Salir a respirar. Ama-San (2016), de Cláudia Varejão

Juan Pablo Barbero 5 - Mayo - 2017 -Foco: 7º FICIC, Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín

 

El trabajo cotidiano es la coreografía de la vida y cuando una película es consciente de aquella idea desarrolla con la belleza de las imágenes todo el proceso laboral del día a día, los preparativos, el lenguaje del esfuerzo asimilado. Narrar un trabajo requiere observación, encontrar la repetición y así la particularidad. Profundizar la particularidad en las profundidades del agua y el alivio de salir a respirar. Un grupo de pescadoras que bucean para ganarse la vida nos regalan como espectadores un universo visual y sonoro, donde el lenguaje es otro completamente diferente y hasta extraño con el de arriba, el de la superficie, el de todos nosotros. Un lenguaje corporal que va a través de ondas donde la cámara documenta el trabajo ya casi como un baile, donde las ondas empiezan debajo del agua, terminan arrugadas en los rostros de las trabajadoras que repiten su último número bajo el sol, despedazando la belleza para al otro día a volver a empezar. La realidad es repetitiva pero encuentra siempre momentos de lo fugaz, las risas de los niños contagian a los ancianos y la luz de una estrella artificial se une a las luciérnagas en la oscuridad. Es un ciclo de va de arriba abajo, el agua y el cielo, los sonidos de las profundidades nos hacen dar ganas de un poco de aire.
Narrar un trabajo es encontrar su lenguaje específico con todas sus peculiaridades y particularmente este es muy peculiar. En lenguaje en lo profundo es totalmente diferente y la película, por momentos casi rozando lo documental, contrapone el arriba y el abajo, no como dos bloques opuestos, sino que sólo por el ciclo laboral, abajo el silencio donde hablan los cuerpos y arriba las carcajadas.
El día a día, la repetición y lo que hace de particular lo bello, la música siempre presente, arriba u abajo, no importa, el sonido de lo profundo es turbio y uno quiere volver a escuchar los pájaros, las risas o que te vuelvan a hablar en una lengua completamente diferente para no seguir en un lenguaje que no nos pertenece. El sonido te hace querer volver a la superficie, donde el sol brilla, cantan los pájaros, hay motos y autos, movimientos a los que estamos acostumbrados como humanos y lo del mar se practica en la bañera.

Juan Pablo Barbero

juampabarbero@caligari.com.ar

 

Ama-San