Muy bacán

Maria Florencia Sosa Domingo 14 - Mayo - 2017 Columna de Maria Florencia Sosa

 

Vuelvo a Buenos Aires. Llueve y hay viento, ahora empezó el otoño de verdad. Me cuesta recuperarme de la intensidad de los días previos. Viajando la percepción del tiempo se me modifica, pasó mucho en 6 días que no son tanto pero igual son un montón. Acá, se realizó el Primer Encuentro de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (http://bit.ly/2pIHr8L); además, empezó el BAFICI y con él, continuaron las Asambleas en defensa del Cine Argentino en todo el país. Allá, cruzando la cordillera, llegué con mi proyecto de largometraje a Chile, seleccionado para participar del BioBio Lab, en el marco del Festival Internacional BioBio Cine, en la ciudad de Concepción. No conocía Chile, y es el primer laboratorio internacional para la película. Viajé llena de entusiasmo que todavía perdura y ahora se me mezcla con el cansancio y con el deseo de poder retener todo, de abarcarlo todo para no perder nada de la experiencia. Crecimos, la película, el equipo y yo (viajé con Natalia Vuotto, amiga y una de las productoras de Siniestra).

Los primeros dos días parecieron cuatro. Éramos ocho directores con sus respectivos productores: dos proyectos argentinos, uno brasilero y cinco chilenos. Comenzamos la mañana presentando para todos nosotros y para los tutores, las películas, haciéndonos preguntas, imaginando qué busca contar cada uno. Sin saber nada de las personas que estaban ahí con nosotras en ese momento, la primera forma de conocerlos fue a través de sus películas, y creo que es una linda manera de conocer a otros cineastas. Los proyectos, geniales y diversos, me dan un panorama muy alentador, me resulta estimulante saberme parte de ese grupo, cada uno tan interesante con sus particularidades, me hace sentir muy bien que mi película sea una de las elegidas para estar ahí con ellos. La tarde se hace maratónica, cada grupo tiene agendada una cita individual con los tutores (Agustina Chiarino y Fernando Epstein productores uruguayos fundadores de Mutante Cine; y Eduardo Villalobos, productor ejecutivo chileno, director artístico del festival BioBio Cine y director de carrera de Comunicación Audiovisual Duoc UC). Encuentros breves pero potentes. Ese día, siento que atravesamos un torbellino que nos sacude las ideas y nos desordena, en un buen sentido, para ayudarnos a reconocer las debilidades y fortalezas de nuestros proyectos. Hay cosas para replantear, otras que puedo reafirmar pero mucho para trabajar. Vale la pena estar ahí y además fuimos muy bien recibidos por los organizadores, coordinadores y voluntarios que trabajan con tanto cariño para construir el festival y el lab.

Al día siguiente teníamos que dar un pitch ante los jurados. Un pitch es una presentación breve sobre la película: la historia, la propuesta estética, la motivación y los detalles de producción, de modo que sean concisos y atractivos para un potencial interesado en financiar la película, y en  este caso, ante quienes serían los encargados de elegir al ganador del lab. Puesto aquí en palabras puede parecer muy sencillo, pero tuvimos uno de práctica ante compañeros y tutores, antes de dar el pitch final, que era con micrófono, sobre escenario, ante jurado y público que llenó la sala. Unas pocas horas separaban uno de otro, suficientes para que afloren mis nervios y me bloquee completamente. De no haber estado Natalia conmigo, habría salido corriendo. No exagero. Pero son las reglas del juego, me planté en el escenario y disimulé bastante bien mi ataque de pánico. Tenía al lado a Nati, en las primeras filas las miradas atentas de mis compañeros que tan bien me hicieron y el apoyo de los tutores. Qué alivio tan gratificante terminar esa parte, es un momento de exposición muy grande por el que debemos pasar y me alegra haber vivido la experiencia en el contexto del BioBioLab donde estuvimos tan bien contenidos y entrenados para afrontarlo. Los proyectos realmente crecen mucho en esos días y se fortalecen para seguir camino. Suena a frase hecha, pero en este punto, ganar termina siendo algo accesorio porque vale muchísimo haber llegado hasta ahí.

Todo lo que vino después, fue una maravilla. Compartí largas conversaciones con mis compañeros. Vi varios largometrajes del festival, entre ellos una película que disfruté mucho: “Días de Cleo”, ópera prima de la directora chilena María Elvira Reymond. Charlé con ella, con el plus de que le pregunté muchas cosas y encontramos similitudes en nuestras historias e inquietudes a la hora de narrar. Visité la plaza de los dinosaurios (es un parquecito que tiene estatuas de dinosaurios, gigantes y muy reales y simpáticos); fuimos a dar un paseo por Tomé donde vimos lobos marinos en la playa y conocí el Océano Pacífico. Aprendí palabras nuevas y expresiones chilenas que ahora no sé dónde y cómo aplicar. Experimenté, por primera vez en mi vida, lo que se siente estar en un temblor. Estaba sola en la habitación del hotel cuando el edificio empezó a mecerse y a crujir, me desorienté un poco hasta que entendí lo que estaba pasando (me habían advertido sobre los terremotos antes de viajar y habíamos estado hablando sobre el tema el día anterior con los chicos de Chile), me maree apenitas pero seguí comiendo mi manzana verde, me lo tomé bastante bien. Ahora que lo pienso, me lo tomé mejor que al pitch.

Fue significativo ese cierre de viaje, tembloroso, porque de alguna manera todo lo que intento resumir para que entre en esta columna y no sea un plomazo, y cada detalle e imagen que guardo, me marcó y me conmovió, porque es alimento para algo muy fuerte que me mueve el piso, querer hacer cine.

Agradezco a todas las personas que hacen el festival, a los compañeros con los que compartí el Lab y a los realizadores con los que tuve oportunidad de hablar. Fue un hermoso e inolvidable encuentro.

http://biobiocine.com/

 

Fotografía: María Florencia Sosa

 

María Florencia Sosa

flososa@caligari.com

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