Como empezar un cuaderno en blanco

María Canale Domingo 6 - Noviembre - 2016 Columna de María Canale


Me falta escribir dos párrafos de la tesis. La conclusión conclusión. Dos párrafos son, sólo dos. Pero les hago un ole y me pongo a escribir acá, en otro archivo, para no estar allá. Además desde la mañana que tengo ganas de escribir acá, en este archivo. Para escribir la tesis necesito un nivel de concentración muy alto. Estar sólo ahí, a veces no puedo escuchar ni música que ya me estoy saliendo. Y ahora no tengo ganas de estar tan concentrada. Suena el teléfono con mensajes de whatsapp del grupo de la banda, me escribe un chico que me gusta, Instagram me avisa que alguien comentó mi historia. En estos días pienso en cómo nuestras vidas ocurren a través de los teléfonos y me aterra. También me atrae. Es como ir a estar en otro lado. Como con mis archivos de escritura, estoy en el de la tesis, estoy en el del diario, estoy en el teléfono. Que llegue la telepatía pronto por favor. Así dejamos de ser una especie que mira un rectángulo de luz que sostiene en la mano.

Hoy a la mañana fui al sanatorio a conocer a Margarita, la hija de Fran. Hace dos días Fran parió. El lunes a las 23.10. El lunes tuve un día tremendo, y cuando estaba en la cama, como una campeona habiendo atravesado todas las postas de ese día, mirando el celular, estando ahí metida, me llega un mensaje de Fran, con una foto de su familia que ahora son tres. Desde muy chiquita mi mamá me llevó a ver bebés recién naciditos, tengo muchos primos más chicos, entonces nacieron muchos bebés cercanos después de mi. Es algo que me encanta, conocer a los bebés cuando llegan al mundo, en esas habitaciones impersonales que siempre huelen bien. Ver a un bebé recién nacido es algo muy poderoso, esas mini manos y mini uñas, y mini pliegues de las orejas, y mini bocas, y mini lenguas, y mini pestañas, y mini tobillos. Un humano en miniatura. Una vez, hace ya casi treinta años, yo tuve ese nivel de miniatura.

Cumplir años en noviembre es hacer el balance de fin de año y el de fin del ciclo solar todo junto al mismo tiempo, es estar lleno de finales, festejos, estrés y responsabilidades de cierre de cosas todo a la vez. Me puse de objetivo entregar la tesis antes de mi cumpleaños, así eso queda de este lado del puente. Del otro lado del puente, del lado de los treinta años no quiero conocer lo que hay. No se nada de lo que hay de ese lado, puedo intuir que se van a materializar algunas cosas en función de mis deseos, pero lo que es saber saber, no se nada. No se a dónde voy a vivir, ni en qué voy a estar trabajando, ni a quién voy a amar, no se qué corte de pelo voy a tener, a dónde pasaré el verano, qué canciones nuevas estaré tocando, qué disco estaré escuchando. Es que dejo casi todo cerrado y terminado lo que respecta a los veinte. ¿Qué serán los treinta? Se debe poner mejor aún, porque hasta ahora, la vida siempre se puso mejor.

Fotografía: Santi Naya.

Estudio Panda - Grabación de baterías y bajos del primer disco de Chico Láser:

PROYECTO IDEAME

 

Ayer almorzamos con Rocío, mi amiga del valle patagónico que se está quedando en casa conmigo este mes, y nos fuimos a la plaza. Tiramos la lona, pusimos Virus en el parlantito, cantamos a viva voz, tomamos mate y sol. Si hay algo que puedo decir de este momento de mi vida, es que tengo los mejores amigos que puedo desear, que me las ingenié para estar casi todo el tiempo, hasta cuando se trata de trabajar, con mis amigos. No se si es por la llegada del verano, el sol y los días más largos que me ponen optimista, pero veo que a mis amigos les está yendo bien, los veo crecer, conectados con sus ganas.

El jueves volvíamos en la bici de noche, Ra la llevaba a Camila sentada de costado en el caño, íbamos lento, cansados, charlando, contentos, de repente los chicos dieron una vuelta carnero con la bici y todo y Camila se abrió la frente, sobre la ceja. Se asustó mucho mucho, al punto del pánico, después el susto pasó, y nos reímos. Al día siguiente pensé mucho en eso, en los golpes, en el miedo que dan, y en cómo uno los asimila, los hace parte y sigue. Camila temblaba del susto que le daba la posibilidad de haber perdido alguna capacidad cognitiva, yo le decía que se quede tranquila, que el cráneo es el hueso más fuerte del cuerpo, que no estaba desmayada, ni viendo doble, ni olvidada de su nombre, que podía respirar. Hay golpes que te sacan la respiración por un rato, que crees que te vas a morir de no poder respirar. Cuando a mi prima Aline la patió el caballo y le fisuró dos costillas y un riñón, pensé que se me iba a morir ahí en medio del campo de no poder respirar; corrí lo más rápido que pude hasta la casa a buscar ayuda adulta y después fue reposo y recuperación, y a la siguiente vacación ya andábamos como dos forajidas sueltas por el campo entre los caballos otra vez. El tema es ese con los golpes, vivirlos, reposarlos, recuperarse, asimilarlos y hacerlos parte de uno.
Creo que estoy llegando a mis treinta con mis golpes masticados y bastante bien cicatrizados, a pesar de ser un cuerpo de lenta cicatrización. Me gusta esta sensación de no saber qué viene, es como empezar un cuaderno en blanco, o aterrizar en una ciudad desconocida.

María Canale

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mariacanale@caligari.com.ar

@Fuegoenpolvo

 

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