Entrega 32

María Canale 1 - Octubre - 2018 Columna de María Canale



Esta es la entrega número 32 de mi columna. En unos meses cumplo 32 años, estoy embarazada de cinco meses y las dimensiones de las cosas están cambiando todo el tiempo. El tamaño de mi cuerpo, el lugar donde vivo, los ministerios en secretarías. El otro día le decía a Seba, el papá del bebé que se viene y mi compañero en esta aventura, que es loco habernos embarcado en dar vida, en criar, en formar una familia. Que lo hicimos con todo el deseo del mundo (nunca antes vivido por ambos) y con un nivel de inconciencia y desconocimiento total de lo que se trata. Uno puede teorizar, investigar, racionalizar todo lo relativo a la mapaternidad, creer saber de qué se trata porque uno es parte de una familia, es hijo, tiene padres, etc.; pero realmente no sabemos nada. Y por más que todos digan cosas, nadie puede explicar lo que es.
Antes, otras embarazadas me habían dicho miles de cosas; que es hermoso, que no les gustó el estado, que no dormís más, que te dormís en cualquier lado, que dejás de ser importante, que pasás a un segundo plano, que pudieron hacer su vida tal cual, que no se pudieron mover, que anestesia en el parto si, que anestesia no, en fin. El tema es que cuando finalmente estás embarazada (supongo que para criar debe ser lo mismo) nada de lo que te dijeron sirve de mucho y estás sola. Sola porque es tu cuerpo y tu historia atravesados por esta contingencia ineludible (por más que estén el compañero, la familia, los amigues). Todo se recapitula. Igual no quiero teorizar mucho al respecto porque no le va a servir a nadie y cambia todo el tiempo y aún me quedan cuatro meses de este estado. Lo que sí puedo afirmar, es que si no elegís atravesar un embarazo y la responsabilidad que conlleva, estar forzada a hacerlo debe ser una real tortura.
Me costó los primeros meses. Es difícil el cambio repentino del caudal de energía, me costó sentirme azotada por un cansancio y una náusea que no tenía la dulzura del bebé moviéndose adentro, sin la contundencia de la panza que pone el límite claro y las condiciones de movilidad. Extraño la bici, las ganas de hacer, ir de acá para allá, estar en constante ebullición. Ahora que está la panza y el contacto con esta vida que se expande, es mucho más claro el imperativo del empolle. Empiezo a entender de qué se trata esto, a hacer espacio, auto percibir, abrir las caderas, descruzar las piernas, descansar para el cuerpo haga, ampliar el hábitat del bebé, de alimentar este vínculo que al principio se sentía tan abstracto.
Es raro ser actriz y estar embarazada. Cuando aparece la panza no hay mucho en lo que se pueda trabajar más que de embarazada. Por suerte pude filmar ocultando la panza bajo ropa de invierno hace unas semana, me hizo bien, estuve un ratito con la María de antes, fue como una despedida. Y después de esa filmación, como si me hubiese esperado, la panza hizo ¡plop! y apareció con una contundencia inocultable, el cuerpo indicando “estás en esta”. Entonces me dije bueno, en esta estaré: embarazada, desempleada, empollando en mi casa, leyendo a Casilda Rodrigañez, regando las plantas, armando la huerta, lavando secando y doblando ropa, cocinando.
El otro día cuando Seba volvió de trabajar lo esperaba en casa con la cena. Había estado en casa todo el día, él llegó y estallé en llanto “soy la mujer que espera a su marido con la cena”. Me vi protagonista de la imagen que pensé nunca iba a elegir, o que repelía en otro momento de mi vida. Ahí mi yo hiper productivo/independiente, distorsionando con mis ganas de maternar, de empollar, de estar en casa y nada más.
Mi fuente de trabajo e ingreso siempre fue la actuación que ahora está como en pausa. Estoy haciendo otras cosas, están las bandas, la escritura, pero está difícil generar dinero. ¿Qué pasa cuando las mujeres trabajamos de cosas que ya no podemos hacer embarazadas y recién paridas? ¿Hay que hacer una mega planificación de subsistencia económica? ¿Hay que trabajar de otra cosa? ¿que banque ese tiempo el compañero? ¿Y si sólo con lo del compañero no alcanza? ¿Si no hay compañero? ¿Qué pasa si no queremos trabajar porque así lo pide el cuerpo? Es muy determinante el embarazo, pide lentitud, pide casa, pide pausa. Y ¿qué pasa con el deseo de actuar, de hacer, qué se hace con ese deseo que no tiene como ser conducido? Será un tiempo de muchas preguntas con pocas respuestas este.
No sé cómo será actuar siendo mamá, si me van a dar ganas, si me van a llamar, qué va a pasar con mi cuerpo después de esto, cómo vamos a hacer con los tiempos. Ya me ocuparé cuando sea el momento. Igual me da ansiedad y nostalgia de a momentos, después pienso que muchísimas mujeres actrices tienen hijos y siguen actuando, que las mujeres tienen hijos y siguen haciendo lo que hacían antes de ser madres, ¿pero a qué costo? Hoy el futuro se presenta como una gran incertidumbre, como una luz cegadora. Escribo esto y el bebé patea adentro y me trae al ahora y esa es la gran certeza, el ahora.
En este momento empollo, me ocupo del hogar, estoy desempleada y mi compañero es el que sale a trabajar, por suerte nos alcanza y puedo vivir el embarazo tranquila. Hago yoga bien lento, no sé si voy a volver a estar así de lenta y tranquila, quizás cuando sea vieja, así de “poco productiva”, no sé nada en estos días, pero me da la sensación que cambiar el mundo es también criar hijos con amor, placer, contacto y deseo. Me da la sensación que llevo la revolución latiendo adentro.

María Canale

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@Fuegoenpolvo

Entrega 32