Llorar como una chiquita

María Canale Domingo 7 - Agosto- 2016 Columna de María Canale

Dicen que esta va a ser la noche más fría del año.

Estuve todo el día en la cama. Con fiebre y congestión. Dormí y tomé te, y dormí y tomé sopa, trabajé un poco en el Drive de “Rodriguez en la China” que mañana tenemos nuestro tercer programa (los lunes de 21 a 23 por radiolabici.com ladoB), empecé a ver una nueva serie que me habían recomendado mucho “The Killing” y ahora escribo.

Ayer fui al sanatorio a ver a mi abuela que estaba recién internada para hacerle unos estudios. Estaban mi mamá y mi tía Juana. Mi abuela estaba impecable, como siempre. Sintiéndose mal, delgadísima y todo, estaba vestida de punta en blanco con sus zapatos con taquito, su anillo y su tapado de piel. La otra vez en la calle vi como una chica ayudaba a (asumo yo) su padre a subir a un taxi, el viejo intentaba subir con su bastón, estaba de pantuflas y jogging, quizás iban al sanatorio. Somos todos tan distintos ante el malestar y la enfermedad… Acompañé a mi abuela con el camillero por el ascensor interno y en la habitación la ayudamos a cambiarse y meterse en cama. Estaba asustada y lloraba, nosotras le decíamos que la internación es para hacer estudios y entender qué tiene y que pueda estar mejor. Estuvimos ahí las mujeres, charlando, mostrándonos fotos en el celular, intentando que mi abuela tome un líquido con gusto a sugus para uno de los estudios. Al rato me fui al teatro.

Caminé desde el sanatorio al teatro extrañada, extrañada de ver a mi abuela llorar como una chiquita, de ver su cuerpo desnudo, extrañada de estar en ese lugar entre la vida y la muerte. Cómo nos asusta la muerte, es un misterio enorme. En el capítulo de la serie que vi recién, unos padres tenían que decirle a sus hijos chiquitos que había muerto su hermana mayor, le dijeron que se había ido al cielo, uno de los dos hijos preguntó cuando volvía del cielo y el otro le contestó que del cielo no se vuelve.

Es inevitable, en este momento estamos todos pensando en la muerte. Mi abuela piensa en que no quiere morir sintiéndose mal, mi mamá piensa que ojalá mi abuela esté en paz cuando muera, yo pienso en que debe ser muy difícil para mi mamá ver a la suya así.

Este es un momento repleto de finales para mi. Todos al mismo tiempo. Estoy despidiéndome de muchas cosas. Supongo que entrar en los 30 se trata de eso. A los veinte sos de los más chicos en todos los grupos, haces mil cosas, te morfás el mundo, tenés muchísima energía. En cambio ahora estoy cansada y me enfermo de cansancio y finales, para poder estar acostada y tranquila y dormir y no hacer nada. Ahora mis padres son más pares que antes, ahora prefiero hacer menos cosas que me gusten mucho, ahora me tomo como una hora y pico para desayunar y escuchar las noticias en la radio y quedarme un poco sentada en el sillón antes de arrancar con el día.

Entre todos los finales está el de mi casa. Aunque falte llevar a cabo la mudanza y eso puede ser cuestión de largos meses, los cambios empiezan con una decisión. Me voy a mudar de mi departamento de los veinte a mi casa de los treinta. Quiero que mi casa de los treinta tenga luz, silencio, terraza/jadrín/patio/pedazodecielo, y chimenea. Si no tiene chimenea se la hago, es una de mis condiciones de la adultez, tener un sillón frente a la chimenea para dormir la siesta, leer y mirar el fuego hipnotizada.

 

En este momento estoy un poco triste y tengo mucho miedo porque no conozco para nada lo nuevo que se viene, entonces la entiendo a mi abuela, porque yo también lloro como una chiquita ante lo desconocido.

 

17 de julio

María Canale

mariacanale@caligari.com.ar

@Fuegoenpolvo

 

Llorar como una chiquita