Gummo (1997) de Harmony Korine. “La juventud bajo una mirada apocalípticamente bella”

Gonzalo Albornoz Viernes 15 - Julio - 2016Películas para ver con...nadie

 

La película sobre la cual quiero hablarles en esta ocasión es una de mis preferidas de cuando era pibito, ¿“El rey león”?, ¿“La sirenita”?, ¿“Casper”?... no, por supuesto que no. La obra en cuestión es GUMMO, es del año 1997  y fue la ópera prima del estadounidense Harmony Korine. Aproximadamente en el año 98 o 99, la señal de cable I-Sat, solía repetir hasta el hartazgo esta película y yo quedaba hipnotizado frente a la pantalla viéndola cada vez que la enganchaba. Esto se debe a que Korine nos ofrece un catálogo de imágenes, como mínimo, raras. Pero si hilamos más fino, también perturbadoras. Y si hilamos más fino aún, hermosas.

Me dieron ganas de volver a ver esta película porque realmente me acordaba muchísimas escenas aunque pasaron más de 15 años desde la última vez que la vi, así de atractivas  y pregnantes son sus imágenes. Eso sí, la verdad es que no me acordaba la trama de la película ni por casualidad. Ahora viéndola nuevamente comprendo el por qué… No hay ninguna trama, no hay hilo conductor en el relato, no hay siquiera una lógica que nos permita hilvanar una escena con otra, la película en su totalidad está despojada por completo de una linealidad pero lejos de ser caótica, es armoniosa, por un lado da la sensación de que las escenas podrían mezclarse por completo sin problema pero por otro lado, pareciera que el orden de las escenas es perfecto e inamovible. Un caso atípico donde podría decirse que hay un perfecto orden en el desorden. De más está decir que los puristas de la narrativa, los fundamentalistas de la estructura clásica y los paladines del principio-nudo-desenlace, deberían pasar de largo, después no digan que no les avisé.

La película tiene como contexto un pequeño pueblito de Ohio que fue abatido por un tornado, dentro de este pueblito, el director planta su cámara delante de personajes que parecieran haber estado en el centro mismo de ese tornado. Seres oscuros, sin objetivos claros, demacrados, patéticos, turbulentos. Siquiera está muy claro quién o quiénes son los protagonistas pero por una cuestión de mayor cantidad de minutos en pantalla, podríamos decir que los protagonistas son Salomón y Tummler, dos jóvenes que asesinan gatos a cambio de unos pocos pesos para comprar pegamento. A estos dos muchachines se le suman una variada paleta de personajes realmente turbios en situaciones un tanto… ¿exóticas?

 

 

Pero ya ahondaré en ellos, primero quiero detenerme en algunos aspectos formales que me parece que, junto a los personajes y situaciones,  hacen que GUMMO sea un producto muy atractivo, a pesar de ofrecernos imágenes desagradables para toda persona de buenas costumbres y de blanca moral. Korine graba su opera prima en video, dotando a la imagen de ciertas marcas y desprolijidades que hacen que el producto final se asemeje bastante a una filmación hogareña, eso, sumado a colores muy saturados y altos contrastes, me hizo acordar a la opera prima del genial John Waters, la genialísima “Pink Flamingos”, película de la cual ya les he hablado en este mismo espacio y que comparte con GUMMO una frescura muy lograda, un soplo de aire fresco dentro de lo que es el cine estadounidense que se acostumbra a consumir masivamente. Pero a pesar de la desprolijidad en el uso de la cámara, el realizador no se priva de brindarnos, aunque sea por momentos muy aislados, secuencias más que prolijas, armoniosas diría yo, como una muy hermosa donde la cámara sigue con una fluidez exquisita a los dos jóvenes mientras andan en bicicleta.

Pero para que no nos engolosinemos, Korine pocos minutos después nos vuelve a mostrar a estos dos personajes andando en bicicleta pero ya con una cámara totalmente desprolija, fuera de foco y brutalmente tosca. Lo bueno dura poco, dicen.
Como dije al principio, GUMMO contiene imágenes y personajes que quedan grabados en la retina, muchos podrán decir “en el cine ya se hizo todo” y… en muchos casos tienen razón pero les aseguro que esta película nos regala cosas que difícilmente encontremos en otro film, mucho de eso se lo debemos a los personajes que habitan este pueblo que con la misma sordidez que nos regalan un diálogo tan humanamente triste como ¿“Tu mamá te cocina? / Sólo me hace tostadas” nos pegan una trompada al mentón cuando los vemos pagarle a un tipo para tener sexo con su hija deficiente mental.

