Taxidermia: bella y horrible a la vez

Gonzalo Albornoz Viernes 1 - Julio - 2016Películas para ver con...nadie

 

Bueno, como lo prometido es deuda, aquí vuelvo al ruedo con una película como mínimo enferma, estoy hablando de una joyita del cine Húngaro del año 2006, dirigida por György Pálfi y llamada TAXIDERMIA. A nivel argumental realmente no hay mucho por decir ya que no estaría habiendo un protagonista claro ni un conflicto claro ni una trama clara ni nada que se le parezca. Podría describirla simplemente como una película en tres actos que nos muestra el avance (avance solo temporal porque es cuestionable la idea de “avance” como la concepción positiva que puede tener esa palabra) de una familia de generación en generación. Hay quienes aseguran que la película pinta metafóricamente a la sociedad Húngara desde el fin de la segunda guerra mundial en adelante, allá ellos, como lo más cercano que he estado de la cultura Húngara fue una vez que comí un guiso típico de allá en la feria de las colectividades, prefiero no meterme con eso. Si no entra por lo argumental, se preguntaran entonces por dónde es que entra esta película y la verdad es que a pesar de ser sumamente desagradables muchísimas de las imágenes que Pálfi nos pone delante, es innegable el buen gusto y el exquisito dominio que tiene el realizador de los movimientos de cámara ofreciéndonos pasajes dentro del film que son realmente bellísimos y efectivos. Cerca del comienzo de la película nos regala una secuencia que gira en torno a una bañera donde mediante ese elemento y un jugado movimiento circular de cámara viajamos por el tiempo de una manera fluida y armoniosa viendo distintas acciones y personajes desfilar delante de nuestros ojos.

El paso del tiempo es fundamental en esta película ya que la idea es mostrarnos las distintas generaciones de una misma familia, la forma en que el realizador elige hacernos pasear de una época a la otra es realmente muy acertada, valiéndose de movimientos de cámara muy complejos que fueron resueltos con gran atino haciendo que la dinámica que quizás le falta al argumento, la película la tenga en lo visual.

Como mencioné anteriormente, la película podría dividirse en 3 actos que corresponden a tres épocas distintas, un lindo desafío para cualquier director de fotografía, en este caso, Gergely Pohárnok sale airoso de este desafío, dando vida a una fotografía que a lo largo de estos tres actos logra diferenciarse y a su vez ser congruente, nada fácil. Vamos  a tener un primer acto cálido con mayor presencia de tonos ocres, un segundo acto donde comienzan a aparecer furiosos rojos y finalmente un tercer acto donde a eso se le suma una presencia cada vez mayor del azul.

Pero bueno, yo sé que algunos se aburren de tanta perorata y tecnicidades porque lo que buscan es sangre, fluidos, desmembramientos y demáses. TAXIDERMIA no los va a defraudar.

El primer acto transcurre en época de guerra y está protagonizado por Csaba Czene haciendo el papel de Vendel Morosgovanyi, un soldado cuyo fuerte no sería el intelecto, sus días básicamente rondan en torno a someter su pene a excéntricas sensaciones y así es como vamos a ver un miembro sometido a llamaradas, a congelamiento y por qué no, a picotazos de gallo… Obviamente, todo esto mostrado con lujo de detalles por un director que justamente no escatima nada al ojo del espectador. 

El segundo acto es considerablemente más repulsivo que el primero pero ni por asomo tanto como el tercero, un buen director sabe que dejar lo mejor para el final siempre garpa. Este acto está protagonizado por Gergõ Trócsányi interpretando a  Kálmán, un obeso que compite en competencias de comida que básicamente constan de comer como un inmundo cerdo desorbitantes cantidades de comida (que poco aspecto de comida tiene) hasta vomitar. En este acto podemos hallar algo similar a una historia de amor pero no quiero engañarlos, lo que más vamos a hallar es vómito y más vómito, además de una dura crítica a la sociedad de consumo.

Por último llegamos al tercer acto donde al fin, luego de 55 minutos de película, descubrimos por qué demonios la misma se llama TAXIDERMIA. Marc Bischoff interpreta brillantemente a Lajos, un taxidermista. Lajos es el hijo de Kálmán, el obeso que en su época dorada ha sabido ganar gran número de competencias de comida pero que en la actualidad, como no podía ser de otra manera, no puede siquiera moverse por el exceso de peso. Paradójicamente, Lajos si pesa 50 kilos es mucho. En este acto podría decirse que, si bien no se desarrolla en profundidad, se coquetea con un conflicto padre-hijo atravesado por distintos tópicos como ser “madre ausente”, “vergüenza”, “frustración”, entre otros, quizás un poco más de desarrollo al respecto no hubiera venido mal, de todas formas el hecho de que Lajos embalsame a su propio padre creo que sería motivo suficiente como para que Freud tenga una vigorosa erección.

Apartado especial para destacar lo acertado del casting, si bien está caracterizado para que parezca sumamente desgarbado, el rostro de Bischoff, viene como anillo al dedo para un personaje tan oscuro y turbio como el de Lajos, más allá de la caracterización, difícilmente uno lo escogería para hacer un papel de  padre de familia amoroso. Por el contrario, en un papel de enfermito como es el de Lajos, no podría haber una mejor elección.
Este último acto, como ya les anticipé, no escatima en desagrado e imágenes fuertes para aquellos de estómagos sensibles, al ya mencionado embalsamamiento de Kálmán, podríamos sumarle también la escena donde Lajos descubre que su padre fue comido por sus propios gatos pero sin duda todo es ínfimo al lado de una secuencia increíble que promedia el final de esta película y donde vamos a ver al mismísimo Lajos hacer el proceso de taxidermia sobre él mismo, sí, leyeron bien, sobre él mismo!!!

El realizador nos va a mostrar este proceso mediante un montaje que alterna un gran número de planos detalles que no escatiman en sangre, vísceras y fluidos, sí, eso que tanto les gusta! Y si con eso no les alcanza también hay desmembramientos! Una hermosa secuencia de unos 5 minutitos aproximadamente que si quieren joderle la vida a alguien, hágansela ver mientras está comiendo!
En conclusión, TAXIDERMIA está grabada con un gusto exquisito desde lo técnico, con una fotografía acertadísima, movimientos de cámara que se llevan todos los premios y un final que habilita a que las neuronas se pongan en funcionamiento, no vayan a creer que la película es vacía en ese sentido, al contrario, nos da mucho sobre lo que pensar pero bueno, es entendible que uno se distraiga y sea cautivado simplemente por un manantial de tripas y morbo. Buen provecho!

 

Gonzalo Albornoz

gonzaloalbornoz@caligari.com.ar

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