Saló o los 120 días de Sodoma (1975), Sacar belleza de este caos es virtud.

Gonzalo Albornoz Viernes 20 - Mayo - 2016Películas para ver con...nadie

 

Queridos lectores, en esta oportunidad les acerco la obra de un  escritor, poeta y director que uno difícilmente podría imaginar que apareciera en esta atípica columna cinematográfica, me refiero  nada más y nada menos que al señor Pier Paolo Pasolini, quien supo ser uno de los exponentes más valiosos del  Neorrealismo italiano, aquel cine surgido desde las entrañas mismas de la guerra, desde los escombros que dejó el horror. Si bien su extensa filmografía siempre dio que hablar en cuanto a controversia se refiere, es con su última película que se ganó un lugar en “Películas para ver con… nadie” (y en mi corazón, por supuesto) ya que SALO O LOS 120 DIAS DE SODOMA del año 1975 va más allá de toda la polémica que pudieron desatar sus hermanitas menores como “Acatonne”, “Mamma Roma”, “Edipo Rey”, “Teorema”, etc. SALO, como también se conoce al film, está basada en “Los 120 días de Sodoma” del Marqués de Sade y es un muestrario de perversiones sexuales y violencia sin límites que el amigo Pier Paolo nos ofrece con una destreza sin igual, haciendo de la brutalidad algo poético y por qué no, hermoso.

El film transcurre en Italia durante el 44/45, período de ocupación Nazi. Cuatro hombres muy poderosos que se hacen llamar Presidente (Aldo Valletti), Duque (Paolo Bonacelli), Obispo (Giorgio Cataldi) y Magistrado (Umberto Paolo Quintavalle), junto a un grupo de colaboradores, secuestran a 18 jóvenes (9 masculinos y 9 femeninas) y los encierran con el fin de satisfacer con ellos sus más profundas y sádicas perversiones sexuales.

Cortita y al pie, no hay mucho más que eso detrás de la trama. Uno podría pensar que con ese argumento debe haber no menos de un millar de películas pornográficas y que esta tranquilamente podría ser una más del montón pero no olvidemos un detalle no menor, está escrita y dirigida por Pasolini, un cineasta tan exquisito como crudo y por sobre todas las cosas, un poeta. Y esto creo yo que es algo de vital relevancia ya que no da lo mismo que este argumento sea llevado a la pantalla grande por un tipo como Pasolini a que sea llevado por, por ejemplo, Tom Six, creador de la trilogía de “El ciempiés humano”, película que ya he reseñado en este mismo espacio y que si uno se pone analizar, en cuanto a argumento no dista mucho de SALO, ya que ambas son un catálogo de perversiones y asquerosidades varias.

En SALO vamos a encontrarnos con violaciones brutales a menores (en la vida real muchos de los actores que interpretaron a las víctimas efectivamente eran menores e incluso nunca más volvieron a aparecer delante de una cámara), sexo explícito, orgías, gente orinando en la boca de otra gente, gente comiendo excremento, mutilaciones, entre otras cosillas turbias.

 

Pero lo que hace que esta película diste muchísimo de, por ejemplo, la antes mencionada “Ciempiés humano” o “Hostel” de Eli Roth es que en cuanto a lo formal es una película hermosa por donde se la mire, incluso creo que es justamente en lo formal donde Pasolini puso el ojo ya que a diferencia de muchas de sus anteriores obras, lo narrativo no es lo que más destaca en este film, incluso, es realmente rara a nivel narrativo y rompe con lo convencional ya que es una película donde no hay un protagonista definido sino que más bien son masas protagonistas, por un lado las víctimas y por otro los victimarios pero lo más excéntrico, por así decirlo, en cuanto a lo narrativo es que siquiera hay un conflicto claro, lo cual enloquecería a más de un fundamentalista acérrimo del guion, de esos que piensan que básicamente sin conflicto no hay película. Desde mi lado de guionista pienso que hubiera sido muy sencillo agregar un conflicto a esta película, sencillamente con poner más el foco en alguna de las víctimas y mostrarla con intenciones de escapar de ese martirio, ideando algún plan de escape o algo similar, ya la película contaría con un conflicto y podría generarse una expectativa o una tensión en la trama pero… ¿Es realmente necesario un conflicto en esta película? En lo que a mí respecta, sinceramente no, no lo necesité en ningún momento, de hecho las casi dos horas que dura la película estuve atornillado a la silla como si estuviese viendo una de esas típicas películas de suspenso donde la tensión aumenta a cada minuto. Y acá retomo lo de la belleza a nivel formal de esta película, poco me importó si la trama tenía tensión o conflictos porque me fue imposible despegar los ojos de la belleza compositiva de cada cuadro, los planos generales que abundan dentro del film son cada uno una obra de arte en sí mismos, me remitieron a pinturas de artistas renacentistas como por ejemplo, el italiano  Andrea Mantegna.

