“Estar aprendiendo algo nuevo, absolutamente desconocido, tiene esa fuerza absoluta del presente”

María Canale Domingo 17 - Enero - 2016 Columna de María Canale

Estoy escuchando lo mejor de Soda Stereo. Mi novio sigue juntando cd´s y los voy desempolvando de a poco con gusto. Ya gasté los primeros de Los Ratones Paranoicos (Fieras Lunáticas gran disco, gracias Negra por recordármelo), todos los de Intoxicados y ahora Soda.

Este es un verano peculiar. Por un lado empecé mis clases de buceo para Respirar, la película uruguaya que voy a filmar en unos meses para la que debo aprender a bucear. Por el otro estoy escribiendo mi tesis, escribiendo en concreto, ya que los últimos meses fueron más de lectura e intento de orientación temática. 

Buceo tres veces por semana. Voy a la pileta con trece aprendices más, muy distintos a mí y entre sí, no se muy bien por qué hacen el curso, casi ninguno tiene idea de nada de buceo. La clase consiste en escuchar, mirar como se hace y hacer. Me parece maravilloso no hablar, estar abajo del agua tiene ese beneficio, no se puede hablar (justo suena Hombre al agua cuando escribo esto, je). Estar aprendiendo algo nuevo, absolutamente desconocido, tiene esa fuerza absoluta del presente. Uno sólo puede estar ahí, y más en el buceo que ante cualquier error o desconcentración te podés morir fácilmente porque no pertenecemos al medio. Eso, estar en un medio que no es el propio. Vivimos rodeados de aire, apoyados en la tierra pero rodeados de aire, es una locura desquiciada meterse abajo del agua, respirar por un tubito y estar ahí por mucho tiempo sin sacar la cabeza a la superficie. Creo que de algún modo, aunque no sepa muy bien cómo, me hace bien al ego estar buceando, estar de invitada en un medio que no es el propio, tener que ir lento, pausado, sólo ocupada en respirar. 

La fuerza absoluta del presente es lo que me toma en los últimos meses. Escribo la tesis de graduación sobre “la presencia del actor”, qué la determina, cómo es, cómo se entrena y construye. Es extraño pensar tan intelectualmente este oficio que es puramente práctico, que se conforma en el hacer. Contrario a lo que esperaba, estoy disfrutando de pensarlo, de estudiarlo, de aprender. Somos vagos los actores, creemos que sólo se trata de ir al ensayo, función o rodaje, y estar ahí, decir el texto, hacer las acciones y listo. Cada vez más confirmo y sostengo que hay que hacer algo todos los días para nutrir el oficio, a modo del dibujante que bocetea a diario, o el músico que estudia todos los días su instrumento. Lo complicado de este oficio es que el instrumento es el propio cuerpo/mente, el propio existir. Durante muchos años entrené con un grupo y con mi maestro Guillermo Angelleli, pero ahora estoy sola. ¿Cómo se entrena a diario y en solitario? Aún no lo se bien, y va cambiando, pero cada día hago algo que me pone en contacto con el oficio. Ahora está la tesis, el buceo, siempre tengo el yoga, la acompañé a mi amiga Fran Ure (maestra de actores) los últimos meses de curso como su asistente, veo películas, series, obras, música en vivo, leo leo leo lo que venga con hambre, voy a la plaza a despedir a la ex presidenta como argentina y como actriz, realizamos la post producción del cortometraje de mi amiga Cecilia, voy a la montaña a caminar entre volcanes con mi mamá, viajo en auto con mi novio en silencio con una gran sucesión de discos sonando. 

Y ahí se me mezcla la vida con el oficio y todo parece la misma cosa. Supongo que es una cuestión de encare, de cómo uno encara cada cosa que hace. Y del mismo modo que mi mamá científica siempre busca encontrar patrones y significados en las cosas (aún en las más insignificantes); yo vivo de pesca. De pesca de experiencias, presentes y vivencias que nutran mi oficio, de aprendizaje de vida en el mundo para que mi vulnerabilidad se convierta en mi fuerza. 

17 de enero

María Canale

mariacanale@caligari.com

@Fuegoenpolvo

 

 

“Estar aprendiendo algo nuevo, absolutamente desconocido, tiene esa fuerza absoluta del presente”