“En busca del tiempo imaginario”. 24 cuadros (24 Frames) (2017), de Abbas Kiarostami

Rodrigo Peto Zimerman 4 - Octubre - 2018 Textos

 

“Normalmente, el hombre va al cine por el tiempo perdido, fugado o aún no obtenido. Va al cine buscando experiencia de la vida, porque precisamente el cine amplía, enriquece y profundiza la experiencia fáctica del hombre mucho más que cualquier otro arte; es más, no sólo la enriquece, sino que la extiende considerablemente, por decirlo de algún modo”
Esculpir el tiempo (1986), de Andrei Tarkovski

 

Siempre se distingue a la pintura del cine en base a la duración de cada una de estas artes. Que las pinturas no tienen una duración determinada y que las películas sí. Es verdad. Pero como ninguna verdad es absoluta podemos decir que, también, es mentira. Por ejemplo: Una película dura 90 minutos. Bien. ¿Pero qué sucede si se retrocede sobre la película y luego se prosigue? ¿Qué sucede si se vuelve a ver esa película? ¿Si se vuelve a ver, y no completamente? ¿Acaso no pierde dicha exactitud? ¿No es similar a ver una pintura nuevamente? Supongamos que alguien ingresa a una muestra y se detiene a ver una pintura. Luego, más tarde, cuando vuelve por el mismo recorrido por donde ingresó a la muestra, se detiene a ver la pintura antes vista, por casualidad, curiosidad, detalle o para aportar más tiempo de observación. ¿O eso no ocurre? Como las personas que dicen “esa película ya la vi”. “Esa noche estrellada ya la vi”.
Similarmente se diferencia a la fotografía del cine en relación al tiempo. Una fotografía no tiene duración exacta. Se ve todo el tiempo que se quiera ver. El cine, en cambio, tiene duración y por cada segundo de esa duración se proyectan 24 cuadros. Algo así como, 24 fotografías por segundo.
Ahora bien, imaginémonos que agarramos un segundo de una película y de los 24 fotogramas desprendemos uno. Por consiguiente tenemos una fotografía. Tenemos todo el tiempo que queramos para observarla. Vemos tal cosa sobre un costado, tal otra cosa sobre su otro costado. Pero hay otras cosas que no vemos. Su pasado y su futuro. Porque la fotografía y la pintura son eso, son un instante. Pueden captarse con alguna persona u objeto en movimiento, pero son solo ese momento y lo que sucedió y lo que va a suceder, solo pueden ser parte de nuestra imaginación o de la última película de Abbas Kiarostami.
Dos años ya pasaron de su muerte pero el gran director iraní nos obsequia una última película (si es que podemos definirla como una película) La obra titulada 24 frames trae consigo parte de la reflexión que hacemos arriba. Trae consigo, una experimentación sobre el tiempo. Sobre el cine, la fotografía, la pintura y el tiempo. Kiarostami lo explica más directo que nosotrxs: Siempre me pregunto en qué medida los artistas tratan de representar la realidad de una escena. Los pintores y los fotógrafos solo capturan una imagen, pero nada de lo que sucede antes o después.
Es entonces que hay que dejarse llevar por la poética de Kiarostami para contemplar estos 24 cuadros. Si bien existen otras películas que incentivan a la contemplación, pero no de esta manera. No de la manera que genera el director iraní. Con la esencia de sus fotografías. Con la belleza que nos recuerda a Five (otra de sus películas) Con las reflexiones que recaen sobre sus películas, (nuevamente) si bien podemos llamar a esta última pieza una película. Porque bien, 24 frames podría estar expuesta en el marco de una muestra. Cada “frame” disperso en 24 pantallas. Que la gente se detenga a observarlo el tiempo que quiera. El que sea necesario. Y más tarde tal vez vuelva a verlo. O no. Pero 24 frames es una película (al menos hoy) porque el director nos lleva a la sala de cine y nos dispone un tiempo determinado para una experiencia de nuestra vida.

Rodrigo Peto Zimerman

rodrigozimerman@caligari.com.ar

24 Frames