“Diario de rodaje de Respirar”. Parte 3

María Canale Domingo 3 - Julio- 2016 Columna de María Canale

La última semana de rodaje fue rarísima. A nivel sueño, rutinas, alimentación. Filmábamos de noche en diferentes piletas de Montevideo y alrededores. Me las pasaba metida en el agua durante la noche, terminábamos de filmar tipo 5-6 am, volvía al apartamento, tomaba un te de manzanilla y dormía hasta las 2-3 de la tarde. Me despertaba, desayunoalmorzaba, escribía, una tarde subí al piso 11 del edificio a sacar fotos desde arriba; de la salida del túnel de la 8 de octubre, de la plaza de la bandera, de la Médica Uruguaya. Tocaba la guitarra, le ponía música a las cosas que escribía, y al rato ya me pasaban a buscar otra vez para salir a filmar. Los últimos días salía a la calle únicamente para aprovisionarme y para filmar, claro. Hacía tanto frío, había tanto viento, mi sensibilidad y nostalgia por el inminente final me indicaban que mejor estar sola y guardada. Filmar de noche siempre me desconcierta la existencia. Me confunde el cuerpo. No podría tener uno de esos trabajos que se hacen de noche y dormir de día como estilo de vida.

Entrada de mi diario del 30 de mayo: “La ventana del apartamento aúlla como si fuera un perro o un lobito. Son la una y pico. Recién despierto. Estamos en las jornadas nocturnas. Ayer fue difícil. Era difícil lo que tenía que hacer y yo estaba en un día-noche difícil.

Triste, de domingo, complicada mental y emocionalmente.” El 3 de junio filmamos en la pileta del campus de Maldonado. Una pileta enorme, de 50 metros. Llegamos y había mucha gente nadando, entrenando. Se escuchaba ese ruido con eco abundante de las piletas, del agua golpeada por las brazadas y las patadas, de las palabras de los entrenadores. Cenamos en un lugar del predio y cuando regresamos, la pileta ya estaba vacía y a oscuras. Ese día filmábamos una de las escenas más difíciles para mi. Difícil físicamente. Hice un entrenamiento de apnea dos veces por semana durante unos meses antes del rodaje para esta escena. Mientras todos se preparaban, entré en calor y nadé un rato en esa pileta enorme vacía y a oscuras. Qué hermosamente extrañas son las piletas de noche. Conocí muchas en este rodaje, mi sensación era que en esas noches las piletas eran sólo para mi. 

Después de precalentar y hacer unos largos de apnea tuve que salir por un rato del agua porque iban a poner el farol, un farol sólo, enorme, muy alto, que daba una luz cenital mágica y eterna. Cuando estuvieron todos listos me volví a meter al agua y empezamos a filmar. En la primera toma de la escena casi me trago toda el agua de quedarme sin aire, el corazón me empezó a latir fuerte y me asusté. Todo lo que había pre calentado se había evaporado con mi salida de la pileta. Ahí les dije a todos que estaba nerviosa, que necesitaba volver a pre calentar, que me den un rato. En algún momento aprendí a pedir como actriz, antes no quería ser cargosa, no quería que me odien, que piensen qué pesada esta piba... y en algún momento, en algún rodaje en el que necesité hacerlo, aprendí que es importante comunicar ciertas cosas. Así que le confesé al equipo que estaba nerviosa y con miedo, que me tengan paciencia por favor. Finalmente me calmé, no dejé de respirar mientras estaba con la cabeza fuera del agua, y creo que quedó muy especial lo que filmamos abajo del agua. 

Esa noche-mañana dormimos en Piriápolis. No sé si fue el brrum brrum del mar que estaba muy cerca o que había estado muchas horas metida en el agua de noche, pero dormí hondo hasta que vinieron a avisarme que estaba listo el almuerzo. El hotel de Piriápolis tenía chimeneas encendidas en el comedor y en el living y la comida era muy riquísima. Ese sábado llovía finito y constante, hacía fío y había mucho viento. Filmamos un rato corto y después nos fuimos a pasear con las chicas, muy emponchadas, por la bella Piriápolis. Al día siguiente, teníamos la última jornada en la que me iba a tener que meter al mar, con ese frío. Dormí rarísimo de los nervios que me daba el frío que imaginaba iba a tener. Pero a la mañana salió el sol, no había viento, teníamos una motorhome espectacular, la gente del hotel hizo coquitos (mi snack dulce favorito), y el traje de agua (y hacerse mucho pis encima) sorprendentemente funcionan para abrigar del agua helada de mar en junio. 

Así terminamos de filmar la película: en el mar, al sol, metiéndome al agua, y coronando con una lasagna, la más rica que comí en los últimos tiempos. 

Siento que las cosas que me pasan están hechas para mí. 
Me gustan las cosas que me están pasando.

3 julio

María Canale

mariacanale@caligari.com.ar

@Fuegoenpolvo

“Diario de rodaje de Respirar” Parte 3