Mundo de fragmentos: Pierre Léon - Parte 2

Julieta Abella 20 - Mayo - 2017Mundo de fragmentos Ir a la parte 1

 

 

“cuándo,
oh, cuándo
cuando existía la creación
liberada de forma”
Historias del cine, Jean Luc Godard

Otra vez me encuentro ante puro significante. La obra, nuevamente, se presenta absorta, fragmentaria, enigmática, envuelta en su propia hermenéutica. El propio Pierre, en un pequeño intercambio de ideas, me dijo que siente que su producción se encuentra fuera del sistema clásico de producción, “al filo de los deseos”. Entonces, bajo la premisa instintivamente pasional y con los espacios formales derribados, la obra se resignifica, la propia ininteligibilidad e ilegibilidad adquiere una gradación inédita pero afín a mis ojos.
Octobre (2006) presenta una conversación entre extraños en un viaje de tren. Entre escenas en movimiento y paisajes que se desplazan, estos hombres hablarán, fundamentalmente, de L'Idiot, una novela de Fiódor Dostoievski. Permitiéndome el apresurado desliz, este film evocará no solo un texto que será, luego, centro temático y dramático de un largometraje, también de Pierre Léon, sino que, a su vez, establecerá una forma fílmica particular de abordar la propia interacción y el relato a través de los intercambios orales. Octobre (2006), más allá de sembrar un interés literario y estético particular, será un film anecdótico y nostálgico que juega con el momento propio del viaje y, similarmente, con el de la llegada.

Guillaume et les sortilèges (2007), por otra parte, mostrará un mundo rupturista donde las lógicas binarias y los esquemas formales de narración se desarman y que, paralelamente, funcionará como ruptura para con la obra como un todo. Tan irrisorio como las apariciones de sus personajes y figuras, el film es magníficamente refrescante. A través de un espacio limitado y escenográfico, el largometraje se construirá a partir de los sonidos musicales del apartamento que tiene Guillaume a su cargo. Con visitas delirantemente extrañas y repentinas se generará un clima de disparate íntegro que estará acompañado con una paleta de colores excepcional, y en mi mente muy similares a las de Deux dames sérieuses (1988).
Luego de estas dos películas temáticamente disímiles pero estéticamente dialógicas, se conformará una pieza, a mis ojos, espléndida en todo sentido. De forma contraria a mis palabras, Pierre me dice que él no se considera un artista y que deshizo desde temprano “la necesidad de hacer obras de arte”. Sin embargo L'Idiot (2008) es magistral tanto en su aspecto formal como en su aspecto dramático.
No remontar a la experiencia de la primera observación sería un error. Vi L'Idiot (2008) solo unos días después de L’Adolescent (2001). El efecto de percepción que me causó el segundo film fue análogo al primero. Ya sea por el espléndido plasmado del texto literario en cámara o por la búsqueda formal refrescante, cuyo bastión es el lenguaje teatral, ambos largometrajes son extraordinarios, cada uno en su propia búsqueda. Porque, retomando a Pierre, no se rigen por sistemas formales rígidos y sí por la necesidad de lo nuevo; no en el sentido de novedad, sino por aquello que suscita un nuevo deseo o pensamiento, que encarna el despertar de la imaginación misma.


L'Idiot (2008) relata la historia de Nastasia Filíppovna, mujer inmersa en un gran escándalo. Como figura central, Nastasia nucleará toda la acción dramática y conformará, a su vez, la narración a partir de su propia mirada y la ajena. Fundamentalmente, la acción se sucederá de una forma muy escenográfica permitiendo que se establezca no solo un gran trabajo con el texto sino también insistiendo en la experimentación formal mediante el lenguaje teatral. A través del texto de Dostoievski y del armado del espacio, se crearán ambientes de lo más diversos que permitirán suscitar todo tipo de emociones en el espectador. El film, entonces, es una confirmación de la estética que irá surgiendo en la obra de Pierre Léon y que se cristalizará en una espléndida adaptación fílmico-teatral de lo literario; dramática y estéticamente magnífica.
Entre algunas inquietudes, respuestas y comentarios sobre la producción de su cine, Pierre Léon me dijo que se considera mal comentador de sus películas. En su imposibilidad de comentar y en mi imposibilidad de leer, el diálogo involuntario que une sus películas- donde “están mis rastros, mis improntas y mis ecos”- es aquel que da motor a mi escritura; una escritura que, aún, persiste en plasmar la espontaneidad de ese, él, deseo.

Buenos Aires, 20 de mayo

Julieta Abella

julietaabella@caligari.com.ar

Mundo de fragmentos

En la presente columna se documentará el paso por obras cinematográficas completas en un tiempo acotado. Se trata de una experiencia visual; una crónica de percepción. Cada película como parte del todo de una obra y, a su vez, la obra como la sumatoria de sus partes.