Fernando Bravo, el Área 51 y Roswell

Maria Florencia Sosa Domingo 26 - Febrero - 2017 Columna de Maria Florencia Sosa

 

Cuando tenía 9 años era parte del folclor familiar ir con mi mamá y mi hermanita a pasar los viernes a la tarde a la casa de mi tía, que para esa época tenía un almacén, así que teníamos canilla libre de Cindor, que venía en botella de vidrio, y de galletitas Melba, que venían en lata y tenían el tamaño de un alfajor. O será que de chica una ve las cosas más grandes.
Hacia la noche, iban llegando mi papá y mi tío, que trabajaban afuera. Cenábamos todos juntos, veíamos películas o algún programa. Una noche daban un especial en algún canal de aire. El conductor, Fernando Bravo, presentaba “en exclusiva” la grabación de una autopsia realizada a un extraterrestre, un cuerpo encontrado tras un accidente de la nave, el llamado “caso Roswell” de la década del 40. Yo estaba fascinada: un plano fijo, película de mala calidad en blanco y negro, el cuerpo alienígena recostado en una camilla que se veía de costado, dos hombres en traje espacial que manipulaban instrumental quirúrgico para analizar al aliencito. Era todo rarísimo, pero me daba mucha lástima porque pensaba en la familia del alien, capaz lo estaban esperando en su casa, como a E.T.
El programa hablaba de conspiraciones del FBI, de los misterios del área 51, de documentos clasificados y además mostraba testimonios de personas que habían visto OVNIs, e incluso otras que habían sido abducidas y luego devueltas a la tierra. Y lo que más me llamó la atención, eran los testimonios de personas que luego de ser secuestradas y analizadas por los extraterrestres, aparecían a muchísimos km de sus casas. Ese fue el momento en el que morí de miedo, se había abierto una posibilidad que no había tenido en cuenta nunca: si una nave extraterrestre me llevaba y me dejaba después lejos de casa, no sabía cómo volver.

Más tarde esa noche, en la oscuridad de la habitación que compartía con mi hermana, no pude dormir nada. Al cerrar los ojos, imaginaba al aliencito sentado al borde de mi cama, tranquilo, me miraba. Yo no quería que me llevaran si me iban a dejar lejos.
Busqué a mi mamá, la desperté, le expliqué. No me acuerdo bien qué me dijo, supongo que habrá disimulado la gracia que le causó mi preocupación, y que no pasaba nada, que el extraterrestre era de mentira. Pero mi problema no era con él en realidad, el tema era que con tanta tecnología no les costaba nada dejarte en el mismo lugar de donde te habían llevado. Al menos yo me hubiera manejado así, sin generarle tanto inconveniente al abducido para volver con su familia.

Nunca fui una niña miedosa, pero cuando tenía miedo por algo, como esa noche, lograba tal intensidad que terminaba modificándome algo. Y toda esa sensación se originó por una puesta en escena muy barata con un extraterrestre de mentira. Quién y para qué hizo esa grabación, y a quién en la TV argentina se le ocurrió darle espacio a semejante embuste, no lo sé, pero una parte de mi gran amor por inventar patrañas y hacer películas se debe al extraterrestre de látex.

María Florencia Sosa

flososa@caligari.com

Fernando Bravo, el Área 51 y Roswell