a pesar de todo, siempre hay un hilo de esperanza, aunque unx no quiera demostrarlo. Siempre vamos a soñar despiertxs, con que él o ella baje de ese colectivo al que se subió para volver a nuestro encuentro.
Como en todo relato de amor, sea comedia o tragedia, no importa demasiado la verosimilitud sino que ese amor trascienda la pantalla o las páginas. En“Amando a Carolina” no termina de trascender tanto el amor desesperado sino más bien el cariño bien entendido que acepta sin, desesperar, sin forzar y, también, sin cerrar del todo la puerta.

Agustina Osorio

agustinaosorio@caligari.com.ar

Amando a Carolina