Diario de trabajo.
¿Apología del caos?

Melisa Liebenthal 20 - Agosto - 2017 Columna de Melisa Liebenthal


Durante un año grabé material como una hachedepé para lo que quería que fuera mi segunda película. Viajé mucho y salí a grabar sola, con mi cámara de siempre. Una cámara que me había dicho que no volvería a usar para una próxima película, por su calidad “no profesional” pero, ante la necesidad de comenzar el nuevo proyecto de alguna forma, lo primero que hice fue agarrarla y salir a grabar. Ni siquiera pensé en que podían haber otras formas de empezarlo. No tenía opción pero creo que en estos casos está bien no tenerla.
Encarar un proyecto tiene para mí mucho, demasiado, de dejarse llevar por la intuición. Parto desde el mismo caos y en el hacer voy descubriendo todo: lo que quiero hacer y cómo lo voy a hacer. Tal vez algo de eso es por mi falta de experiencia y de metodología.

En este proyecto, desarrollo está emparentado con descubrimiento. Partí desde una nebulosa, en donde no había nada claro, pero sí un interés por algo, una preocupación personal por algo. Pero eso no alcanza para volverse película, ni siquiera proyecto. Es necesario extraer o inventar la particularidad en la propia mirada, y eso ya se traduce en una posible pieza (y no digo película, creo que la particularidad en la mirada hace posible cualquier tipo de creación, desde un cortometraje experimental hasta una serie de Netflix, hasta un poema o lo que fuera. La particularidad de la mirada se cruza con el manejo de un medio, y de esa forma tiene lugar la creación). Grabar como una hachedepé me ayudó a encontrar el proyecto, porque previo a eso no había nada. Supongo que es equivalente al proceso de escritura de guión para otros. Solo que no terminás gratuitamente con decenas de horas de material para editar. No estoy segura de si ese proceder fue un “error” por falta de experiencia, es decir, una desorganización evitable, o si no tendré más opción que repetirlo en un próximo proyecto…
Supongo que un poco y un poco.

Recién por estos días, más de un año después de estar grabando como una hachedepé, tarjeta tras tarjeta, inventando sinopsis y tratamientos para aplicar a concursos, tratando de ser clara en cartas de intención y de conectarme con mi propio deseo (¿qué quiero hacer, realmente?), encuentro el comienzo del camino. Se volvió visible el primer trecho de un plan, un plan con metodología, que todavía hay que atravesar para completar.
El camino a seguir era el más simple, por supuesto: editar lo que hay. En orden. Visionar, seleccionar, reducir, ordenar, editar, dejar armado un boceto. Escena por escena, o secuencia por secuencia. Enfrentarse a esa cantidad monstruosa de material, en orden. Básico y hasta evidente, pero cómo saberlo mientras una no lo sabe. Es como si nada hubiera estado dado por hecho para mí en este proyecto, y cada paso dado fue y es un poco de claridad ganada al caos.

En el fondo esta película va a contar su propio proceso de descubrimiento, porque eso es lo que la define enteramente y es lo más interesante que podría contar en este caso.

Buenos Aires, 20 de agosto

Melisa Liebenthal

melisaliebenthal@caligari.com.ar

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