GUMMO nos ofrece un paisaje devastador de la juventud y de la sociedad en general, el trabajo de arte y de locaciones de esta obra es afiladísimo, ambientes repletos de porquerías, desorden y basuras varias, no podrían estar más a tono con estos enfermizos seres que dan vida a este pueblo. Nos vamos a encontrar con jóvenes cuya única finalidad en la vida pareciera ser aspirar pegamento, a su vez también nos toparemos con adolescentes de plástico, por llamarlos de alguna manera, esos seres cuyo interés gira únicamente en torno a su envase, su cuerpo, los veremos decolorarse las cejas, afeitárselas, ponerse cinta aisladora en los pezones y tironear con fuerza para dejarlos duros y rojizos, entre otras cosas.

Dentro de la película no abundan los adultos pero hay una escena en particular donde dos pequeños se comportan como adultos, más precisamente como adultos desagradables y violentos, destaco la brillante interpretación de estos dos muchachines que “hacen de” Sheriff y utilizan un lenguaje agresivo y vulgar, jugando a denigrar y asesinar a un conejo, más precisamente, a otro joven vestido de conejo, personaje tan emblemático como críptico dentro del film.

Retomando el tema de la adultez en el film, quiero destacar una escena que refleja a la perfección la idea de la adultez en GUMMO, en un sótano abarrotado de porquerías, uno de los personajes se mira al espejo mientras ejercita su musculatura con pesas armadas por él mismo con cubiertos de mesa. Su madre baja al sótano (la misma madre que solo le cocina tostadas a su hijo) y medio en joda, medio en serio, pone un revolver en la nuca de su hijo. Más claro imposible, ¿no?

Para finalizar el tema de la adultez y las figuras paternas dentro de la película, destaco también a dos personajes que tienen apenas una o dos escenas sin ningún tipo de relación con el resto de los personajes o situaciones pero que pesan fuerte a la hora de seguir construyendo ese abandono total y esa falta de rumbo de la juventud que el realizador nos propone. Se trata de dos hermanos que nos los presentan como asesinos de sus propios padres, los jóvenes son lisa y llanamente dos marmotas musculosos que se pegan y se pegan y se pegan. Entre esos golpes, muy pero muy reales por cierto, podemos ver que uno de ellos, dolorido, mira a cámara en varias oportunidades como pidiendo ayuda, podría ser el personaje increpando a la sociedad por haberse y haberlo convertido en una porquería. Aunque quizás estoy flasheando y simplemente la mirada a cámara  es un llamado de atención al director: “che, esto me duele, ¿cuándo cortamos la escena?!”… ahora que lo pienso… me inclino más por esa opción.

En GUMMO se coquetea en más de una oportunidad con el escabroso terreno de la violación, ya he mencionado la escena del padre que prostituye a su hija especial pero esa no es la única parte de la película donde nos encontramos con algo así, también escuchamos el relato en off de una joven abusada por su padre, contado on una total liviandad mientras en pantalla vemos imágenes de este padre sonriente y también tenemos una escena donde el mismísimo Harmony Korine interpreta a un gay que quiere intimar con un enano negro y como parte de su cortejo menciona las violaciones que ha sufrido en el pasado… bueno… cada cual conquista a su modo ¿no?

La muerte también es un tema recurrente en GUMMO solo que estas muertes son totalmente anecdóticas ya que nadie ni nada parece ser imprescindible dentro de este caótico y devastador contexto. Así es que vamos a ver a los adolescentes pegarle un tiro en el pie a una viejita que está en estado vegetativo conectada a un aparato que la mantiene con vida para luego desconectar ese aparato y continuar su vida como si nada hubiera pasado. Lo mismo pasa con los pobres gatitos que matan a tiros, con veneno o simplemente ahogándolos. La vida en GUMMO no vale absolutamente nada y eso se respira en cada uno de los fotogramas de esta apocalíptica obra.

Para ir finalizando, quiero destacar dos escenas que por lo extrañas y por su exótica belleza han sabido ocupar un hueco en mi cerebro durante tantos años. La primera es la del chico-conejo tocando el acordeón en un baño público.

Austera y armoniosa. ¿Qué significa? No tengo la más mínima idea pero es innegablemente bella. La otra, una de las escenas finales de la película donde vemos a uno de los caza gatos comiendo un cocktail explosivo de fideos con tuco, yogurt y chocolate, todo esto mientras está sentado en la bañadera y su madre le lava la cabeza con shampoo.

 

No hay mucha lógica para poder explicar por qué me parecen tan atractivas y pregnantes estas imágenes pero qué sé yo, ¡mírenlas y dentro de 15 años me cuentan si aún las recuerdan!
Para finalizar y a modo de dato curioso y para que vean que no estoy tan loco, dicha escena del pibe comiendo en la bañadera fue vista por, ni más ni menos que Werner Herzog quien quedó tan cautivado por ella que a partir de ahí, no solo entabló una amistad con Korine sino que además participó de algunos de sus siguientes proyectos como ser “Julien Donkey Boy” del 99. ¡Tomá pa vó!

Gonzalo Albornoz

gonzaloalbornoz@caligari.com.ar

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