Los monstruos de la modernidad. Todo el dinero del mundo (All the Money in the World) (2017), de Ridley Scott

Violeta Cofre 8 - Febrero - 2018 Textos

 

A diferencia del criminal, el déspota exalta
 el predominio de su interés y su voluntad
 y lo hace de manera permanente.
Es un criminal por estatuto, mientras
que el criminal es un déspota por accidente”.

M. Foucault, Los anormales

 

Pero ¿qué entendemos por monstruo? ¿Qué significa ser un criminal o un degenerado? ¿Cuál es la relación entre la justicia social y la justicia natural? Es claro que estas categorías no son estáticas, sino que cambian según sea el curso de la historia. En este caso, la historia es sobre un hombre llamado J. Paul Getty, multimillonario, dueño de la petrolera más grande de su tiempo, coleccionista de piezas de arte invaluables y sin un ápice de sentido moral. Así es el protagonista de Todo el dinero del mundo, o, al menos, así lo representa Ridley Scott, quien dejó a un lado los alienígenas y los replicantes para indagar en otra clase de monstruosidad tanto más peligrosa y aberrante: la monstruosidad humana.

Inspirada en hechos reales, Todo el dinero del mundo  se sitúa en Roma, durante la década del 70, y narra los sucesos que rodearon el secuestro del joven de 16 años, Paul Getty III, nieto del mayor magnate petrolero J. Paul Getty, a manos de una organización paramilitar italiana. Cuando la madre del adolescente, Gail Getty, busca con desesperación la colaboración de su suegro para reunir la suma de 17 millones de dólares, este se reúsa a pagar un solo peso por el rescate del chico. En su lugar, envía a uno de sus guardaespaldas y ex agente de la C.I.A. para investigar las circunstancias del secuestro.

Más allá de la polémica suspensión de Kevin Spacey en el rol principal debido a las acusaciones que se le imputaron por acoso sexual —el director volvió a filmar todas las escenas de Spacey con Christopher Plummer a un mes de la fecha de estreno—, Todo el dinero del mundo es una película que trata sobre la monstruosidad humana y cuestiona el vínculo natural que históricamente se ha establecido entre la figura del criminal y del monstruo. Así, en los dos extremos de la escala social, los captores de Paul encarnan lo que jurídicamente entendemos por “criminal”, mientras que  J. Paul Getty encarnaría la figura del “monstruo moral”.

No existen punto de comparación entre el personaje del secuestrador de Paul, Cinquanta, y J. Paul Getty. El primero se mueve en el ámbito de la marginalidad y transgrede las normas legales para salir de la pobreza, sin embargo es capaz de sentir empatía por el joven Paul y lo protege, incluso por sobre sus propios intereses. El segundo es un hombre poderoso, adinerado, perteneciente a la clase social más privilegiada, pero obsesionado con resguardar su patrimonio antes que salvar a su nieto. Es en definitiva un hombre que transgrede una ley primera y natural, la de resguardar a la familia.

En una de las escenas que narra el primer encuentro de Paul con su abuelo a la edad de ocho o nueve años, se muestra cómo J. Paul Getty le obsequia a su nieto una pequeña réplica en bronce del Minotauro, afirmando que es una pieza valuada en 1,2 millones de dólares. Años después, cuando la madre de Paul busca con desesperación la forma de reunir el dinero para pagar el rescate de su hijo, recupera esta figura y para su sorpresa descubre que es una baratija. La anécdota es clave para mostrar que la avaricia y la ambición del octogenario millonario no tiene límites, pero también, en un nivel simbólico, transmite la idea de que, como el Minotauro, Getty esconde una faceta monstruosa que parece mucho más deleznable que el actuar de los secuestradores.

Tal vez esta sea la razón por la que en la película jamás se muestran las represalias legales que sufrieron los secuestradores. El foco siempre permanece en la figura de J. Paul Getty, en el daño que ocasionó a los miembros de su familia y en los actos abusivos que lo llevaron a actuar por sobre la ley, por ejemplo mediante el uso de falsas credenciales para evadir impuestos. Aquí no es relevante enjuiciar al criminal de ocasión, sino al que ejerce el poder y la violencia por sobre los demás de forma permanente, al individuo cuya naturaleza se confunde con el crimen, es decir, al que simplemente es un monstruo.

Violeta Cofre

vicofre@caligari.com.ar

All the Money in the World