No puedo más que sacarme el sombrero ante el bellísimo laburo que hicieron Tonino Delli Colli en la fotografía y Dante Ferretti en la escenografía, logrando cosas brillantes como por ejemplo que un plano general donde la gente está sentada a la mesa comiendo excremento, desborde belleza por donde se lo mire. Sumado al exquisito trabajo visual, la música del siempre genial Ennio Morricone hacen de esta película una obra maestra del buen gusto, lo cual no es poco decir para una película cuya trama está plagada de situaciones perversas, sádicas, escatológicas y aberrantes.

Podría escribirse una libro entero analizando cada encuadre dentro del film, cada composición, la posición que ocupa cada individuo dentro del cuadro, los movimientos internos dentro del mismo pero la realidad es que, creo yo, no habría palabras suficientes para describir tamaña belleza, realmente recomiendo ver esta película atentamente y disfrutando de cada plano, en especial los generales y les aseguro que poco les va a importar si la gente que ven está comiendo heces o si les están arrancando el cuero cabelludo.

Claro está, no todos supieron ver la belleza que se escondía detrás de estas brutales vejaciones a la moral y los buenos valores de la sociedad, SALO fue prohibida en varios lugares y tras su estreno, Pasolini empezó a sufrir acoso y amenazas constantes, incluso ha sufrido el robo de material de la película que al día de hoy sigue sin ver la luz aunque eso es lo de menos, poco después de que SALO O LOS 120 DIAS DE SODOMA comenzara a circular, Pasolini fue asesinado en circunstancias que no están del todo claras pero son muchas las versiones que circulan acerca de que ciertas personas muy poderosas ligadas al gobierno querían verlo muerto a causa de las fuertes críticas que Pier Paolo hacía desde sus obras, ya sean literarias como cinematográficas.

Para ir finalizando, quiero destacar el trabajo actoral que es realmente intenso  y efectivo, siendo este uno de los items por los cuales considero que SALO es el punto más alto en la filmografía de este controversial italiano. He visto gran parte de su obra y muchas veces me han chocado las actuaciones en sus películas, sobretodo en su período de Neorrealismo inicial donde siquiera usaba actores, sino más bien, lugareños y personas comunes que jamás habían estado delante de una cámara, si bien en SALO hay mucho de eso, por otro lado, hay personajes que se destacan muchísimo en sus interpretaciones y el casting realmente es para aplaudirlo, siendo el personaje del Presidente quien a mi gusto se lleva todos los laureles. Ya les he mencionado actores que  de por sí con su rostro nos dan a psicópatas, enfermitos, sexópatas, etc. y brillan así en ese tipo de papeles, por mencionarles algunos, Philip Seymour Hoffman en el papel de pervertido sexual en la brillante Happiness o Dieter Laser interpretando al cirujano Heiter en The human Centipede pero ellos al lado de Aldo Valletti interpretando al Presidente en SALO, son el dinosaurio Barney. Pocas veces en la vida vi una cara tan… tan… no sabría ni definirla pero les aseguro que todo lo que hace (y le hacen) en esta película podría imaginar tranquilamente que no dista mucho de su vida real. Rostro turbio e inquietante si los hay, debajo dejo una foto suya y ustedes sacaran sus conclusiones, yo por mi parte no lo dejaría pasar a menos de 100 metros de cualquier niño, perrito, cobayo o ser indefenso…

Siempre es divertido terminar las reseñas con algún dato de color y en este caso quiero hacerlo con uno de color marrón (perdón, tenía que hacerlo…). Semanas atrás, les hablé sobre el repugnante final de Pink Flamingos de John Waters donde la travesti protagonista engulle excremento real de perro frente a cámara, bueno, SALO está plagada de excremento (de hecho uno de sus 4 capítulos se llama “El círculo de mierda”),  pero a diferencia de Waters, Pasolini fue un poco más benevolente con sus actores y en lugar de hacerlos comer excremento real, utilizó excremento hecho a base de salsa de chocolate y mermelada de naranja. Bon Appetit!

 

Gonzalo Albornoz

gonzaloalbornoz@caligari.com.ar

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