Con la música, contra el tiempo. Alguien más en quien confiar (2017), de Matias Lojo y Gabriel Patrono

Ivan Garcia 6 -Mayo - 2018 Textos

 

             A veces es necesario revalorizar viejas historias que han quedado en el olvido, y dentro del audiovisual, el documental parece ser la forma predilecta para encarar estos proyectos. En este caso tenemos una retrospectiva de la banda El Reloj, pionera del rock nacional y que fue olvidada, o que mejor dicho nunca fue valorada como su impronta y su posterior influencia parecían sugerir.
            Alguien más en quien confiar no es otra cosa que una cronología de la banda, un recorrido muy prolijo y correcto efectuado desde la perspectiva de sus protagonistas desde sus inicios allá por 1972 hasta el presente. El tono y la intención son claramente de homenaje, de honrar a aquellos hombres que abocaron su vida entera a la música y que tocaron junto con Almendra o Divididos.
            Lo interesante de su historia es que pasaron por muchas etapas, muchas separaciones y cambios de integrantes, y que del mismo modo fueron cambiando su estilo e intentando adaptarse a las épocas o las corrientes musicales dominantes. Así fue como comenzaron siendo un grupo de rock de barrio pesado, para después inclinarse un poco por lo sinfónico y progresivo, o luego en los ochenta virar para estilos más cercanos al glam o al de artistas como Van Halen.
La idea es quizás mostrar una cierta continuidad, o que nunca existió una ruptura definitiva, y que los lazos afectivos y creativos de los integrantes siguen manteniéndose. Esto se ve reflejado en los mismos testimonios, en los mutuos halagos y en aquellos momentos en que se los ve tocar juntos, o coincidir en las razones de las distintas separaciones y reuniones, que no tenían que ver con diferencias insalvables, sino mucho con presiones externas o tragedias personales.
El filme sirve también como un rápido viaje en el tiempo, intentando retratar someramente la cultura musical y el clima social circundante a la banda en sus distintos momentos y formas. Más allá de la simpleza del mensaje y la ejecución algo trillada de alternar testimonios con material de archivo y fotografías trazando una línea cronológica, el mensaje final de fraternidad, y de la trascendencia que se logra cuando uno se dedica a lo que ama, están ahí. Siguen siendo aquellos artistas pobres, de zapatillas rotas, que quieren juntarse a tocar y crear por el resto de sus días.

Ivan Garcia

ivangarcia@caligari.com.ar

Alguien más en quien confiar