El miedo

Maria Florencia Sosa Domingo 30 - Octubre - 2016 Columna de Maria Florencia Sosa

Cuando empecé con la práctica de arquería, aprendí que todos tenemos un “ojo dominante” que no depende de si somos diestros o zurdos para escribir o cualquier otra cosa. Por ejemplo, yo soy diestra, pero mi ojo dominante es el izquierdo, o sea, es el ojo con el que apunto a través de la mira en el caso del arco, pero además, es con el que miro a través del visor de la cámara para sacar fotos. No es que con uno veamos mejor que con otro, si no que es el que guía y subordina al otro ojo.


Dice la RAE,
miedo
Del lat. metus 'temor'.
m. Angustia por un riesgo o daño real o imaginario.


Real o imaginario.

Soy la única persona que conozco que se desmayó alguna vez visitando al oftalmólogo.
Fue una vez sóla, en la que se conjugaron una práctica poco habitual de mi doctora para con mi ojo izquierdo: intentó drenar un orzuelo, sin mediar palabra, escarbando en el ojo con una especie de palita; y el aviso de que si así no drenaba iba a tener que hacer una “pequeña intervención quirúrgica” para cortar. Lo siguiente que recuerdo es a su secretaria llamando por teléfono a mi mamá. Al final el orzuelo se fue solo. El miedo me hizo curarlo con la mente.

Un día sonó el despertador temprano y pasó algo extraño, mi mente lo escuchó y se despertó dentro de mi cuerpo que tardó un poco más en reaccionar. Quise abrir los ojos y no pude, quería apagar la alarma. Me puse un poco nerviosa, y tuve que hacer un gran esfuerzo para lograr abrirlos. En ese momento, sentí un dolor punzante en el ojo izquierdo, que inmediatamente empezó a lagrimear. Ríos de lágrimas, el ojo rojo, chiquito, imposible abrirlo. Conjuntivitis no es. Es una irritación o una alergia que me da cada tanto, creo que aparece más cuando estoy cansada. Como pude me levanté al baño y me lavé la cara. Igual el ojo no paraba de llorar. Mi pobre ojo dominante. Volví a la cama, intenté calmarme. Me acosté de nuevo y cerré los ojos. El dolor no se iba, y cada vez que los abría, el ojo izquierdo lloraba. Sabía, por otras experiencias, que todo calma luego de descansar la vista y la cabeza. Me preocupaba igual, al otro día había grabación y soy la camarógrafa.
Después de algunas horas de reposo, me quedaba la visión borrosa, un leve dolor y molestia ante la luz.

Hace un tiempo mi miedo se encarna en el daño a los ojos y mis anteojos son mi escudo contra el riesgo del mundo.

 

María Florencia Sosa

flososa@caligari.com