“I am a ghost” (2012), de H.P Mendoza. Una película dos terrores

Gonzalo Albornoz Viernes 2 - Enero - 2016Películas para ver con...nadie

 

I AM A GHOST, en español “SOY UN FANTASMA” es una pequeña película estadounidense del año 2012 dirigida por el americano-filipino  H.P. Mendoza y que con sus apenas 72 minutos se ha ganado un lugar entre mis destacadas del género de terror, género polémico si los hay. Particularmente soy un amante del cine de terror pero a la hora de recomendar una película de este género me veo en un dilema, creo que está clarísimo que hoy en día, las películas que se venden como “De terror” no son ni por asomo parecidas a las que se vendían de esa forma décadas atrás y es así como vemos que una joyita como “El resplandor”, del eternamente brillante Stanley Kubrick, no se parece en absolutamente nada a, por ejemplo, “Actividad Paranormal” (en cualquiera de sus quichicientasmil secuelas y precuelas) o podemos apreciar también que “Empire Inland” del maestro de maestros David Lynch, no tiene comparación alguna con “El conjuro”. Básicamente creo que la diferencia más radical parte de la base en que el terror de Kubrick o Lynch apunta más a lo sensorial interno, a generar una emoción, una incomodidad, ellos apelan a la mente, a los pensamientos, las pesadillas y los traumas, mientras que las nuevas camadas de realizadores de películas de terror apuntan más a lo sensorial externo, no dan mucho que pensar (tramas completamente previsibles y chatas) pero eso sí, gracias a un gran despliegue de efectos sonoros/visuales te van a hacer pegar unos saltos terribles en la butaca!!! Uno podría decir “bueno, si vas a ver una película de terror y te asustas, entonces la película cumple perfectamente con su cometido” y la verdad es que sí, pero, a mí en particular, me gusta más el otro tipo de terror, el psicológico, el que te incomoda, el que te hace pensar y que te sigue asustando incluso cuando ya abandonaste la sala y no hay ningún ruido estruendoso que te haga sobresaltar. I AM A GHOST podría ubicarse en el centro de estas dos vertientes.

A nivel argumental  la película  narra la historia de Emily, un fantasma que no puede abandonar la casa donde murió. Gracias a la ayuda de Sylvia, una médium, intentará ahondar en las causas de su muerte para así finalmente poder pasar a “otro plano”.

 

 

En lo que al argumento respecta podemos pensar  que no es nada del otro mundo y que ya se han visto cosas similares (muuuuuchas cosas similares) pero no voy a recomendarles una película si no creyera que realmente vale la pena que la vean, por eso quiero destacar varias cosas respecto a esta obra que yo creo que le dan un plus de valor más que interesante y suficiente como para que merezca ser vista.

En primer lugar, siento mucha afinidad para con los realizadores del estilo de H.P. Mendoza, es decir, esa clase de freaks cinéfilos que realmente son realizadores con todas las letras y que les gusta estar en todo para lograr que sus películas lleguen a buen puerto y cuando digo en todo, me refiero a realmente en todo. Mendoza firma I AM A GHOST como Director, Guionista, Productor (junto a Mark del Lima y L.A. Renigen), Director de Fotografía, encargado de la banda sonora, Montajista y sospecho que incluso hasta debe haber hecho sanguchitos para el catering!!!

Películas sobre fantasmas se han hecho centenares pero lo que nos propone este realizador y que hace que esta obra destaque por sobre muchas otras es la posibilidad de estar del otro lado, es decir, del lado del fantasma, aquel lado al cual no solemos tener acceso en otras películas. H. P. Mendoza nos sitúa como espectadores de la cotidianeidad de Emily, quien ya sabemos desde un principio que está muerta (No estoy spoileando nada, o sea, la película se llama “Soy un fantasma”!!), al principio nos pone a una distancia considerable con el uso de planos generales pero a medida que Emily va descubriendo más acerca de lo que le sucedió en ese caserón, el director nos acerca más al fantasma.

La película tiene un quiebre muy notorio que nos permite poder dividirla en dos partes, y es por eso que al principio de la reseña aclaré que la situaba en el medio de las dos vertientes del terror que planteé. La primer parte es mi predilecta ya que es la que desde todos los recursos formales nos hace arribar a ese terror más psicológico que efectista. Desde la antigüedad, con Platón y su mundo de la luz y de la sombra, sabemos que hay un inevitable temor a lo que no conocemos, nada nos genera más terror que salir del confort de nuestro mundo luminoso para adentrarnos en las tinieblas, en lo desconocido. Y la decisión de H.P. Mendoza de ponernos del lado de los muertos me parece que es el primer gran acierto de esta película, es lo que genera una incomodidad y una tensión que se agradece muchísimo porque si me pongo a ver una película de terror justamente busco eso. A su vez, esa incomodidad y ese miedo a lo desconocido del cual nos impregnamos es exactamente lo que está afrontando Emily que de a poco con la ayuda de la médium va saliendo de su zona de confort para adentrarse en las tinieblas, lo cual queda expresado a la perfección cuando intenta salir de la casa y el director con un zoom out nos muestra que fuera de la casa no hay nada, todo es negro, todo es nada.

