Futuro: Agotamiento del lindo

María Canale Domingo 4 - Julio - 2015 Columna de María Canale

Martes 30 de junio de 2015, 22:23 hs
Suena: AM de Artic Monkeys
Aftermath de los Rolling Stones

Acabo de cortar el teléfono con mi novio, decidimos no chatear más y acabamos de hablar una hora y pico por teléfono, como en los noventa. Me quedo en silencio, miro el techo. Soy un cúmulo de sensaciones estos días, en tres días estreno una obra de teatro para la que trabajé muchísimo, se me sale el cuerpo de sus límites materiales. Ya cené, volví hambrienta de un ensayo en el teatro y me hice un bife jugoso con puerro y cúrcuma y mostaza, necesito estar fuerte, siento que puedo enfermarme en cualquier momento. Es la debilidad previa al estreno, lo sé, sé que la sensación de estar por enfermarme no es real, pero tiene manifestaciones concretas, tengo mocos, me duele la garganta, me late la cabeza, y el malestar se vuelve lo más real del mundo. Pienso, quizás lo que me da malestar son todos estos pensamientos que me rebotan adentro como pelotita de pin ball. Entonces vengo a la compu, pongo un disco y me decido a sacar de mi todos estos pensamientos, “voy a hacer la primer entrega de la columna que me propusieron”, me digo.


Estoy tomada por el inminente estreno, todo se trata de eso. Hace un año y medio que no ensayaba teatro y cuando empezamos a ensayar FUTURO (la obra pronta a estrenar) salía de los ensayos con un nivel de agotamiento total; físico, mental y emocional. Agotamiento del lindo, del de haber tenido el cuerpo tomado por completo por algo. FUTURO es una obra sobre una banda de rock de cuatro chicas en los 90, y es también un ensayo sobre arte, y es también un recital. Así que lo que toma mis días desde febrero de 2015 es el teatro, el rock y pensar el arte. Si lo pienso así me parece espectacular y surreal dedicar mis días a esto, hay gente que va a una oficina a decidir sobre la economía del país y otra gente que cobra en una caja de supermercado y otra gente que depila chicas y señoras en un centro de estética y entre toda esta gente que hace cosas yo estoy jugando muy en serio a ser una rockera en Nueva York en 1999. Es rarísima esta profesión.


En este período de ensayos intensivos de 6 meses trabajé con un equipo hermoso de personas talentosísimas a las que vi casi todos los días, toqué muchísimo la guitarra, me obsesioné con los Rolling Stones, volví a cantar con goce sin juzgarme, dormí muchísimo, hice yoga casi todos los días, me encerré bastante en mi casa y escuché toda música vieja. Siempre estoy buscando lo nuevo, una banda nueva, el último disco de fulano, un sonido que nunca escuché antes, pero este tiempo fue de revisión hacia atrás, escuché Chuck Berry, Pity Alvarez, T-Rex, Charly García, Depeche Mode, Bowie, Zeppelin, Coltrane, Chaka Khan, Michael Jackson y los Stones por supuesto. Algo de esta revisión hacia atrás en lo musical se empató con revisar hacia atrás mi vida, mis vínculos, me acordé mucho de la facultad, de personas que no veo hace un montón, extrañé mucho a mis primos, a mis amigas del colegio, volví a pasear por lugares a los que iba de chica.

 


Siempre me cuesta la condición puertas-adentro de los períodos de ensayos, hay algo que se queda en uno durante la lenta preparación, durante esa cocción a fuego lento. Hay que rumiar la ansiedad, hay que darle tiempo a la obra para que aparezca, a la actuación para que fluya, a los cuerpos para que se encuentren. Hoy ya casi estamos, prontos para el despegue, parados en el borde del abismo, con un vértigo tremendo pero con la total certeza de que vamos a saltar juntos, porque eso es lo lindo de esta profesión, que se hace con otros, sobre todo el teatro.
No se qué sentido tiene esto que escribo, no se qué elegir, en qué concluir, qué portar como bandera, no se qué creo del arte, ni se qué utilidad tiene esto que estoy haciendo. Entonces es quizás en esa completa incertidumbre que entiendo por qué es que actúo, que mi búsqueda de sentido se traduce en poner el cuerpo, en estar tomada por un presente puro que es ficción, que aunque sea ficción es lo más real del mundo, porque como dice Rita (mi personaje en la obra) “la ficción le hace el orto a todo”.

Buenos Aires, 30 de Junio.

María Canale

mariacanale@caligari.com

@Fuegoenpolvo

 

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