“Alex, sin artículo”. XXY (2007) de Lucía Puenzo

Rocio Molina Biasone Miercoles 22 - Febrero - 2017 La Pantalla de-generada

 

degenerado, da
Del part. de degenerar.
• adj. Dicho de una persona: De condición mental y moral anormal o depravada, acompañada por lo común de peculiares estigmas físicos.
• adj. Que tiene una conducta sexual que se considera fuera de lo normal o de lo moralmente aceptado.

Una persona que está de-generada, desprovista de género, fuera del género, es una persona depravada. Una persona que no sigue las reglas que le dicta su “o”, que le dicta su “a”, es una persona anormal, alguien que no pertenece a la sociedad, que debe ser aleccionadx, re-generado.
Quiero un cine que nos festeje a los de-generados, que incorpore historias donde la distinción entre chica o chico se cuestione, se ponga en jaque, se erosione para dar pie a una narrativa más rica, personajes más complejos, relatos con sorpresas.
Quiero ver en la pantalla a hombres que lloran y mujeres que gozan. Quiero ver en la pantalla a gays y lesbianas que no estén para ser los blancos de la risa reaccionaria de un público cuadrado. Quiero ver a hombres y mujeres trans como protagonistas. Quiero ver sexo entre gente de todo tipo, pero también quiero ver amor entre toda esa gente. Quiero verlos lidiar con la injusticia. Quiero verlxs atravesar obstáculos personales. Quiero verlxs salir de noche. Quiero verlxs reunidos en familia. Quiero verlxs luchar contra el monstruo que se esconde en la oscuridad. Quiero verlxs resolver un crimen. Quiero verlxs en animación. Quiero verlxs vestidxs de época. Quiero verlxs como científicxs.
Quiero, y voy, a poner “x” cada vez que nuestra lengua castellana no sea capaz de entender la complejidad o la neutralidad de un personaje, o de un grupo de personajes, porque no todos quieren ser varón o mujer, y no es capricho, es que con ese “él” o ese “la” viene una lista infinita de reglas, presunciones, y comportamientos esperados, no por unx mismx, sino por el resto del mundo.

Quiero verlxs, en la pantalla, en el cine.

Rocio Molina Biasone

 

Títulos. Nos encontramos sumergidos en el fondo del mar. El agua nos rodea y los sonidos del afuera no llegan a nosotros. Estas primeras imágenes, esta primera atmósfera, nos hace pensar en cierta seguridad, una protección de allá arriba, de la tierra. Está oscuro, pero se siente como si estuviésemos en aquel primer hogar de todo ser humano: el vientre materno. No creo que sea casual que empecemos por aquí, y tampoco creo que sea coincidencia que el refugio de Alex, cuando busca aislamiento, sea el mar, o una bañera.
“¿Es nene o nena?” le preguntaban a su madre mientras Alex aún no estaba cerca de completar su evolución anatómica in utero. Pero Alex no podía escucharlos. Alex no podía enterarse de la inquisición que le esperaba al salir. Allí, flotando en agua, fue el único momento en que Alex estuvo a salvo del resto de los humanos.

Para nosotros, aún hoy, una persona intersexual como Alex es colocada en las sombras, se constituye en lo oculto y lo tabú. Haciéndole frente a esto, la película se abre para no dejar una sola duda de que lo que aquí se hablará, y de que el mundo de estos personajes gira casi exclusivamente en torno al sexo y al género. La primera palabra que escuchamos viene del padre de Alex que abre un pez, y declara: “hembra”. En el cuarto de nuestrx protagonista distinguimos una fijación con la anatomía humana al desnudo: dibujos, muñecas y muñecos desvestidos. Vemos al personaje del cirujano mostrar la tapa del libro que lee: “El origen del sexo”. Y cerrando la secuencia del encuentro de estas dos familias, el disparador de la trama, tenemos a la madre de Alex saludando a Álvaro con un comentario más que común, pero que aquí adquiere un nuevo significado:

Madre de Alex: — ¡Estás hecho todo un hombre!

La intersexualidad de Alex es algo que determinó no solo la elección de su nombre, sino cómo se presenta ante el mundo. De hecho la primera vez que Álvaro le dice que la encuentra “rara”, él ni siquiera está al tanto de su genitalidad, o por qué su familia lo llevó allí, a Uruguay, con la familia de Alex. Lo “raro” de Alex es su personalidad: es alguien que se anda sin tabúes, que no modera su discurso en base a lo correcto o a lo tradicional; abre conversaciones con preguntas o afirmaciones inauditas (“¿Te hiciste la paja?”), o dice verdades incómodas, provocando al interlocutor a que haga lo mismo:

Alex: — ¿Te caen bien tus papás?
Álvaro: — Son mis papás.
Alex: — ¿Y qué tiene?

