Un ejercicio técnico. 11 minut (2015), de Jerzy Skolimowski

Ivan Garcia 14 - Abril - 2016 Textos

 

 

El cine es una forma de arte y, como tal, busca transmitir mensajes, ideas, tiene algo que decir más allá de todos los aspectos técnicos que podamos analizar. En el caso de la película polaca 11 Minut, parece ser que el espectáculo visual y el logro técnico están puestos en función de lograr el objetivo último de hacer una película redonda, cuyos personajes y acciones estén llevados por una mano invisible a un mismo final. Pareciera ser que el fin de la película no es otro que demostrar que pueden hacer lo que se proponen, contar una historia de estructura coral que transcurra en 11 minutos y vaya variando perspectivas. Porque si buscamos algo más allá de este planteo, no parece haber demasiado.

En Varsovia, un grupo de gente en apariencia sin relación alguna entre sí son llevados hasta el límite en una serie de hechos que se suceden, algunos sin razón aparente más que contribuir al “grand finale” donde todos los personajes se cruzarán, y otros llevados por una emoción violenta que va en crescendo a medida que avanza la cinta y los minutos se consumen. Ya sea un hombre celoso de su esposa, cuya paranoia sobre lo que podría estar pasándole en una aparente entrevista laboral lo lleva a buscarla desesperadamente, o el intento de robo fallido de un joven que se encuentra acorralado, o incluso el descanso de un empleado que se encarga de lavar ventanas.

Las distintas historias se intercalan con precisión, y la fotografía está muy bien trabajada para contrastar los momentos de calma que anticipan el caos, con los momentos de violencia, destrucción y caos propiamente dichos.  Sin embargo toda esta proeza parece apuntar a algo sin contenido, sin novedad. Las historias convergentes son algo que se ha hecho ya muchas veces, y que no posee valor por sí mismo. Mucho menos en este caso, donde parece ponerse énfasis en el hecho de que todo está forzado artificialmente para hacer que estas disparatadas situaciones concluyan en simultáneo.

El acto final es, o intenta ser, el punto fuerte. Un sinfín de explosiones ridículas y gente colgando de balcones de la forma más trillada posible para darle toda la pompa que 11 Minut quiere reclamar. Y es que la película puede leerse como un comentario sobre la violencia humana latente en la cotidianeidad, y lo cerca que estamos de perder el control y del caos urbano. Pero lo hace de una manera en que no proyecta esto en personajes, historia, clima, y sorprende sobre todo por el vértigo de su ritmo.

En definitiva, es una obra entretenida, con mucha acción y técnicamente bien lograda. Pero no hay mucho que analizar detrás de esto. La película no tiene una conciencia plena de que lo que está haciendo es meramente un artificio lúdico, y si la tiene es porque no busca nada más.

Ivan Garcia

ivanggarcia22@gmail.com

11 minut