Por otro lado, la primera parte de la película incomoda también desde el montaje. Se muestran las acciones cotidianas de Emily repetidamente unas detrás de otras y así es como la vemos reiteradas veces preparando huevos fritos (para el que no sabe hacer huevos fritos esta peli es diamante en bruto!) mirándose al espejo o limpiando. No es la primera vez que una película muestra las mismas acciones varias veces, son muchos los casos, por citar alguno podemos mencionar la brillante “Memento”  de Nolan pero a diferencia de esta película que tiene un montaje vertiginoso si se quiere, I AM A GHOST tiene más bien un montaje lento, planos muy largos en duración, planos muy estáticos e incluso creo que si la primera parte de la película se extendiera unos minutos más ya cruzaría el límite de lo “soportable” pero afortunadamente no lo hace y logra su cometido que es tensionarnos e incomodarnos, preparándonos así para una segunda parte bastante distinta sobre la que más adelante les contaré.

Me parece justo destacar también la labor de la actriz Anna Ishida, actriz de teatro  cuya primera experiencia ante cámara fue esta película. Estuvo a la altura de un papel que no era sencillo para alguien sin experiencia ante cámara porque aparece en prácticamente todos los planos dado que de Sylvia (Jeannie Barroga), el personaje co-protagónico, solamente escucharemos su voz en off.
Como Realizador Audiovisual independiente no puedo dejar de admirar algo que para mí es la piedra angular de todo proyecto y ese algo es el diseño de producción. Todos hemos tenido alguna vez una idea que creemos que es lo mejor que puede pasarle al mundo pero la realidad es que si no se logra reunir los elementos necesarios para su concreción, esa idea va a morir en un archivo .txt de por vida. Esta película se hizo con un presupuesto bajísimo y a pesar de ser austera desde muchos ángulos es sumamente efectiva. Tan solo 3 actores, una única locación con un arte realmente increíble, sólo una semana de rodaje, un director que se encargó de hacer también la fotografía logrando una estética realmente muy interesante con un tinte retro que acompaña muy bien la propuesta. La postproducción se logró gracias a 7500 dólares que surgieron de donaciones a través de páginas de financiamiento colectivo de proyectos y, en mi opinión, he visto películas de terror con altísimos presupuestos y equipo técnico súper numeroso que no le llegan ni a los talones a esta atípica obra. Con muy poco, el realizador logró salirse del molde de las películas modernas de terror y plantear una propuesta diferente con un buen resultado.
Otro punto a favor es la banda sonora, austera pero muy inquietante. También a cargo de H.P Mendoza. Todo lo que suena incomoda, ya sean pajaritos provenientes de ese negado exterior de la casa, la voz de Sylvia proveniente del… ¿más acá?, los objetos que tienen muchísima presencia y suenan muy chirriantes, entre otros ruidos y sonidos anempáticos.
Un apartado especial para el arte de esta película que comienza con un fragmento de un poema de Emily Dickinson que dice “…Uno debe ser una casa. El cerebro tiene pasillos que traspasan la materia…” y como no podía ser de otra manera, la casa en esta película es todo. La locación es increíble, ambientada puntillosamente cuidando cada detalle. Sin dudas esta película no hubiera sido la misma si se hubiera grabado en otra locación, cada habitación, cada sector de esa casa por el cual pasa Emily parece tener una mística propia. Emily es la casa y la casa es Emily.

 

 

Para finalizar, les dije que la película podía dividirse en dos partes y que a mí me gustaba más la primera. Bueno, la segunda parte difiere bastante de la primera porque se asemeja un poco más a ese tipo de películas de terror de los 2000 que son más fundamentalistas de que el terror es simplemente generar sobresaltos en el espectador mediante algún artilugio, por lo general sonoro, y no tanto adentrarse en la psiquis de este espectador. Sin irse tan al extremo como se hace en ese tipo de películas, H.P. Mendoza hace uso de este tipo de recursos más efectistas para culminar la historia de Emily que, en mi opinión, debería haber culminado en la misma línea que venía la primera parte de la película pero contra mi pesar, debo admitir que este vuelco formal dentro de la película tiene una ventaja y es que siendo fanáticos del “viejo terror” la podemos ver acompañados por alguien más afín al “nuevo terror” y ambos vamos a salir más o menos conformes (o disconformes)!!!

Gonzalo Albornoz

gonzaloalbornoz@caligari.com.ar

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