La presentación de Alex ante el público, y durante el primer encuentro visual con Álvaro, está cargada de simbolismo: no solo se encuentra espiando a través de la madera, oculta de las miradas de sus invitados, observándolos sin ser notada; sino que además se encuentra debajo de ellos, como si fuera una criatura de las profundidades, que se encuentra por debajo de la humanidad, un monstruo frente a la sociedad. Los personajes de ambos jóvenes contrastan, Alex por su particularidad, su desfachatez, y la ausencia de miedo ante la crudeza o la muerte; Álvaro por su perfil bajo, la sumisión constante ante su padre, y, como él bien describe de forma concisa, porque “no le gusta probar cosas nuevas”.

El núcleo de esta historia, de esta película, es la obsesión que todos parecemos tener con el género, con la definición hacia un lado o hacia otro. El “inter” es peligroso, más peligroso que lo “trans”, porque no solo presenta una disconformidad con las reglas que asocian un determinado género a unos determinados genitales, sino que rechaza cualquier tipo de asociación, cualquier tipo de categorización y de nombre. Nos deja perdidos, a la deriva, sin poder nombrar. Y como bien sabemos, lo que no podemos nombrar o no existe, o lo desconocemos. Y a lo que no logramos conocer, no podemos permitirle que exista.

Alex nace intersexual. El padre se muestra firme en su decisión de dejar ambos órganos, de no acudir a cirugía. Pero la sociedad es ineludible, y sea pene, o vagina, o ambos, no existe la opción de no hacer de Alex un “él” o una “ella”. Se elige la última y se espera la conformidad de la — ahora — niña.
Sin embargo, Alex deja de tomar sus hormonas feminizantes. Eso activa el caos, la confusión. El cirujano plástico, padre de Álvaro, llega interpretando una figura de “salvador”, y le pregunta a la madre de Alex, consternado con la nueva decisión de ésta: “¿Vos sabés lo que le va a pasar?”. La pregunta llega como presagio fatalista, como si se estuviera hablando de una enfermedad, de la mismísima muerte. Porque para ellos — y sobre todo para alguien que dedica su vida a “perfeccionar” las formas, a “arreglar” los cuerpos — la idea de un cuerpo cuya forma esquiva toda norma, es una idea fatal. El ser indefinido, el poseer una anatomía ni femenina ni masculina, es un destino peor que la muerte.
XXY exhibe cómo el problema no es la intersexualidad, sino cómo todos vemos la intersexualidad. No es confuso cómo vive una persona intersexual, ni como tiene sexo una persona intersexual, porque como todo sexo entre iguales, es natural y hermoso, hasta que llega la mirada extraña, mirada que no tiene por qué ser malvada o malintencionada, simplemente predispuesta a la incomprensión, a no entender cómo alguien a quien trataron siempre de mujer puede estar penetrando a un hombre.

“Varón”, “mujer”; “niño”, “niña”; “padre”, madre”; “hijo”, “hija”. Cada uno de estos términos tiene una carga ideológica, un significado inscripto en el nivel de lo social, y el lugar que le damos al género, su presencia, trasciende las personas mismas, su nivel de apertura a lo nuevo e incluso su posición en el espectro mismo del género.
El personaje del padre de Alex es el que más abierto se muestra a las decisiones de su hijx durante todos los cambios, y sin embargo, él también mira sin lograr comprender a Alex cuando finalmente dice lo que piensa.


Alex: — No me vas a poder cuidar siempre.
Padre: — Hasta que puedas elegir.
Alex: — ¿Qué?
Padre: — Lo que quieras.
(Silencio)
Alex: — ¿Y si no hay nada que elegir?

 

Alex se vuelve doblemente susceptible al daño de los otros: en cuanto le ven como mujer, un cuerpo que al ser expuesto le pertenece a quien quiera ultrajarlo; y en cuanto le ven como un fenómeno, un monstruo, un show. La fascinación de la gente por “ver qué tiene abajo”, la crueldad que deriva de esta obsesión humana y social por la no correspondencia entre genitales y género, desencadena una escena de violencia de un grupo de varones hacia Alex.
Esta es una película que se pregunta: ¿qué es lo que hará que nos volvamos locos ante el hecho de que alguien a quien tratás con artículo femenino tenga un pene? ¿Qué será lo que nos parece tan terrorífico de la indeterminación entre un género u otro? ¿Por qué nos altera tanto el que a alguien no le interese, ni necesite, definirse en cuanto hombre o mujer?

¿Por qué necesitaremos saber desesperadamente, a fuerza de violencia, burlas y exclusión, “qué tiene ahí abajo”?

Rocio Molina Biasone

rociomolinabiasone@caligari.com.ar

La Pantalla de-generada 1era entrega